Había mucha expectación. Tras cuatro años de obras, en los que se han producido numerosas complicaciones, como dificultades estructurales o el covid, esta mañana se ha presentado a los medios de comunicación el renovado Euskal Museoa, pensado para actuar como una gran ventana internacional a la cultura vasca. Según se ha anunciado durante el acto, el museo abrirá sus puertas al público el próximo 10 de junio, con entrada gratuita hasta el día 21.

La reapertura del Euskal Museoa constituye la culminación de uno de los proyectos culturales más ambiciosos de las últimas décadas en Bilbao. El proyecto de renovación integral supone una profunda transformación del conjunto museístico e integra los edificios Kurtze –ocupado anteriormente por Zara y que fue adquirido por las instituciones en 2018–, Misericordia, Unamuno y el Claustro, mejorando la circulación interna y la accesibilidad. La propuesta planteaba un museo basado en experiencias y atmósferas que permitan entender la lengua, el territorio, las tradiciones y la evolución de la sociedad vasca de una forma más participativa. “Entendemos la cultura como un bien común, como herramienta de cohesión social y como motor de proyección internacional. En este compromiso, Euskal Museoa ocupa un lugar privilegiado. Su colección, con más de 50 000 piezas, nos permite comprender quiénes somos, de dónde venimos y hacia dónde queremos ir”, ha explicado el alcalde de Bilbao, Juan Mari Aburto durante el acto de presentación.

20,3 millones de euros

La renovación ha supuesto una inversión conjunta de la Diputación Foral de Bizkaia y el Ayuntamiento de Bilbao de 20,3 millones de euros, que ha permitido ganar más de 5.000 metros cuadrados dedicados a la exposición. “La intervención realizada, tanto arquitectónica como museográfica, sitúa al museo en una nueva dimensión. Pero no se trata solo de crecer en espacio, sino también en contenido. La nueva museografía nos ha permitido recuperar y restaurar piezas de la colección, que nunca antes habían sido mostradas al público, enriqueciendo de esta manera la experiencia y ofreciendo una visión más completa, diversa y viva de nuestra historia y de nuestra cultura”, en palabras del alcalde.

800 profesionales, 200.000 kilos de acero en hormigones armados...

En la obra han intervenido cerca de 800 profesionales de forma directa, se han utilizado más de 200.000 kilos de acero en hormigones armados, 1.500 m2 de nuevos forjados de distinta tipología y 12.000 m2 de revestimientos de mortero de cal en paredes y techos. ¿El resultado? Un museo moderno, abierto y contemporáneo, convertido en una gran puerta de entrada y de proyección la cultura vasca.

El nuevo Euskal Museoa contará con cuatro grandes volúmenes unidos, pero diferenciados para uso expositivo y funcional. La planta baja del edificio de la Misericordia es la carta de presentación, en ella tienen cabida el territorio y el patrimonio antropológico. Este último está representado por piezas icono de gran volumen de los fondos del museo, como la cocina económica para leña y carbón fabricada a comienzos de la década de 1940 por la fundición bilbaina Sagarduy e Hijos para el Restaurante Victor de Bilbao.

Uno de los elementos arquitectónicos más singulares es el “tronco ingrávido” instalado en este edificio, concebido como una metáfora del árbol que sostiene la cultura vasca. Este espacio albergará la gran exposición permanente sobre la cultura vasca, con recursos audiovisuales y tecnológicos de última generación.

En imágenes: Así es el nuevo Museo Vasco de Bilbao, tras cinco años de obras Borja Guerrero

El Claustro, obra del siglo XVI, en torno al cual se articulaba el antiguo colegio de los Jesuitas, acoge la exposición semipermanente ofreciendo una visión general del patrimonio histórico y antropológico colectivo del pueblo vasco. El ídolo de Mikeldi, una escultura zoomorfa de bulto redondo, datada en la Edad del Hierro (siglos V- I a. C.), mantiene su protagonismo. 

De momento, las salas del edificio Unamuno Plaza permanecerán cerradas. El museo las mostrará al público en una segunda fase durante los meses de septiembre y octubre. 

Y por último, en el edificio Kurtze, se encuentran la sala polivalente para celebrar conferencias o coloquios, la biblioteca o el área de conocimiento, destinada al servicio educativo de la institución. En este último, se realizarán actividades y talleres familiares diseñados por parte del Departamento de Educación. 

“En un mundo donde la homogeneización amenaza la diversidad cultural, defender quiénes somos no es un ejercicio de nostalgia, es una obligación. Por eso, hablamos de Euskal Museoa como una gran puerta a la cultura vasca. El visitante que llega a Bizkaia de cualquier parte del mundo puede encontrar aquí las claves para entender nuestra cultura, nuestra identidad, nuestras costumbres, quiénes somos... Y la ciudadanía vasca puede encontrar aquí el hilo que conecta su vida cotidiana con una memoria de siglos. Esa doble función, hacia dentro y hacia fuera, es lo que convierte a este museo en un espacio diferencial”, ha explicado la diputada general de Bizkaia, Elixabete Etxanobe.

Cuatro años de obras

La reapertura llega varios años después de las previsiones iniciales. El proyecto se ha visto condicionado por diversos contratiempos, desde la pandemia hasta el incremento de costes derivado de la guerra de Ucrania, además de dificultades técnicas detectadas durante la intervención. En relación a estos retrasos, la directora general del museo, Sorkunde Aiarza ha asegurado que no lo viven con “un sabor agridulce, sino todo lo contrario, un reto conseguido, tras una obra especial en la que hemos tenido que sortear diferentes dificultades”.

Por último, el arquitecto responsable del proyecto, Antonio Vaíllo, del estudio Vaillo+Irigaray, ha señalado que el nuevo diseño responde a “una síntesis de lo que hubo”, el clasicismo romano que trajeron los jesuitas en el siglo XVII, con “la tradición básica, a través de un planteamiento contemporáneo de la arquitectura, del planteamiento de espacios y sobre todo una síntesis de materiales”, como el acero, la piedra y la madera.

 Con esta reapertura, Bilbao recupera uno de sus principales espacios dedicados a la memoria y la identidad colectiva vasca. El reto, a partir de ahora, será convertir la profunda renovación arquitectónica y museográfica en un aumento sostenido de públicos y en una mayor proyección internacional del museo. Euskal Museoa cerró en 2019 con una cifra de 100.000 visitantes, de los cuales en torno a un 10 % procedían de fuera de Euskadi. Para esta nueva etapa, se prevé que este porcentaje se incremente a entre un 15 % y un 20 %. 

Uno de los elementos arquitectónicos más singulares es el “tronco ingrávido” instalado en el edificio Misericordia, concebido como una metáfora del árbol que sostiene la cultura vasca. Este edificio albergará la gran exposición permanente sobre la cultura vasca, con recursos audiovisuales y tecnológicos de última generación. Además, habrá nuevos espacios especializados: incluirá un depósito visitable de colecciones, un laboratorio gastronómico, áreas de investigación y conocimiento, y salas para exposiciones semipermanentes renovables. En total, las instalaciones dispondrán de unos 6.400 metros cuadrados de superficie museística, lo que supone un 38 % más que antes de la reforma, consolidando el proyecto como uno de los grandes equipamientos culturales del territorio.