Jasch se descubre en Trento
El alemán, expatinador, completa 148 kilómetros en fuga para festejar la victoria en la cuarta jornada del Tour de los Alpes que gobierna Pellizzari
El Concilio de Trento reformuló los dogmas de la Iglesia Católica, articulada de otra manera, para combatir la Reforma Protestante. Trento, su identidad, no puede escapar de ese nudo religioso que le fija en la historia, aunque aquel periodo asambleario sucedió en el siglo XVI.
Trento invoca a ese ajuste en el imaginario colectivo. Para Lennart Jasch, Trento siempre será el lugar al que volver para recordar la alegría de la primera vez y rememorar el rito del feliz viaje iniciático entre montañas grandes: Bordala, Vigolo Vattaro, Redebus, Brusago, Sant’Agnese y Povo. Los colosos no le asustaron. Se aventuró Jasch hacia lo desconocido. La fe mueve montañas. Las superó todas el alemán, que levitó.
El alemán, alistado al Tudor, desde el filial para proteger a Storer, celebró desde la incredulidad y la emoción sin compuertas una victoria para el recuerdo después de recorrer los paisajes en fuga.
Totalizó 148 kilómetros con el petate de la ilusión sobre los hombros. Él representaba el último aliento de la fuga, la esperanza. Siempre hay un Quijote.
148 kilómetros en fuga
Jasch era el hombre que resistió. Accedió a la gloria el alemán, un recién llegado al ciclismo a pesar de los 25 años, desde el anonimato. Fue el suyo un acto de fe, una peregrinación.
“He seguido creyendo que podía hacerlo. Es de locos. Venía de gregario ara Storer”, dijo con los ojos achinados, alegres, y la sonrisa abierta Jasch.
El germano, primero patinador, se encaramó en la bici a través de las aplicaciones de rodillo. Con esa estética, hierático sobre la bici, poderoso el pedaleo, escribió una hermosa historia para abrir el palmarés profesional.
Se bañó en el pila bautismal de Trento, donde los mejores llegaron en grupo tras molestarse lo justo en Povo, la subida que precedía a la bajada a la ciudad.
Tom Pidcock y Giulio Pellizzari, el líder, amagaron. El italiano sigue en lo más alto a la espera del cierre de este viernes.
Para entonces, Jasch, fuerte, convencido y consistente, no renunciaba a su rebeldía a pesar de Sobrero y Iacomoni que intentaron robarle el sueño. Se les esfumó el alemán, sobre raíles en el callejero de Trento. Un bello relato.
Antes de ser ciclista, Jasch fue patinador de velocidad sobre el hielo. En el Tour de los Alpes, donde las montañas conservan nieve y hielo, se deslizó con energía y fiereza hacia su primera victoria, que siempre es la mejor.
La celebró con el puño cerrado, con la emoción a borbotones y el corazón danzante. Se sentó después para tomar aire y asumir su enorme logro. Jasch se descubre en Trento.