En teoría es una semana de vacaciones, pero en el caso de alguien que se dedica de manera profesional a la danza, eso implica estar cada día activo. Lo sabe bien Jorge Moro Argote, que durante estos días ha vuelto a la capital alavesa mientras la Hessisches Staatsballett se toma un pequeño respiro. Está aprovechando para regresar al Conservatorio Municipal de Danza José Uruñuela entre cuyas paredes comenzó su formación y donde ahora ha ofrecido una serie de charlas al alumnado de Enseñanzas Profesionales.

Son días de descanso en los que está compartiendo enseñanzas con el alumnado del conservatorio. ¿Qué dos o tres ideas le gustaría transmitir?

–Es muy importante visibilizar el que hay futuro allá afuera y que se puede salir, se pueden hacer cositas. Si tienes interés y tienes pasión por lo que haces, se pueden conseguir cosas. Es muy importante que esto lo escuchen de alguien que ha estado donde han estado los alumnos y las alumnas, de alguien que ha seguido sus mismos pasos. Pueden ver que se pueden tomar diferentes decisiones, que hay distintas opciones que igual son desconocidas para ellos y ellas ahora mismo. Se trata de darles esperanza porque a veces parece que cuando termina el conservatorio, no hay nada más. Evidentemente, tienes que seguir trabajando y haciendo sacrificios, como en todo en esta vida, pero hay más posibilidades de las que creen. Eso se lo dicen aquí sus profesores y profesoras, pero es diferente cuando viene alguien de fuera que ha estado aquí y te lo dice. Les da un poco más de esperanza o se lo toman un poco más en serio.

En el Uruñuela

Entiendo que el alumnado más mayor, el que se va al final de este curso, es el que más pregunta...

–Sí, sí. Ha habido muchas preguntas técnicas, pero sobre se han interesado sobre cómo es mi vida siendo bailarina ahí fuera, cómo es mi día a día, qué es lo que hago. Les he dicho que me parece muy importante saber que si decides dedicarte a la danza, no decides dedicarte a la danza de por vida. Puedes bailar cinco años y luego decidir que quieres hacer otra cosa o puedes estudiar una carrera en danza y decir, mira, esto no es para mí, me voy a meter luego a un máster en nutrición o en fisioterapia o... Si eliges ser bailarín, no todo tiene que pasar por estar en una compañía. Hay caminos diferentes que se pueden tomar.

Las de Enseñanzas Profesionales son edades en las que los bailarines empiezan a escasear. ¿Qué les diría a los chicos y niños para animales a hacer el camino que ha realizado usted?

–Lo primero es tener chicos que estudien danza porque no hay un equilibrio en el ratio de chicas y chicos. Así que hay que empezar por decirle a cualquier chico que si le interesa bailar, baile. Es algo que es natural en nosotros. Cuando en fiestas sale una txaranga, nos ponemos todos a bailar, nos lo pasamos bien y todo es normal y natural. Está en nuestra cultura. Así que tiene que haber menos tabúes en torno a si alguien quiere bailar y quiere formarse en la danza, sea clásica, contemporánea, de carácter español, a lo que sea. A partir de ahí, es verdad que aquí, según vas avanzando en los cursos de un conservatorio, hay menos chicos. Pero sucede aquí porque en otros lugares de Europa, todo es mitad y mitad. Aquí hay todavía mucho tabú, mucho desconocimiento, pero yo les animo a que si bailar les gusta de verdad que lo hagan porque merece la pena totalmente.

Jorge Moro Alex Larretxi

Desde Alemania

¿Cuántos años lleva ya en el Hessisches Staatsballett?

–Diez.

Ahora tiene justo unos días de descanso, aunque sea activo, dentro de un trabajo diario que el público no ve pero es que es muy exigente, ¿verdad?

–Es muchísimo trabajo. La gente viene a ver una actuación y sabe que hay mucho trabajo en ese momento, pero no ve lo que hay detrás. Son seis días a la semana, ocho horas cada jornada. Además, estás ensayando diferentes producciones. Nosotros tenemos unas cien actuaciones por temporada, así que imagínate. Y mientras estás ensayando otras cosas, tienes clase de clásico todos los días por la mañana. Aunque te duela todo, te tienes que levantar y tienes que seguir. Es mucho, mucho trabajo, pero para mí es muy gratificante.

Aunque es joven, lleva ya recorrido mucho camino. Su cuerpo es su instrumento y no sé si hoy exige ahora más cuidados o precisamente porque ha hecho un trabajo anterior, todo es más fácil.

–Hay un equilibrio entre ambas cuestiones. Noto que ahora con la edad, aunque sea en una carrera que es muy corta, hay cosas igual no tan buenas que vienen. El cuerpo tarda más en recuperarse después de una actuación, después de un esfuerzo físico más grande. Pero también hay cosas que vienen y que son buenas, que tiene que ver con tener experiencia y formación. Hay cosas que ya te vienen de manera natural, pillas las coreografías muchísimo más rápido, tienes mucha más experiencia en lidiar con un trabajo de paso a dos, de contacto con otra persona... Desde que he sido muy joven, he escuchado a mi cuerpo. Lo más importante es ser constante en el trabajo y después de una actuación, por ejemplo, levantarte, ir a clase, que es algo que mucha gente no hace, ensayar...

Estará aprovechando estos días de supuesto descanso para ver a la familia, amigos..., ¿no?

–(Risas) Claro, estoy aprovechando un montón el estar con mis aitas, con mi hermano, con mi prima y su hijo, que nació hace dos años... Aprecio un montón las semanas que tengo enteras para poder pasar tiempo con mi familia, para estar con la gente que me ha apoyado desde el principio y a la que echo mucho de menos.