Gimnasia

La liberación de Salma y Teresa

DNA vive las emotivas primeras horas de las jóvenes del Beti Aurrera en su vuelta al trabajo

15.06.2020 | 01:01
Teresa Gorospe y Salma Solaun entrenando en Zabalgana

VITORIA – Han sido posiblemente los tres peores meses de sus todavía cortas vidas, cerca de cien días en los que ese maldito patógeno que ha revolucionado el mundo les ha privado temporalmente de dar rienda suelta a su gran pasión. Sin embargo, Salma Solaun y Teresa Gorospe ya vislumbran la luz al final del túnel. Una sonrisa ilumina plenamente sus rostros y también el de su entrenadora Marga Armas tras recibir días atrás la ansiada luz verde por parte del Ayuntamiento para recuperar su idilio con un deporte sacrificado e ingrato como pocos.

Una cancha destinada a la práctica del baloncesto en el centro cívico de Zabalgana acoge desde el pasado lunes a dos de las diez mejores gimnastas de rítmica del planeta en categoría junior. Así lo pusieron de manifiesto las pujantes competidoras del Beti Aurrera en el Mundial junior celebrado en julio del año pasado en Rusia, donde Salma se colgó un histórico bronce en el ejercicio de cinta y Teresa también rayó a un nivel excelente acabando novena con la pelota.

Atrás ha quedado ya una pesadilla que parecía no tener fin para dos niñas vitorianas de apenas 15 años con margen por delante para dar continuidad a las grandes maneras que apuntan sobre el tapiz. Risueñas, con ánimos renovados y también una figura de lo más estilizada pese a que el confinamiento invitaba a cometer algún exceso con la comida, Salma y Teresa han desgranado para DIARIO DE NOTICIAS DE ÁLAVA los delicados momentos vividos por culpa de la emergencia sanitaria y los entresijos de una vuelta a la actividad que promete ser gradual y lenta ante la falta de objetivos a corto plazo.

De hecho, hasta las postrimerías de noviembre de este 2020 no está previsto el Europeo de gimnasia rítmica en Kiev (Ucrania), evento donde esperan conseguir una plaza. "Los últimos días del confinamiento ya estaba un poco cansada y quería ir a un pabellón para poder lanzar, pero la verdad es que el parón nos ha venido bien para trabajar nuestros puntos más débiles y esa parte corporal a la que normalmente no dedicamos tanto tiempo", desvela Salma. Teresa, cuyo punto débil son los pies y las rodillas, confiesa que "no nos podíamos imaginar que algo así sucedería, pero lo hemos afrontado de buena forma".

Tras meses sufriendo la enorme incomodidad de trabajar en casa en unas condiciones pésimas y en muy pocos metros cuadrados, la premisa marcada por su entrenadora –y casi madre– Marga para estas primeras jornadas de entrenamiento radica en "ir despacio, evitar saltos tal y como marca el protocolo, hacer partes cortas con música y trabajar mucho el tendón de Aquiles y la planta del pie para evitar lesiones". Mejor ir con pies de plomo ahora que no intentar correr demasiado a la hora de recuperar, por ejemplo, el tacto con el balón o la sutileza para recoger la cinta y la maza tras lanzar ambos aparatos al aire.

"Ha sido una liberación, estábamos ya un poco desesperadas porque no recibíamos respuestas para poder entrenar. Ya desde la fase 1, he estado intentando que nos abrieran algún pabellón y al final ha llegado en fase 3. Trabajar en Zabalgana es un lujo y nos hace estar con una sonrisa. Tanto el coordinador, como los cancheros y la gente de limpieza nos han acogido fenomenal", reconoce la directora técnica del Beti Aurrera.

Tras ejercitarse la semana pasada durante tres días en el CPT de Fadura en Getxo, ya han instalado su campamento base en el centro cívico del barrio gasteiztarra, donde se encierran de lunes a viernes por espacio de cinco horas a la mañana. Ya se sabe que pocos deportes necesitan una dedicación tan espartana y, a menudo, castrense como la gimnasia rítmica, una disciplina de lo más plástica que combina elementos de ballet y danza con el uso de diversos aparatos.

"El primer día acabamos muy cansadas, pero poco a poco estamos recuperando las sensaciones de antes. Esta cuarentena nos ha ayudado a ver las cosas desde otra perspectiva y hemos vuelto con más ganas para disfrutar de esta oportunidad que nos han dado de trabajar aquí. Hay muchas compañeras que todavía no han podido –se refiere a Lucía Redondo, Maider Orbe y Haizea Souza, también con el certificado de gimnastas de alto rendimiento pero que no forman parte del equipo nacional– y nosotras hemos tenido suerte en este sentido", admite Salma. En términos similares se expresa Teresa, igual de sincera para describir la vuelta. "El primer día nos dolía todo. Hemos trabajado la fuerza para prevenir lesiones, aunque no es lo mismo saltar aquí en un tapiz que en casa. También hemos perdido tacto con el balón. En la vuelta nos ha costado mucho hacer las recogidas de antes".

