Tampoco muchas, pero todavía quedan algunas entradas a la venta para la cita especial que este domingo acoge Dendaraba desde las 20.00 horas. La cantante británica Janine Johnson vuelve a Gasteiz para adentrarse en el universo musical de James Bond pero desde su propio tamiz.
No es la primera vez en Vitoria, pero la pandemia hace que aquella actuación de 2018 parezca muy lejana en el tiempo, como si hubiesen pasado dos o tres siglos. ¿Cómo ha vivido estos dos años de covid? ¿Cómo está siendo volver a encontrarse con el público en unas condiciones más o menos normales?
-Llevaba un 2019 con mucho trabajo, también en el arranque de 2020. En este momento de cambio de año estaba de gira por Alemania, de ahí me fui a Brasil, donde estuve diez días, para regresar a Londres y empezar los ensayos para otra gira. Es decir, estaba en un momento de mucho, mucho trabajo. Incluso diría que estaba un poco agotada. Así que al principio, cuando todo se detuvo, estuve bastante tranquila. Me lo tomé como un momento de descanso, de poder atender a cosas que tenía pendientes y para las que no había tenido tiempo. Aquí en Londres, por ejemplo, podíamos salir a hacer ejercicio al aire libre y aproveché. Pero según fueron pasando los meses, empecé a preocuparme. Además, al principio no hubo ayudas para la gente autónoma, como los artistas. Tardaron en llegar, aunque como llevo muchos años en esto, algo tenía guardado para estar un poco tranquila. Aquí se hablaba mucho en los medios de comunicación de las personas que tienen trabajos esenciales y, claro, como artistas no estábamos considerados ahí. Y eso también me dolió. Todo el mundo estaba en casa. ¿Qué hacía la gente? Escuchar música, ver películas, leer libros. Todo eso no podría haber sido si no hubiera gente creativa como yo. Sin embargo, de repente no éramos importantes. De todas formas, yo seguí grabando porque tengo en casa mi propio equipo profesional. Aún así, me preocupaba pensar en el futuro de nuestra industria.
¿Cuándo pudo volver?
-En septiembre de 2020 hubo un paréntesis en las restricciones y tuve un concierto con aforo reducido, aunque también se podía ver en streaming y aportar dinero si se quería. Estaba con un pianista y fue algo muy bonito, especial. La gente tuvo una respuesta excepcional. Pero al día siguiente, me fui a comer a casa de mis padres y ahí me di cuenta de la carga emocional que llevaba encima. Me senté en la mesa y me puse a llorar. No sabía la razón. Era como si hubiera enfocado todo en ese concierto, que era el único que tenía, y ya pasado, no me quedase nada. Menos mal que ahí estaba mi madre para cuidarme. Seguí adelante pensando que iba a haber una salida. Y así ha sido. Me han aparecido incluso oportunidades diferentes a las que tenía antes para trabajar. Creo que ahora aprecio aún más mi voz y agradezco mucho más poder hacer música en directo. Y creo que al público le está pasando lo mismo, que siente todavía más emoción con y por la música. Pienso que pueden cambiar cosas en torno a cómo ve la gente la vida y la forma de apreciar todo lo que nos rodea, desde tener cerca a la familia hasta valorar muchas cosas que tiene la vida y que antes dábamos por supuesto.
Hay artistas de las artes en vivo que temen que ya hay un público que se ha perdido, que se va a quedar pegado a Netflix, HBO o similares. ¿Lo ve así?
-Últimamente, en muchas de mis actuaciones digo a la gente que nada puede reemplazar a la música en directo. Hay una magia que ocurre entre los que están en el escenario y quienes están entre el público percibiéndolo todo, y que no se puede replicar. Puedes estar en casa, poner un disco o la radio, y ni eso se podrá comparar nunca a la música en directo. Penetra el cuerpo, la mente, te da emociones de una forma que no se puede reproducir en otro contexto. Así que a largo plazo, no creo que podamos hablar de público que se va a perder. Otra cosa es que ahora hay gente que sigue estando con miedo o que tiene problemas de salud y, por supuesto, no quiere salir a un concierto o a una obra de teatro. Pero cuando experimentas la alegría, la pasión y todo lo que conlleva ver arte en directo, no hay vuelta atrás. Netflix no se puede comparar con eso. Y me encanta Netflix cuando tiene su momento.
