'La nave del misterio' vuelve a la costa vasca

'Cuarto Milenio' se sumerge en la galerna de 1912 que tiñó de luto Bermeo, Lekeitio, Elantxobe y Ondarroa, en la que 141 arrantzales fueron tragados por el Cantábrico

03.10.2021 | 00:03
Una txalupa de arrantzales en el mar Cantábrico.

lekeitio – Han pasado 109 años, pero es un hecho tan trágico que aún pervive en la memoria de muchos vecinos de la costa vizcaina. Y que a pesar de que pasen muchos más años será recordado por la violencia generada en el mar, que hizo que 141 arrantzales de Bermeo, Ondarroa, Lekeitio o Elantxobe sucumbieran, con el tremendo impacto que ello tuvo en unas poblaciones que vivían volcadas en la pesca. Se trata la conocida galerna de 1912, de la que tanto se ha escrito pero sobre la que todavía pesan algunas incógnitas a resolver. Cuarto Milenio, el programa de Cuatro conducido por Iker Jiménez, se zambulle de lleno en un hecho que tantas heridas generó. Y lo hace no solo de la mano de los descendientes de aquellos hombres que quedaron atrapados para siempre en el Cantábrico por la tremenda furia de la meteorología, sino también tratando de responder los fenómenos climatológicos que crearon aquella gran tempestad. La Nave del Misterio vuelve a la costa de Bizkaia, después de su paso por la isla de Garraitz.

En un reportaje conducido por Carlos Largo con la asesoramiento del periodista Ibon Pérez, la pieza se podrán ver a partir de las 21.50 horas de este domingo muestra diversas informaciones de la época, rescata todo lo acontecido en aquella tempestad, incluso con recreaciones que meterán al televidente en la propia galerna, la visión experta de diversos meteorólogos –como es el caso de Margarita Martín, delegada de AEMET, la agencia española de meteorología, en Euskadi; o su homólogo en Cantabria, José Luis Arteche– o de investigadores locales, como es el caso del bermeotarra Juan Antonio Apraiz, Koiote, conocedor de las historias de esa villa tan ligada al mar. Además, echan mano de noticias e imágenes rescatadas del Archivo Nacional de Madrid, tratando de acercarse aún más a los hechos acaecidos durante la madrugada del 12 al 13 de agosto de 1912 y, sobre todo, a las consecuencias que tuvo a posteriori.

Y es que, siendo lekeitiarra como es Pérez, este siempre ha escuchado en su propio pueblo historias sobre la galerna de 1912. Y ha podido conversar sobre el terreno, en las localidades costeras donde aún resuenan los ecos de la tragedia, con algunos de los descendientes de aquellos arran-tzales, y en plena pandemia, lo que dota de un aire fantasmagórico a la grabación. Es el caso de Mari Tere Atela, nieta del conocido como Señerua –palabra que en aquellos tiempos daba aviso de las galernas desde tierra firme– o Mariasun Eskurza, nieta del superviviente Juan Daniel Eskurza, también lekeitiarra y patrón de dos embarcaciones que salieron a pescar aquel infausto día. Eskurza, de hecho, vivió toda una epopeya para poder volver a tierra. Lo hizo cuatro días después, exhausto y sobre una maderas en forma de cruz. Arribó a tierra a 80 millas de distancia de donde partió, cerca de Biarritz.

LOS HECHOS Grabado en las localidades que sufrieron el azote del mar, lo cierto es que los datos de la galerna de 1912 son espeluznantes: fallecieron 143 hombres, entre ellos 116 bermeanos –el 1% de la población del municipio–, 16 de Lekeitio, ocho de Elantxobe y tres de Ondarroa. Todos ellos faenaban a unas 45 millas del cabo Matxitxako en una jornada que amaneció soleada, pero que por la noche se convirtió en un verdadero infierno. Tan habitual en el verano cantábrico, el viento viró de repente y el mar mostró su cara más salvaje. Y la tempestad pilló de improviso a las txalupas de propulsión a vela y remos, de hasta 15 metros de eslora, mientras que las de vapor pudieron salir indemnes de la galerna. Pocas embarcaciones –toda ellas construidas de madera–lograron arribar a la costa, y si lo hicieron fue bien lejos de sus puertos base, además. En todo caso, la muerte tiñó de luto a Bizkaia. Y los días posteriores, en los que los puertos del herrialde porfiaban por la llegada de noticias, se fueron confirmando los peores augurios. Incluso, ante la gravedad de los hechos, el rey Alfonso XIII acudió a Bermeo o Lekeitio, a las iglesias parroquiales donde se oficiaron los funerales de los arrantzales fallecidos.

"La galerna de 1912 dejó buena mella de lo acontecido en la memoria colectiva de Euskal Herria", asegura Pérez. Incluso, la tempestad puso fin a la época en las que los arrantzales zarpaban a por sus capturas a vela, abriendo paso a la modernidad de la flota pesquera, que se subió al vapor como método de propulsión. Y Cuarto Milenio lo representará mediante un cóctel formado por una recreación, los testimonios de los familiares de supervivientes, opiniones de expertos y las noticias y fotos de la prensa de la época. La que es considerada como "la mayor catástrofe laboral del siglo XX" en el Estado aconteció en un mar Cantábrico que tanta prosperidad ha dado a Euskadi, pero que en ocasiones también se ha cobrado una factura demasiado alta.

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