La vigésima edición de Cita con la Poesía se despide del público de la capital alavesa después de un un curso intenso y lleno de propuestas bien diferentes entre sí. Este viernes se produce el cierre, un final que viene marcado por la presencia de la poeta, ensayista y gestora cultural cacereña Ada Salas. La autora llega, además, con una novedad bajo el brazo que está a punto de hacerse realidad, Gramática Locura.
“Para mí es un libro muy difícil porque ha aparecido en el texto el proceso de acompañamiento en los últimos meses de vida de mi madre, que ha muerto hace no mucho. Así que tiene mucho que ver con enfrentarse a la vejez y al paso del tiempo. Abordamos con poca claridad el tema tan tremendo de la vejez y de la soledad de los ancianos”, algo a lo que sí se mira de frente entre las páginas de esta obra de la escritora, Medalla de Extremadura y ganadora de premios como el Juan Manuel Rozas y el Hiperión de Poesía.
"A mí me pasa como lectora: la poesía le da sentido a mi vida”
A buen seguro, de estas reflexiones se hablará en esta última Cita con la Poesía de la presente temporada, un evento que, como de costumbre, se producirá en la Casa de Cultura Ignacio Aldecoa. Será este día 22 a partir de las 19.00 horas, siendo el acceso gratuito hasta completar el aforo. Ahí se ahondará en la trayectoria de Salas, que acude por primera vez al ciclo impulsado por Ángela Serna.
Junto al público
En este marco, se hablará de cómo entiende la creadora la poesía, de los procesos que conlleva enfrentarse a la escritura... Habrá tiempo para leer “y, por supuesto, para que la gente participe y hablemos”. Tal vez, en esa charla se pueda compartir con el público que, en realidad, “la poesía no da para vivir económicamente, sino para vivir de una manera más hermosa e intensa”.
Así lo explica Salas, que reconoce que este tipo de encuentros con el público los afronta desde “cierta timidez y falta de seguridad”, aunque esto último tampoco tiene que verse como algo negativo: “estar completamente segura de lo que una hace en la vida es difícil y en el arte todavía más, ya que estamos constantemente poniéndonos en cuestión”.
“Estamos muy acostumbrados a ser muy pasivos en lo que llamamos cultura. Eso hace que los lectores de poesía no sean muchos"
En este sentido, apunta que “escribir en la absoluta seguridad, en la absoluta certidumbre, a mí es algo que no me interesa y no me gusta. Cuando percibo que un autor o una autora está completamente seguro de lo que hace, ya me genera desconfianza. Pero bueno, es verdad que eso a la hora de exponerte ante la gente, te sitúa en una posición más débil”.
A pesar de esta teórica fragilidad en propuestas como Cita con la Poesía, “he tenido encuentros con el público memorables que me han producido una sensación de felicidad grande. Son momentos en los que dices: esto tiene sentido. El del escritor es un trabajo de mucha soledad y es importante tener la posibilidad de darte cuenta de que, a veces, esos textos llegan y dan sentido a las cosas que le pasan a los lectores. A mí me pasa como lectora: la poesía le da sentido a mi vida”.
La escritura
Variaciones en blanco, Esto no es el silencio y Arqueologías son solo algunos de los títulos que van conformando la trayectoria de una Salas que, a pesar del camino recorrido y los reconocimientos obtenidos, se sigue considerando una estudiante. “El mar de mi ignorancia es insondable. Tengo tanto que aprender de tantísimas cosas… Lo primero, de poesía”, asume para añadir, con una sonrisa, que está deseando jubilarse “para poder leer más”.
Bueno y, es de esperar, para escribir. “Lo que más me fascina de la escritura es que tengo siempre la sensación de que no sé muy bien de dónde sale el texto ni quién lo escribe”. Es él “el que toma sus propias decisiones”, mientras “tú asistes a una especie de ceremonia maravillosa del lenguaje y le das paso, pero poco más”.
El resultado es lo que llega al público, quien se deja llevar por una poesía que “dice verdades, aunque no todos estemos dispuestos a oírlas”. Son palabras que exigen “cierta concentración y entrega” por parte de la gente. “Estamos muy acostumbrados a ser muy pasivos en lo que llamamos cultura. Eso hace que los lectores de poesía no sean muchos. Pero los que son, son muy fieles”, más allá de que “tampoco todo tiene que llegar ni ser para todo el mundo”.