A la pandemia se le une el 'brexit'. ¿Cree que va a generar problemas para que los músicos puedan girar dentro y fuera del Reino Unido o las cosas se terminarán normalizando?
-El tema brexit me entristece mucho. Todo lo que hemos pasado con la pandemia, nos recuerda lo importante que es la unión, el apoyarse los unos a los otros, que somos más fuertes unidos que separados. Bien, la realidad es que por una mayoría, aunque por un margen pequeño, hemos salido. Y sí que hay más trámites para poder organizar cosas, pero no está siendo mucho en mi caso. Ya veremos qué pasa. Espero que con el tiempo llegaremos a acuerdos y a hacer que esto fluya. A ninguno nos interesa poner las cosas difíciles. Es una cuestión de tiempo. O eso espero (risas).
Lleva tiempo dando vida a este proyecto que tiene la música de Bond como referencia. ¿Qué se va a encontrar el público y cómo ha ido evolucionando el concierto en estos años?
-Inicialmente fue un formato creado para celebrar los 50 años del inicio de esta leyenda británica del espionaje. Es una música muy diversa, en la que se reúnen estilos muy diferentes. Mucha de la música original es muy sinfónica, así que cuando pensé en esta propuesta, tenía que dar con una forma de generar una atmósfera Bond, por así decirlo, pero sin necesidad de llevarme a todos los sitios una orquesta (risas). Ahí es importante la selección que se hace de instrumentos y músicos. No intentamos replicar las bandas sonoras pero sí ser fieles a las ideas, a las historias de las canciones. Y eso, además, siendo fiel a mí misma. Así que la gente se va a encontrar una forma única de expresar estos temas. Espero que al concierto el público venga con el corazón y la mente abiertos, con muchas ganas de disfrutar de una expresión honesta, original y creativa de estos temas icónicos.
¿Por qué Bond, qué le gusta de la música de estas películas, teniendo en cuenta la evolución que ha tenido a lo largo de las décadas que está durando la saga?
-Porque es icónico. Es un concepto que cuando lo expresas, todo el mundo tiene su idea sobre él. Es universal. Lo que me gusta además está en eso que comentas, en que muchos artistas diferentes entre sí han interpretado temas para las películas. Como cantante de soul principalmente, tener la oportunidad de abarcar tantos estilos distintos es algo que me alegra. Me encanta desafiarme a mí misma. Cuando empecé a desarrollar este proyecto, fue porque en Londres había una sala de jazz que quería hacer un tributo y me llamaron. Dije que sí al instante. Pero cuando colgué el teléfono me entró el miedo (risas). Después llamé a uno de los pianistas con los que suelo trabajar, Emilio Merone, y como también le gustan los desafíos, nos animamos.
¿No cree que habiendo un estilo muy definido en los últimos años en las canciones de cabecera de la saga, falta algo de innovación, de riesgo o, por lo menos, que suene a algo diferente?
-A mí me gustan las últimas canciones. Skyfall de Adele es genial. Disfruto también cantando Writing's on the Wall. La última, No Time to Die, está creciendo todavía dentro de mí, cada vez me gusta más. Entiendo lo que dices de que igual falta algo de innovación, pero creo que la gente está intentando ser fiel a la idea de Bond y su música. Ha habido temas más atrevidos. Por ejemplo, Live and Let Die es muy atrevido. Y también Another Way To Die o You Know My Name, con Chris Cornell, me parecen distintas, diferentes. No han ido por la fórmula que está comprobado que funciona. Igual eso sí ha pasado en los últimos años. Pero hay espacio para todos. No hay crítica por mi parte, creo que todos son temas que están bien hechos y que cumplen su misión.
Supongo que ha ido a ver la última de 007. ¿Qué le parece?
-No la he visto (risas). Es que no he tenido tiempo todavía porque he estado girando aquí en Inglaterra.
¿Planes para 2022?
-Seguir con los proyectos que vengo desarrollando, pero también quiero volver al estudio y grabar unos temas. Con todo lo que hemos pasado, hay muchas emociones y experiencias que quiero plasmar de alguna forma en mi música.