Abril Lorente e Iraide Bascones forman parte de una nueva generación de árbitras que, paso a paso, va consolidando su presencia en el baloncesto alavés. En una profesión dominada históricamente por hombres, ambas han encontrado su lugar con naturalidad, esfuerzo y una clara pasión por el juego, demostrando que el arbitraje es, ante todo, una cuestión de trabajo y vocación.
Sus comienzos, sin embargo, no responden a una llamada temprana. Ninguna de las dos creció soñando con llevar un silbato. “Yo era jugadora y bastante crítica”, recuerda entre risas Abril Lorente. “Un día mi padre me dijo que probara a arbitrar, que así dejaría de quejarme y la verdad es que me gustó muchísimo desde el principio”.
Una historia que se repite, con matices, en el caso de Iraide Bascones: “También era bastante protestona. Después de varios años jugando, decidí meterme en este mundo para ver el baloncesto desde la otra cara de la moneda. Y ahora me apasiona”, reconoce sin tapujos.
Otra mirada
Ese cambio de perspectiva es uno de los aspectos que más destacan. Pasar de jugadoras a árbitras les ha permitido comprender el deporte desde un ángulo completamente distinto, mucho más complejo de lo que parece desde la grada o el banquillo. “Cuando empiezas, te das cuenta de todo lo que implica arbitrar. No es solo pitar faltas”, coinciden.
Porque si algo tienen claro es que arbitrar exige mucho más que conocer el reglamento. “Lo primero es el conocimiento de las reglas, es la base. Pero también necesitas liderazgo, control emocional y mucha concentración”, explica Bascones. A ese listado, Lorente añade un elemento imprescindible: “La pasión. Si no te gusta de verdad, es imposible aguantar. Hay que disfrutarlo”.
“Si no tienes seguridad, es muy complicado gestionar todo lo que pasa alrededor”
En ese proceso de aprendizaje, el error juega un papel fundamental. Ambas insisten en normalizarlo y aprender a convivir con él. “El arbitraje no es perfecto, igual que el baloncesto tampoco lo es. Un jugador puede fallar un tiro libre y tú puedes equivocarte en una decisión. Lo importante es saber gestionarlo y no hundirte por ello”, analiza Lorente Una idea que refleja bien la exigencia mental de una labor en la que cada acción se juzga al instante.
Pese a los prejuicios que tradicionalmente han rodeado al arbitraje femenino, ni Bascones ni Lorente consideran que su género haya supuesto una barrera real en su trayectoria hasta la fecha.
“Es un camino complicado, pero lo es para todo el mundo”, afirma Lorente, quien aclara que “no creo que haya sido más complicado por ser mujer”. Bascones comparte esa visión: “Esto va de trabajo e ilusión. Si haces lo mismo que cualquiera, puedes llegar al mismo sitio”.
Donde sí perciben diferencias es dentro del propio juego. “Arbitrando sí se notan diferencias, pero más por cómo es el juego que por el hecho de ser mujer”, precisa Lorente.
“Los chicos protestan más, pero también reaccionan antes cuando les marcas límites”
Iraide añade un matiz que rompe ciertos tópicos: “En mi caso, noto más respeto por parte de los hombres que de las mujeres”.
La preparación mental
En cualquier caso, ambas coinciden en que cada partido es un mundo y que la clave está en saber leer cada situación. Esa capacidad de adaptación es especialmente importante en un contexto de presión constante.
Jugadores, entrenadores y público forman parte de un entorno en el que el árbitro debe tomar decisiones en cuestión de segundos. “Hay que mantener la calma y confiar en tu criterio. Si no tienes seguridad, es muy difícil gestionar todo lo que pasa alrededor”, subraya Iraide.
“Si no te gusta de verdad, es imposible aguantar; esto hay que disfrutarlo y vivirlo con pasión”
Abril destaca la importancia de la preparación mental: “Intento anticiparme a las jugadas, pensar qué puede pasar en cada situación para estar más concentrada”.
El público, reconocen, es una parte inherente del deporte. “Mientras haya respeto, es normal que presionen. Cada uno defiende a su equipo”, analiza Bascones. La clave, en su opinión, está en saber aislarse de ese ruido y centrarse en el juego.
En medio de esa exigencia, hay un aspecto que ambas valoran especialmente: el crecimiento de la presencia femenina en el arbitraje. “Cuando yo empecé éramos muy pocas, solo Andrea y yo al principio, luego llegaron Uxue e Iraide poco a poco. Ahora cada vez hay más chicas y eso es muy positivo”, recuerda Lorente.
Bascones lo vive también desde lo personal: “Cuando era pequeña solo veía árbitros hombres, incluso en la televisión. Ahora ya no te sientes un bicho raro, sabes que hay más gente como tú”.
Muchas vivencias
Ese aumento no solo tiene un impacto en la visibilidad, sino también en el día a día. Contar con más compañeras supone tener apoyo, compartir experiencias y encontrar referentes cercanos como Esperanza Mendoza, para Lorente a nivel provincial. “Poder hablar con otras chicas sobre situaciones que te pasan ayuda mucho”, remarcan.
"Ahora ya no te sientes un bicho raro, sabes que hay más gente como tú”
A pesar de su corta trayectoria, ambas acumulan ya vivencias que reflejan la intensidad del arbitraje. Abril recuerda especialmente un partido marcado por un incidente violento entre jugadores, una situación que le dejó impactada y que evidencia la dificultad de gestionar momentos límite en pista. También guarda con especial cariño aquellos encuentros en los que ha podido compartir la experiencia con su familia en la grada. “Verlos allí, apoyándome, fue muy emocionante”, reconoce.
“Les digo a las más jóvenes que se animen a entrar en el arbitraje; por probar no pierdes nada”
Iraide se queda con pequeños detalles que dejan huella. Uno de ellos, un comentario recibido tras un partido de Chema Terreros, exárbitro de la ACB: “Me dijo que lo mejor había sido verme sonreír arbitrando. Eso se te queda”. Una frase que resume una de las contradicciones del arbitraje: mantener la autoridad sin perder la esencia de disfrutar del juego.
“Que dejen los estereotipos atrás. El arbitraje no va de género, sino de trabajo”
Mirando al futuro, ambas tienen claro el mensaje que quieren trasladar a las jóvenes que puedan estar planteándose dar el paso. “Que se animen, que prueben. Por probar no pierdes nada, y puedes descubrir algo que te encanta”, revela Abril.
Bascones insiste en la misma idea, poniendo el foco en romper barreras mentales: “Que dejen los estereotipos atrás. El arbitraje no va de género, va de trabajo. Si te gusta el baloncesto, tienes sitio”.
En un deporte en constante evolución, historias como las de Iraide Bascones León y Abril Lorente Calvo reflejan un cambio que ya está en marcha. Más allá del silbato, su presencia en la pista es también una forma de seguir ampliando los límites de quién puede estar dentro del juego.