Bahréin ha abierto una vez más la nueva temporada de Fórmula 1 con los clásicos tests de pretemporada. Unas pruebas que, si bien no son definitorias, suelen dar muchas pistas sobre lo que se avecina en el año nuevo, más si cabe teniendo en cuenta que ha entrado en vigor el nuevo reglamento.

La revolución en las unidades de potencia —con mayor protagonismo eléctrico— y los ajustes aerodinámicos han cambiado la fisonomía de los monoplazas y, sobre todo, la forma de pilotarlos. Es por ello que los equipos han llegado a Sakhir con programas muy distintos pero con la misma necesidad, que no es otra que entender qué es lo que tienen entre manos.

Atendiendo a la tabla de tiempos, el nombre propio de la semana ha sido Charles Leclerc. El piloto monegasco colocó a Ferrari en lo más alto en la segunda jornada con 1:34.273, tiempo que, sin ser definitivo, sí manda un mensaje: el SF26 —todavía en fase embrionaria— se muestra consistente en tandas cortas y, lo más importante, es fiable. En Maranello son conscientes de que esto solo es un pequeño paso, pero después de los altibajos en las últimas temporadas, es sin duda un punto positivo.

No muy lejos apareció Lando Norris, que confirmó las buenas sensaciones de McLaren. El británico fue uno de los que más vueltas completó durante la semana, alternando simulaciones de clasificación con tandas largas que dejaron entrever un ritmo sólido. Woking ha trabajado en silencio, pero el MCL40 parece haber nacido equilibrado. En un año de cambios profundos, la estabilidad puede ser oro.

Otro de los protagonistas es el de siempre, Max Verstappen. El neerlandés, poco amigo de la diplomacia cuando algo no le convence, reconoció que el coche “no es especialmente divertido de pilotar”. Más allá de la frase, lo relevante es el trasfondo: la gestión energética condiciona la conducción y obliga a ir más lento en momentos impensables hace apenas dos años. Red Bull no parece lejos en términos de rendimiento puro, pero las sensaciones no son las de otras pretemporadas en las que dominaban a sus competidores con puño de hierro.

Max Verstappen saluda a los aficionados durante un gran premio. Europa Press

También dejó apuntes interesantes Mercedes, con George Russell acumulando kilometraje sin grandes sobresaltos. En Brackley han apostado por un concepto más conservador tras varios cursos de experimentos fallidos, llegando incluso a liderar los tiempos de la mañana del tercer día de estas pruebas.

Entre las sorpresas agradables apareció Haas, con Ollie Bearman colándose en posiciones destacadas en una de las jornadas.

DESASTRE EN ASTON MARTIN

A pesar de que el AMR26 impresionó por su diseño hace apenas unas semanas, la realidad ha sido muy tozuda y ha puesto a los británicos en su sitio. Ni con Adrian Newey. El tercer mundial de Fernando Alonso a estas alturas es más una utopía que otra cosa. Lo que pretendía ser una muestra a las principales escuderías del campeonato de que Aston Martin tiene algo que decir este año, ha terminado siendo un fracaso, con miembros del propio garaje criticando al equipo.

Desde el mismo primer día de test, el coche no mostró ni la fiabilidad ni el rendimiento que este proyecto necesitaba. Lance Stroll apenas pudo completar 36 vueltas por la mañana debido a una anomalía en la unidad de potencia Honda, que limitó por completo el programa de pruebas de la jornada. Aunque algunos equipos aprovechan estos entrenamientos para repartir trabajo entre dos pilotos, Aston Martin solo pudo rodar con Stroll y sufrió para sacar provecho real de los kilómetros acumulados.

El segundo día tampoco fue mucho mejor. El canadiense realizó un esfuerzo enorme para recuperar tiempo de pista y terminó acumulando cerca de 98 vueltas con el coche, pero eso no ocultó la cruda realidad: el AMR26 volvió a estar casi cuatro segundos por detrás de los mejores tiempos del día, con cronos que reflejaban una competitividad muy por debajo del nivel medio de la parrilla.

La respuesta del propio equipo ha sido sincera, casi brutal. Stroll reconoció sin rodeos que están “cuatro segundos o cuatro y medio” por detrás de los equipos de cabeza y que tienen “mucho trabajo por delante”. Esas palabras fueron la antesala para la demoladora frase de después: “Lo mejor del coche es la decoración”. Las alarmas están encendidas.

Peor aún, Fernando Alonso llegó a admitir que en cada salida a pista el equipo se ha topado con algún tipo de fallo técnico, y que muchos de esos problemas provienen del motor más que del chasis. La falta de pruebas previas —como la ausencia en los test de Barcelona— y la complejidad de una nueva caja de cambios fabricada internamente están complicando la vida de un equipo que esperaba dar un salto cualitativo este año. Así lo comentaba el piloto ovetense: “Definitivamente, no estamos en la posición que queríamos. Empezamos con el pie izquierdo, ya que perdernos Barcelona fue un gran problema, porque no solo nos perdimos el test, sino también los días de rodaje previos. Algunos pilotos rodaron el coche el 9 de enero, así que llevan un mes analizando datos y resolviendo problemas”.

EP Photo

No obstante, el bicampeó señaló: “En cuanto al chasis, no hay duda al respecto. Después de más de 30 años con Newey dominando el deporte, no es que se le vaya a olvidar todo en un año. No sé dónde estamos ahora en cuanto a chasis y nivel de agarre, pero aunque no estemos al 100% ahora, lo estaremos pronto”, sentenció.

El tercer día no cambió la película. Aston Martin terminó muy abajo en la clasificación, con Stroll casi cinco segundos más lento que el piloto más rápido y con una cantidad de vueltas que no compensó la ausencia de rendimiento.