Si bien existe la creencia popular de que Florentino Pérez rara vez pierde una batalla, esta, sin duda, es una de ellas. Hoy, la UEFA, European Football Clubs (EFC) y Real Madrid, han emitido un comunicado en el que anuncian un acuerdo "por el bien del fútbol europeo de clubes", que pone fin a la Superliga, el proyecto que pretendía revolucionar el fútbol.
El 18 de abril de 2021 el fútbol cambiaba para siempre, o al menos esa era la intención de algunos. Doce clubes de la máxima élite —entre los que figuraban el citado club blanco, FC Barcelona y Atlético de Madrid— anunciaban la creación de una nueva competición europea en formato de liga. Días más tarde, sería el propio Florentino Pérez, quien acudiría al programa deportivo 'El Chiringuito' para profundizar en la idea. Allí explicó que la mayoría de clubes de fútbol estaban "arruinados", insistiendo así en la implantación de este nuevo modelo de competición, que traería cifras millonarias para todos ellos.
Se trataba de un formato cerrado en el que los clubes participantes tendrían garantizada la continuidad año a año, algo que chocaba con los principios básicos de meritocracia deportiva que rigen los deportes. Las reacciones no tardaron en llegar y numerosos aficionados —los ingleses mayoritariamente— salieron a las calles para protestar por lo que ellos creían como un destrozo al fútbol.
Equipos ingleses como Manchester City, Manchester United, Chelsea, Arsenal, Liverpool y Tottenham abandonaron la iniciativa en cuestión de días, seguidos poco después por otros clubes fundadores. La presión mediática y social, sumada a la firme oposición de la UEFA, la FIFA, ligas nacionales y asociaciones de aficionados, provocó el colapso práctico del proyecto en apenas 48 horas tras su lanzamiento.
A pesar de ello, Real Madrid y FC Barcelona mantuvieron su apoyo a la iniciativa y la sociedad promotora A22 inició acciones legales contra la UEFA por abuso de su posición dominante en el mercado del fútbol europeo.
Durante los años siguientes, el conflicto evolucionó por la vía judicial y de negociaciones institucionales. En 2025, una sentencia judicial confirmó que la UEFA infringió normas de libre competencia, lo que abrió la puerta para que el club merengue reclamara daños y perjuicios multimillonarios. Aunque las conversaciones entre el Real Madrid y la UEFA continuaron, no se alcanzó un acuerdo inmediato y hubo un intento de reconfigurar el proyecto bajo un formato ampliado conocido como “Unify League”, que tampoco logró consolidarse.
Hace unos días, el FC Barcelona anunció oficialmente su salida del proyecto, dejando al Real Madrid como el último club implicado en esta iniciativa que ya carecía prácticamente de apoyo institucional y competitivo.
Tras años de disputas entre diferentes organismos, y con amenazas de indemnizaciones millonarias por todos los lados, se ha optado por la resolución más lógica. Poner fin a una idea que desde un principio estuvo abocada al fracaso; por mucho que se intentó vender lo contrario, y luchar entre todas las partes implicadas para un reparto económico entre los equipos participantes de los torneos europeos más ecuánime, siendo este uno de los motivos de Florentino para seguir con su pequeña gran lucha.
El dueño de ACS cierra así uno de sus múltiples frentes abiertos, mientras continúa enfrentado a instituciones clave del fútbol español, como LaLiga y su presidente, Javier Tebas.
Los efectos de la Superliga
Una vez finalizada esta etapa es momento de hacer un balance justo y sacar conclusiones sobre los cambios que ha podido traer esta competición fallida.
El más tangible ha sido la reforma del formato de la UEFA Champions League, que desde la temporada 2024-25 evolucionó de un esquema de 32 equipos con fase de grupos tradicionales a una fase de liga con 36 clubes garantizando 10 partidos cada uno antes de los cruces eliminatorios. La modificación trajo consigo un crecimiento económico, aunque la UEFA insistió en que no se trataba de una respuesta directa a la Superliga, sino un nuevo formato consensuado con los clubes.
En lo jurídico y regulatorio, esta batalla también ha dejado huella. Una sentencia judicial en el Estado español concluyó que UEFA y FIFA abusaron de su posición dominante al bloquear competiciones alternativas, obligándolas a replantear ciertas prácticas bajo la lógica de la competencia en el mercado europeo. Esto, aunque no se tradujo en la creación de la Superliga, sí ha sentado precedentes sobre cómo las instituciones deben justificar sus decisiones y ha abierto un espacio de diálogo legal más amplio sobre la organización de competiciones.
Además, el intento de ruptura aceleró cambios en la gobernanza del fútbol europeo. La UEFA reforzó el peso de la Asociación de Clubes Europeos (ECA) en la toma de decisiones y ajustó el sistema de reparto económico de la Champions, cuyo nuevo ciclo comercial 2024-2027 prevé ingresos récord superiores a los 4.000 millones de euros por temporada entre todas sus competiciones masculinas. También se introdujo el llamado “pilar de valor” en el reparto, que combina coeficiente histórico y mercado televisivo, en lo que se podría interpretar como un guiño a las diferentes demandas de los clubes durante todo este tiempo.
Más allá de aspectos técnicos, económicos o jurídicos, el fracaso de la Superliga deja consigo un mensaje de optimismo hacia un futuro incierto orientado al fútbol-negocio: este deporte sigue siendo de la afición. Uno de los aspectos claves para la caída del proyecto ha sido el recelo de la clase popular hacia un torneo elitista.
En un sector en el que el aficionado o aficionada parece importar más bien poco, con precios abusivos en 'merchandising', entradas o abonos para los estadios entre otras muchas cosas, son en estas decisiones cuando uno se da cuenta de que el fútbol sigue perteneciendo a la gente, y que sin ella, no sería nada.