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Infinitos tesoros entre las páginas

La vigésimo séptima Feria del Libro Viejo y Antiguo de Vitoria apura sus últimas jornadas desde la plaza de Correos

Infinitos tesoros entre las páginas

“Perdone pero es que estaba buscando...”. La conversación con el librero se interrumpe. Hay que atender, por supuesto, a la potencial clienta. “Todavía nos queda el último tramo”, sonríe el otro lado de ejemplares de casi cualquier título imaginable Txema Sandoval. No en vano, la vigésimo séptima edición de la Feria del Libro Viejo y Antiguo de Vitoria está en plena cuenta atrás. El domingo bajará el telón. Así que tanto quienes quieran encontrar algo en concreto como quienes deseen dejar que su curiosidad campe a sus anchas, tienen tiempo, pero tampoco no demasiado.

Por supuesto, todo puede ir siempre mejor, pero el responsable de la cita en la capital alavesa -además de actor, escritor, librero y un largo etcétera de quehaceres culturales- apunta que este año está transcurriendo por los cauces esperados. Mientras tanto, son muchos los que pasan por la plaza de Correos, algunos con prisa, otros con algo más de tiempo para echar un vistazo, tal vez detenerse, curiosear y preguntar. Y es que, más allá de la compra, si hay un placer que no tiene precio estos días es el de poder mantener charlas de lo más diverso con los libreros que, un año más, han aceptado la invitación de acudir a la capital alavesa. Ahí están Asilo del Libro, Librería Torres de Valencia, Librería Ela, Librería Hamburgo y Librería Maxtor, sin perder de vista que Librería Sekhmet ejerce como anfitriona.

Hoy a las once de la mañana volverán a abrir sus puestos hasta las dos de la tarde. Tras retomar fuerzas y alimentar cuerpo y espíritu, de nuevo se encontrarán con los lectores desde las cinco de la tarde a las nueve de la noche. Y repetirán mañana, por supuesto. El domingo, eso sí, se acortará un poco la jornada ya que tocará recoger y volver a casa o, tal vez, seguir camino en otra feria de otro lugar. Los libros no solo hacen viajar, también viven no pocos desplazamientos.

Aquí se puede encontrar de todo y a precios de todo tipo. Está, por ejemplo, esa gramática del euskera que conforma un libro firmado por Fernando Mendizabal; también una versión “pulga” de Las aventuras de Tom Sawyer, de Mark Twain; no muy lejos aparece Catalina La Grande, de Gina Kaus, sin perder de vista Los límites de la Fundación, de Isaac Asimov; un poco más allá, en otro de los puestos, La araña negra, de Vicente Blasco Ibáñez, reclama la atención, igual que Historia y principios fundamentales de la lingüística, de Manuel Mourelle de Lema. Seis títulos escogidos al azar entre los seis puestos. Entre medio, infinitos tesoros guardados entre innumerables páginas en las que se habla de todo, y no es un decir.

Puede que en estos tiempos de pantallas y de textos que a la fuerza tienen que ser cortos para reclamar la atención en pocos segundos, el placer de la lectura y la necesidad del conocimiento no estén de moda. Pero, por fortuna, siempre quedará quien entienda que hay miles de universos por vivir desde la imaginación y que nunca se termina de aprender. Para todos, tengan los intereses o edades que sean, siempre hay un libro. Incluso para los que no les gustan. Esta feria es un claro ejemplo de ello.

Desde versiones “pulga” de ‘Las aventuras de Tom Sawyer’ hasta gramáticas de euskera, el abanico de temas y títulos es infinito

Hasta este domingo, el veterano encuentro mantiene abiertas las seis librerías que, de manera temporal, están a pie de calle