Sexualidad, tabúes, estereotipos y miradas en la sala Baratza
Amaiur Macias abre este viernes una nueva edición del Bertako Fest con el estreno de ‘Organorik gabeko gorputz baten orroak’
Una nueva edición del Bertako Fest se pone en marcha este viernes en la capital alavesa. Lo hace de la mano de Amaiur Macias, que va a compartir en la sala Baratza el estreno de Organorik gabeko gorputz baten orroak, una propuesta en torno a la sexualidad. “Lo que quiero reivindicar, a fin de cuentas, es que este es un tema más de la vida y que nos atraviesa como el comer o el dormir”, apunta la artista, que es consciente de que “el hecho de que una performer llegue y hable de esto con tanta naturalidad seguramente hará que haya quien se incomode, se excite o se quiera levantar e irse”.
“Hay claramente un deseo de provocar al público, como en todas mis performances” para, a partir de ahí, abrir una puerta a la reflexión. Es la invitación que se hace en una cita con los espectadores y las espectadoras que arrancará a las 20.00 horas, quedando todavía alguna entrada en el espacio de la plazuela Aldabe. Hace pocos días, Macias estuvo aquí realizando una nueva residencia artística, continuación de un trabajo que se ha llevado a cabo también en Garaion.
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El deseo
Quienes acudan se encontrarán con un dispositivo escénico que cuenta con varias cámaras que van a ser fundamentales para desarrollar el planteamiento escénico de un montaje que juega mucho también con la fisicalidad. “La gente verá a la performer cuestionando y poniendo en escena las coreografías contemporáneas de la sexualidad, las formas que tenemos aprendidas de cómo comportarnos en contextos sexuales. Esto implica estereotipos de género y formas aprendidas”.
En un momento dado de la propuesta, al público se le va a pedir que use, solo si quiere, el móvil para tener una intervención directa
A eso se une los efectos de la pandemia, es decir, la ausencia de la presencialidad, la vivencia a través de lo digital, de la pantalla. “Y evidentemente una de las cosas que tiene más peso es el deseo. Así, se pone en cuestión un poco todo esto, así como el hecho de cómo observamos un cuerpo femenino en ciertos contextos haciendo unos gestos u otros”.
Aquí entra en juego otro elemento fundamental: la mirada. Sobre todo, la del público. A las personas que acudan se les va a solicitar en un momento dado que saquen sus teléfonos móviles. Quien quiera, podrá participar a través de un código QR. “El público puede decidir: ser voyeur de esto que se propone o participar”.
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Leer la feminidad
Macias busca, de todas formas, que todo esto se produzca en un “espacio seguro” ya que “para hablar de un tema así y no generar una distancia con el público hay que trabajar, conseguir que la gente empatice con el personaje y que haya una intimidad escénica compartida”. Desde ahí, “nos planteamos cómo leemos la feminidad, cómo leemos un cuerpo femenino”.
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En ese juego entre los deseos ajenos, “la performer va a ver que emerge su propio deseo” y ahí “va a salir una parte un poco más monstruosa de la feminidad”. A un lado, estaría “un cuerpo con órganos que responde a un orden moral: te despiertas, comes, cagas, meas y duermes”. Al otro, uno sin ellos, “que va más allá de lo que se espera de él. Rompe la lógica. Igual que lo hace el hecho de poner a un cuerpo femenino a hablar de su propio deseo”. Así pasará en Baratza.
