El exatleta vitoriano Iván Fernández Anaya dio la vuelta al mundo un 2 de diciembre del 2012 al demostrar que en el deporte a veces ganar es lo de menos. Dio toda una lección de compañerismo, juego limpio y buenos valores cuando, en el Cross Internacional de Burlada, evitó adelantar en los últimos metros al keniano Abel Mutai, quien pensaba que la carrera ya había terminado.

Eso es lo que decidió hacer Fernández, rechazar la victoria a cambio de ganar algo más importante: el aplauso y respeto de todo el mundo del deporte. Tras casi 14 años desde aquellas imágenes, y dos años después de haberse retirado, el exatleta sigue recibiendo elogios por su decisión. Una elección que nunca cambiaría.

Tras meditar mucho su retiro, finalmente lo anunció a finales del año 2024. Una decisión de la que asegura no arrepentirse ya que “todo tiene su principio y su final”.

“Sinceramente no echo en falta para nada esos entrenamientos. Ni todo lo que lleva el tema de la élite, como por ejemplo estar cientos de semanas fuera de casa. Lo que sí echo en falta es el poder salir a correr como actividad de ocio”, relata Fernández.

No obstante, el exatleta no ha borrado el atletismo de su vida, y actualmente se dedica a entrenar en el Club Atletismo El Prado, un equipo escolar fundado por él un 16 de septiembre de 2019. “Al fin y al cabo no he dejado mi casa”, comenta el vitoriano refiriéndose a la pista. “Sigo en mi zona de confort, donde me he criado desde pequeño, pero ahora desde otro punto de vista”.

Iván Fernández, exatleta y entrenador del Club El Prado de atletismo. Pilar Barco

Un club muy familiar

El equipo de atletismo está creciendo exponencialmente en los últimos años. De los 300 niños y niñas a comienzos del 2025 ya ha pasado a unos 500 aproximadamente a día de hoy, un incremento que, tal y como afirma Fernández, demuestra que los jóvenes se están interesando en el atletismo.

De todas formas, el que en su día fue campeón de España de cross señala que el Club El Prado tiene una visión distinta a lo que puede ser un equipo deportivo al uso. El hecho de competir no es ni mucho menos una prioridad para ellos. Lo fundamental es crear un espacio para que los niños y niñas entrenen y se lo pasen bien.

“Lo que buscábamos era crear algo más social. Enseñarles el atletismo a los jóvenes, pero que ellos y ellas sigan su propio proceso de maduración, sin que estén forzados a competir. Nosotros aconsejamos a los padres que no compitan tan jóvenes y que vengan a disfrutar. Para competir tienes toda la vida y hasta llegar a ello hay que ir quemando etapas”, recalca el exatleta.

Pese a ello, asegura que cada niño y cada niña son diferentes y que los hay atrevidos que realmente quieren competir desde temprano: “Si desean competir no le vas a cortar las alas, pero los que están con la duda o se sienten presionados hay que protegerlos”.

Campeonato de Euskadi en Arrasate, en el que el Club El Prado fue campeón tanto en chicas como en chicos. De forma individual también ganaron Markel y Ainhize. Cedida

Transmitiendo valores

El Club El Prado es un espacio lúdico en el que los jóvenes atletas, además de entrenar, entablan relaciones sociales. Precisamente a eso aspiraba Fernández en el momento de la fundación. 

“Nunca me gustó mucho el tema ese de la competición o de los rivales. Siempre lo he visto diferente y eso es lo que quiero formar aquí. Quiero crear un grupo de personas para que se ayuden entre ellos, que pasen un buen rato por medio del atletismo, y que luego, esos mismos niños formen un tipo de cuadrilla entre ellos, o que los padres queden para ir al monte. En definitiva, que se cree un vínculo de familia dentro del club”, enfatiza Fernández.

Iván Fernández, justo a los jóvenes y las jóvenes atletas del Club El Prado. Pilar Barco

Otro pilar fundamental en el que se sostiene la filosofía del Club El Prado son los valores en el deporte. Fernández, junto al resto de entrenadores de todos estos años (Asier, Adrián, Jokin Ochoa de Eribe, Jokin Nanclares, Uxue, Amaiur, Niobe, Iker, Markel, Pablo, Josu, Ane, Oscar), trata de transmitir esos principios a las nuevas generaciones. 

Para los jóvenes, él es un referente del que aprender mucho, pero al revés, el experimentado corredor también está aprendiendo cosas nuevas desde fuera de la pista. “Yo cuando competía no me fijaba en el entrenador. Estaba nervioso yo y no pensaba en que mi entrenador también podía estarlo. Pensaba que todo giraba alrededor de mí. Ahora sé que no. Cuando compiten mis chavales me quitan el sueño, porque es gente que ha trabajado mucho y quiero que les salgan bien las cosas”, concluye.