En la única pared que se ha dejado blanca se dan el relevo varios bocetos realizados a lápiz, primeras ideas creadas por Iban Arroniz cuando el artista ni siquiera estaba pensando en desarrollar el proyecto que ha terminado cristalizando en Penthouse stilleven, una propuesta que desde este viernes se va a poder ver en la capital alavesa. En los muros que se han pintado de negro se despliegan las obras realizadas para una exposición que se comparte en Zuloa hasta el próximo 23 de mayo.

Durante nueve meses, en un estudio prestado, Arroniz fue dando forma y fondo a esta producción, a una exposición que habla de su vida, de esas etapas que cualquier personas puede compartir para lo bueno y para lo malo, pero lo hace a través de objetos que se disponen aquí construyendo una singular muestra de bodegones, metáforas de lo que fue y es, de lo vivido y sentido, de lo que define a cualquier ser humano.

Etapas de la vida

Son elementos de la "naturaleza muerta" los que le sirven a Arroniz para construir este "relato de vida". Carnets, bayonetas, manzanas... hablan de cuestiones como la fugacidad, la pureza, la muerte, el mal... construyendo así una especie de diario vital a través de los diferentes cuadros expuestos, obras donde el juego entre la luz y la oscuridad es esencial.

Al fin y al cabo, Arroniz opta en Zuloa por presentar once obras en las que toma como referencia a autores como Vermeer y Caravaggio para recuperar el tenebrismo clásico y ponerlo en diálogo con la estética del pop art. Ayer y hoy se unen en este recorrido vital, que no es cronológico aunque sí arranque con una mirada a la ilusión de los inicios en la cultura como medio de expresión, al cómic y a aquello que marcó los primeros pasos.

Una de las obras de Iban Arroniz en Zuloa Alex Larretxi

"Ha quedado un resultado muy ecléctico más allá de que todo tenga una factura clásica" apunta el creador vitoriano, que aporta al público también una pequeña guía en el folleto que acompaña la muestra para poder compartir con la gente algunos de los significados de los objetos, más allá de que al final será cada una de las personas asistentes la que complete el puzle desde su propia experiencia.

A las diez y media de la mañana

No es la primera vez que el espacio expositivo de Zuloa pierde su habitual color blanco. En este caso, Arroniz no solo ha desplegado un negro dominante por toda la sala sino que ha realizado un montaje en el que la luz cobra un especial significado cuando apunta a cada uno de los cuadros. La forma marca el fondo, dotándole de no pocos significados.

Se distribuyen así cuadros creados a partir de fotografías tomadas a las diez y media de la mañana, justo cuando la luz tenía en el estudio el impacto que el artista quería para poder conseguir el efecto que ahora se ve en la exposición. "La verdad es que ha sido un trabajo de recopilación de objetos y de toma de imágenes que ha requerido de una disciplina importante", relata.