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El trueno silencioso

Ane Isasmendi Txurruka / Paletista

El trueno silencioso

Como Trueno, Ane sería una fantástica capitana, líder callada y ejemplar que lo da todo y siempre responde. En esas condiciones lleva al límite las órdenes del mando superior y asume sus obligaciones con responsabilidad y pulcritud. Como aquella vez que tuvo que jugar por delante de Leire Landaluze, cinco veces campeona del GRAVN, siendo ella una magnífica zaguera y llevar el peso de la pareja y cumplir con el mandato del seleccionador. El último tanto en una contra a dos paredes nos dejó a todos impresionados. Mujer de carácter pero reservada. Tímida. Acepta el error y comparte el acierto. Comprometida y valiente, y decidida cuando se trata de dar la cara por la pareja y el equipo. Como soldado, intachable, pero entonces se aparta un poco y deja que sean otras quienes destilen el jugo de su talento y pongan la firma al trabajo bien hecho. Se atrinchera, con la bayoneta calada no obstante, y deja que los acontecimientos decidan por ella. El miedo a fallar a la compañera, el no estar a la altura de la pareja y frente a la posibilidad del error prefiere dar un paso atrás y perder protagonismo. Ahora mismo, el paso atrás es más bien un largo paréntesis porque se tomará un año sabático en el deporte y en la manera de vida a lo occidental del primer mundo, para trabajar tres meses como cooperante en Colombia y hacer prácticas de carrera medio año en El Salvador. Le queda un año para terminar Trabajo Social y culminó con éxito los estudios de Magisterio en Educación Física. Mientras tanto, trabaja en un comedor escolar en Errekabarri y en el bar del pueblo, en Gopegi. No hay otra manera de ganar dinero para comprar, para viajar, para vivir. Ane Isasmendi nació en julio del 91 y a los nueve años ya era pelotari. Jokin Larrañaga era el entrenador. Pitxis Isasmendi, el padre de Ane, echaba una mano con las 10 chicas que se apuntaron a pelota, un poco empujadas por otro chaval de Ikasbidea, Julen, compañero de clase y pelotari. Con Oihane Anda, con Garazi Gómez de Segura -pareja en el escolar- y Eneritz Pérez, con el grupo de las Anes: Zurutuza -que lo dejó pronto- y las mosqueteras Etxebarria e Ibáñez. Y aunque empezó a mano junto a Nagore Agirre y Maider Fernández de Gamarra -siempre en una esquina, no les hacía caso nadie-, cogió la pala y hasta hoy.

Aquella experiencia en boise (EEUU) Todavía en 2006 y 2007 participaría pegándole con la mano a una pelota de frontenis en los internacionales de Italia de One Wall y en Azkoitia antes. Coincidió con Garazi Martínez e Itxaso Pradera -las mejores de casa- y con Alvarado, Gordon, González y Erauskin. Recuerda la calidad de las norteamericanas y la robustez de las dominicanas. Otra experiencia internacional llegaría años después, en 2010, con la Selección Vasca en Boise, en el estado norteamericano de Idaho, clave en la historia de la diáspora vasca. Con ella, y bajo la tutela del seleccionador de goma, Josu Oleaga, viajarían Laura Sáez Arzamendi e Itxaso Pradera. Jugó más de lo que preveía y vivió la gran sensación e ilusión de su vida como deportista junto a pelotaris de Australia, Argentina, Venezuela -ante quienes jugó la semifinal, un partido durísimo- y las nativas del país. Tres años después, en 2013 repitió experiencia en Venezuela junto a Pradera y Laura. Se les unió Leire Etxaniz. El torneo, un Open mezclado, lo ganó Laura junto a la venezolana Barreda, hija del presidente. Isasmendi formaría pareja con la australiana Patrea Bojack, más gritona que la tenista más gritona. Se sacó la primera licencia con Adurtza y el primer gran éxito lo obtuvo con Garazi Gómez de Segura en 2008 en el Oberena. Sólo una txapela tan enorme pudo disimular los lloros que la pareja vertió sobre la cancha. Tan bien lo hizo, que la Federación Española la invitó a una concentración en Iruña junto a la vizcaína Gaxi y Maitane Aburuza. Especialista en pared izquierda, recuerda los duelos ante Landaluze y Maitane Agirre, pareja de Amurrio que ganaban casi siempre. Maitane “era una pesada y Leire una jugona” reconoce Ane, paletista con mucho poder y muy buena mano que, entonces, se la jugaba demasiado, quizá porque la luz roja se le encendía demasiado pronto. Para el tanto dos la cara se le encarnaba. Hoy menos. También ha aprendido a sufrir. Con Laura Sáez de rival aprendes a ser paciente y a no apretar todo el rato.

Distante, incluso altanera, pero... No hay remedio. Timorata, comedida. En la primera impresión, al conocerla, parece distante, como si no lo diera todo, altanera incluso. Al revés, es sencilla, humilde, observadora y muy agradecida. Los padres, Pitxis y Nerea, la han enseñado bien. Los dos juegan a pala. Tiene un hermano dos años más joven, Mikel, un artista de la mano escondido en el cuerpo de Hulk, que según te toca deja marca. Cuando juega uno de los dos la familia se reúne en el frontón. Están muy unidos. A Laura Sáez Arzamendi la tiene en un pedestal, por calidad, por buena compañera y por ser la rival más encarnizada. Ha tenido buenas compañeras pero destaca a Julián González, mentor, entrenador, psicólogo y amigo con quien llegó a jugar un provincial mixto. Más centrada en el frontón aunque lo pasa mejor en el trinquete, desde la zaga, donde se ha reencontrado con Ane Ibáñez y Oihane Anda. Sin duda, una de las grandes, otra más de la nutrida y bien dotada escuadra alavesa de paleta goma femenina en pared izquierda y trinquete. Una bomba silenciosa. Con dos buenas manos y un par de ballestas en cada brazo. Una cara angelical de media sonrisa y un venus hipnótico en cada ojo. Ane Isasmendi, con quien cerramos el ciclo de personajes de la pelota alavesa hasta la temporada que viene Dios mediante. Aquí nos pilláis. ¡Buen verano!