Síguenos en redes sociales:

‘Mosko’, la bestia parda

Iñaki Isasmendi / Manista

‘Mosko’, la bestia pardaFoto: Federación Alavesa de Pelota

es un chaval joven, con la mitad de la vida, y otra más por delante, para protagonizar cientos de páginas como esta. Pero andaba yo arrastrando las ganas con su historia. Un tiparraco no muy alto, no muy grande, no muy bruto? Pero, digamos que no es la parte dulce, suave, blanda de la familia. Suponía yo. Le miras y miras a la hermana, Ane, y ves algo diferente. La bella y el bestia. Los partes por la mitad, compruebas dentro y el peluche es él. Una cosa suave y blandita que te derrite. Claro, luego te acercas a la hermana, más dura en apariencia, seria y tímida -de entrada-, y la vas conociendo... Y también es de peluche. Para abrazarlos. Ella tuvo su columna hace tiempo. Mikel la recibe hoy por méritos e historia. Porque ha dejado atrás un año y pico alejado del frontón y ha regresado para sumar éxitos, txapelas y mil anécdotas. Mientras Ane esperaba turno para la última final -la de goma femenina- del Provincial de pelota el pasado sábado en Lakua, tuve la oportunidad de hablar un rato con ella, de su hermano, que al mismo tiempo, pero en Legutiano, jugaba y ganaba la suya, la final de parejas senior de primera. “Hasta yo soy más tranquila”, me dijo. “Si se rasca, si nos mira y no está a lo suyo y se vuelve a rascar, es que le están matando los nervios”. Pitxis, el padre, remata la frase dos días después: “Y si la dermatitis se le sube a la cabeza es que está perdido”. En el grupo de WhatsApp de los de Zigoitia, donde hay todo tipo de personas, donde se citan entre ellos, se animan, donde se felicitan fiestas y cumpleaños, se colaba, primero uno y luego muchos más, mensajes de enhorabuena: “Zorionak Mosko, tras el triunfo de Mikel en la final del Campeonato Provincial. “Su madre y yo hemos preguntado qué es y qué quiere decir, pero nadie nos ha sabido responder”, dice el padre, “supongo que vendrá de moscovita”. Vendrá. No es muy grande, ni muy alto, pero es un tocho. Hace diez años parecía aún más grande. Un delantero pesado y artista con poca paciencia y la cabeza a medio amueblar. En este punto, Mikel nombra a IñigoAbad, su entrenador en Lakua, de quien destaca “lo mucho y bien que me hizo trabajar para mejorar. Yo era un puchero de 90 kilos que no paraba de echar dejadas y jugármela”, recuerda. “Con Abad aprendí a jugar serio y a utilizar la cabeza”. Mikel era un delantero hábil que, en lugar de golpear y madurar el tanto, se limitaba a “hacer chorradas en la cancha”.

El año pasado lo pasó mal. “Creímos que haberle perdido para la pelota”, recuerda Nerea, la madre. “Lo pasamos mal todos”. Tenía las manos destrozadas y no encontraban remedio para recuperarlas. En La Blanca de hace dos temporadas dijo basta. Perdió la final, por detrás de Alvarado, contra Mikel e Iruarrizaga. Esa noche ahogó las penas con la cuadrilla. Pasó luego casi dos años enfundado en la camiseta del Izarra Gorri, equipo de fútbol con el que “subimos a Preferente el primer año y descendimos al siguiente”. “El equipo le salvó la vida”, coincide la familia. Los amigos, Nafarrate, Cárdenas, Gaviña, los compañeros, la gente de Izarra? Gracias a ellos.

Ha vuelto. Y ha puesto broche a su regreso con el triunfo en el Torneo de Campeones de Zaramaga, enfrentándose a Beroiz en la final -donde el navarro fue el mejor de los cuatro-, la victoria en el parejas del Provincial con Larrañaga y una participación notable en el mano a mano, donde debió superar a rivales como Jauregi y Mikel para llegar a la final. Ahí topó con Iribarren, pelotari del año, que le derrotó.

MikelIsasmendiTxurruka nació en septiembre del 93. Comenzó pronto, a los siete, mientras Ane, algo mayor, se empleaba con la pala en Ikasbidea. JokinLarrañaga era el encargado del grupo de pelota donde sus hijos Julen y Mikel, JosuRamos, Xabi y AnderUriarte formaron un grupo muy unido. “Por aquella época -dice la madre- era hacer limpieza general en casa y encontrarte con cien pelotas hechas de papel y calcetines por el suelo, por debajo de los muebles”. A los 13 entra en Lakua y forma junto a AdriánObregón -“un cadete que jugaba más que nadie, mejor que muchos senior”- Zugazua y Ramos y los mayores, Resano, Mendinueta y Pérez, la escuadra del club Txukun, con quienes alcanza el éxito en el individual sub-22 de Liga Vasca ante Ugalde, de Oiartzun, cuya final se aplazó casi un año por causas reglamentarias. Había otro posible rival, SabinGuaristi, de Amurrio, “que jugaba un montón”, cantautor y guitarrista como AitorAguirre, “con ese toque, los dos”, apunta Isasmendi, “que les hace tan especiales”. A los 16 años, con Uriarte atrás, frente a Guaresti e Isasi, ganan en Los Fueros en el Virgen Blanca de juveniles protagonizando un partido “que parecía de exhibición”, dice. Le salía todo.

A los 22 cambia a Zaramaga y de posición. Se probó en Añorga, con Larrañaga, “y no me vi mal. Ahí me quedé”. Al poco repite la experiencia con Zigoitia, en el Torneo Interpueblos. Y la cosa funciona. Larrañaga e Isasmendi ganan el punto decisivo a la pareja senior de Amurrio formada por Gerrero y Legarreta. Suman el título ese año y un segundo poco después. Isas, resume Larrañaga. Pero añade enseguida: “Aunque como amigo es mejor todavía”.

En la final del Provincial de parejas, en 2016, junto a Alvarado “ganamos fácil. Fue ese uno de mis mejores partidos”, recuerda. Tenían enfrente a MikelRafael y AitorAguirre. Era el año “de mi debut en el club”. “Pudimos maquillar un poquito el resultado al final”, interviene Rafael, atento a la conversación.

Delantero juguetón y artista. Zaguero consistente y eficaz. Deportista. De buen carácter. Pelotari y entrenador en Zaramaga. Maestro para los federados más jóvenes y “las diez chavalitas que tenemos en el club”. Se pasa el día en el frontón porque “la pelota es una forma de entender la vida”.

Este año quiere ganar la quinta edición del Torneo de Zigoitia, el pueblo donde vive: “La obra de mis padres”. La madre, concejala, impulsó el torneo, y el padre lo desarrolló. Lo perdió con Resano, no pudo ganarlo con Alvarado y se le ha metido en la cabeza que “este año sí”. Pues venga, ¡aúpa Mosko!