"tristes" en el confinamiento Su entrenadora Marga tiene claro que no son "unas cualquiera" apreciados sus éxitos anteriores y una meteórica evolución que en condiciones normales debería haberlas llevado a algún Centro de Alto Rendimiento. Ambas forman parte de la columna vertebral de España en los grandes eventos nacionales e internacionales en categoría junior. De ahí la imperiosa necesidad que tenían ambas de retomar el trabajo con el fin de no poner en peligro sus prometedoras carreras deportivas.

"Estábamos impacientes para que nos abrieran algo porque durante el confinamiento hemos estado trabajando. Pero no es lo mismo. Salma ha crecido y, cuando el cuerpo cambia, de repente pierdes estabilidad y es más difícil la coordinación. Les he dado un plan para estos meses. Ellas iban haciendo sus cosas en casa y luego debían enviarle todos los días lo que habían hecho a la seleccionadora para que tuviesen un control y cómo estaban de salud, si sufrían algún síntoma del virus", remarca Marga, una entrenadora con una dilatada experiencia que ahora debe mimarlas para que este episodio quede en el futuro como una simple anécdota.

Y es que recuperar la forma previa a la crisis sanitaria promete ser un camino repleto de espinas para unas niñas que no solo pueden enfocar su vida en el deporte sino también en los imprescindibles estudios. "Recuerdo que al principio estaban ilusionadas, todo era la novedad. Se las veía no contentas pero con el entusiasmo de hacer algo diferente. Hasta que esto empezó a ser una rutina. Entonces ya empecé a verlas más tristes. Yo las decía que era la hora para trabajar otras cosas, pero llegó un momento en que todo esto era difícil de aguantar. Necesitaban lanzar y moverse porque no había volumen de entrenamiento ni espacio para estar entrenando cuatro o cinco horas diarias", rememora la mujer que tutela a ambas gimnastas vitorianas.

El plan trazado por Marga ya está marcado. Salma y Teresa intentarán "recuperar sensaciones" hasta el mes de agosto, momento en que premiará su trabajo con dos semanas de vacaciones que supondrán la antesala del tramo más duro para "apretar los dientes" y encarar con máximas garantías la búsqueda de un pasaporte para el Europeo. "Ellas necesitan recobrar la confianza sobre cómo lanzar, mecanizar otra vez cada elemento y deben comprobar que yo estoy positiva y cariñosa, aunque no las puedo abrazar. Yo las quiero como a mis hijas, pienso en ellas día y noche como si fuese su madre. Cuando las veía en casa cada vez más tristes, me creaba muchísima ansiedad y frustración, No sabía qué hacer para poder animarlas", lamenta Marga.

Teresa sufrió un bajón al poco de iniciarse el primer entrenamiento y las temidas agujetas han hecho acto de presencia en sus pequeños cuerpos, pero el simple hecho de reencontrarse en el tapiz ha colmado de felicidad al trío. Como ejemplo de este cambio en el estado de ánimo, lo que sucedió el día del emotivo reencuentro. "Cogí a Teresa para ir a Bilbao, se montó atrás en el coche y yo me contuve. Cuando fuimos al parking donde recogemos a Salma, se bajó y las dos se abrazaron. Yo dije ¡mecachis!... ya de perdidos al río. Entonces nos abrazamos. Ya sé que está mal, pero no pudimos evitarlo. Somos tres personas que nos hemos cuidado mucho", concluye emocionada Marga. Tanta emoción, desde luego, estaba más que justificada.

Una gran familia seis años siendo uña y carne

Marga Armas comenzó a tutelar la carrera de Salma y Teresa cuando ambas tenían tan solo nueve años de edad. La directora técnica del Beti Aurrera se ha convertido en algo más que la entrenadora de dos de las grandes promesas de la gimnasia alavesa y se encuentra orgullosa por este motivo. "Como gimnastas son completamente opuestas, pero como compañeras son el complemento perfecto la una de la otra y yo el nexo de las dos. Me encanta la forma en que se ayudan y cómo en un puntual día malo de una está el abrazo y el ánimo de la otra", remarca respecto a la química de sus discípulas.

"El parón nos ha venido muy bien para trabajar los puntos más débiles y la parte corporal"

"El primer día acabamos cansadas, pero estamos recuperando poco a poco las sensaciones"

SALMA SOLAUN

Gimnasta del Beti Aurrera

"No nos podíamos imaginar que algo así ocurriría, aunque lo hemos afrontado bien"

"Hemos perdido tacto con el balón y en la vuelta nos cuesta hacer las recogidas de antes"

teresa gorospe

Gimnasta del Beti Aurrera

"Está mal que nos abrazáramos el día del reencuentro, pero no pudimos evitarlo"

marga armas

Directora técnica del Beti-Aurrera

"Cuando las veía en casa cada vez más tristes, me creaba ansiedad y frustración"

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