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Tribuna abierta

Elegir una conserva: un asunto con mar de fondo

El atún forma parte de la vida cotidiana de millones de personas. Está presente en hogares, colegios, hospitales, restaurantes y supermercados de todo el mundo. Es una de las proteínas pesqueras más consumidas a nivel global por una razón sencilla: es saludable, accesible, versátil y forma parte de una alimentación equilibrada.

Pero pocas veces pensamos qué hay detrás de una simple lata de atún.

Detrás de ese gesto cotidiano existe una enorme cadena de valor global que conecta océanos, ciencia, tecnología, alimentación, empleo y sostenibilidad. Una cadena compleja en la que participan pescadores, conserveras, investigadores, puertos, distribuidores, administraciones y consumidores. Y precisamente por su dimensión global, también está expuesta a una de las mayores amenazas para el futuro de los mares: la pesca ilegal, no declarada y no reglamentada, conocida en español como pesca INDNR y, a escala internacional, como pesca IUU.

Con motivo del Día Internacional de la Lucha contra la Pesca IUU que se celebra cada 5 de junio, desde Bermeo Tuna World Capital hemos creído oportuno acercar este debate a la ciudadanía de una manera clara y comprensible. Porque no estamos hablando únicamente de un problema que afecte al sector pesquero. Estamos hablando de sostenibilidad ambiental, de seguridad alimentaria, de empleo, de transparencia y de justicia económica.

En definitiva, estamos hablando del modelo de alimentación y de sociedad que queremos construir.

La pesca ilegal tiene consecuencias muy concretas. Según estimaciones internacionales, a escala mundial mueve cada año hasta 26 millones de toneladas de capturas, con un valor que se sitúa entre los 10.000 y los 23.000 millones de euros. Deteriora los recursos marinos, dificulta la protección de los océanos y perjudica a quienes trabajan cumpliendo estrictamente las normas. Pero además genera una competencia profundamente desigual frente a las empresas y flotas europeas, que desarrollan su actividad bajo algunos de los estándares ambientales, laborales y de control más exigentes del mundo.

Esta reflexión ha estado muy presente en la Asamblea General que hemos celebrado esta semana, ya que quisimos dedicar parte del debate abriendo al público a esta cuestión mediante la organización de la mesa redonda Afecciones de la pesca IUU en la cadena de valor del atún: desde la trazabilidad a la nutrición en la que contamos con la participación de expertos de la Fundación AZTI y Code Contract SL.

Durante la sesión, la investigadora de la Fundación AZTI, experta en nutrición Sara Arranz abordó algo esencial: el pescado, y especialmente el atún, desempeña un papel muy importante dentro de dietas saludables, equilibradas y sostenibles. El atún en conserva constituye además una fuente de proteína segura, nutritiva y asequible para millones de personas.

Precisamente por eso es fundamental proteger la confianza del consumidor. Cada persona debería poder saber con tranquilidad qué producto está comprando, de dónde procede y bajo qué garantías ambientales, sanitarias y sociales ha llegado hasta su mesa. Porque la sostenibilidad no es únicamente una cuestión ecológica; también es una cuestión de salud pública, transparencia y confianza alimentaria.

Y ahí entra en juego una palabra cada vez más importante: trazabilidad.

La trazabilidad permite seguir el recorrido del pescado desde el océano hasta el punto de venta. Es la herramienta que hace posible verificar que el producto procede de actividades legales, controladas y responsables.

Sin embargo, para que esos sistemas funcionen correctamente deben ser eficaces, equilibrados y aplicables en un mercado global enormemente competitivo.

Durante la jornada, Sergio Gallastegui, CEO y fundador de la startup Code Contract SL, analizó los primeros meses de implantación del sistema europeo CATCH –obligatorio para los importadores y las autoridades de los Estados miembro de la UE desde el 10 de enero de 2026–, la plataforma digital impulsada por la Unión Europea para reforzar el control de los productos pesqueros importados y combatir la pesca ilegal.

El objetivo del sistema es positivo y necesario. Nadie cuestiona la importancia de reforzar los mecanismos de control y transparencia para impedir que pescado procedente de actividades ilegales entre en el mercado europeo. De hecho, el propio sector lleva años reclamando más garantías y una lucha firme contra quienes operan al margen de las reglas.

Pero también es importante explicar a la ciudadanía que la implementación de estos sistemas no está siendo sencilla ni uniforme entre los estados miembros de la UE.

Diversas organizaciones pesqueras y de transformación europeas han expresado su preocupación por las dificultades técnicas y burocráticas derivadas de la puesta en marcha de CATCH. La principal inquietud no reside en el objetivo del sistema, sino en que su aplicación pueda terminar generando una pérdida de competitividad para las empresas europeas frente a operadores de terceros países que compiten en el mismo mercado con estándares ambientales, laborales y de control mucho más flexibles.

Y es aquí donde aparece un concepto clave: la necesidad de garantizar unas condiciones de competencia equilibradas y justas.

La clave no está en rebajar el nivel de exigencia europeo, sino en asegurar que ese mismo nivel se aplique de forma efectiva y verificable a los productos importados de terceros países. De lo contrario, el riesgo es evidente: que quienes más invierten en sostenibilidad y trazabilidad acaben soportando la mayor presión administrativa y económica, mientras quienes operan con estándares más laxos acceden al mismo mercado sin asumir costes equivalentes.

Eso no significa renunciar a los controles. Al contrario.

Desde la asociación Bermeo Tuna defendemos firmemente la necesidad de avanzar hacia sistemas de trazabilidad cada vez más robustos, digitales y transparentes; pero también creemos necesario que su implantación sea técnicamente viable y compatible con la competitividad de un sector estratégico para Europa.

Este esfuerzo por acercar la sostenibilidad integral a la sociedad forma parte además de una línea de trabajo más amplia impulsada por nuestra asociación. Sin ir más lejos este pasado mes de mayo, hemos impulsado espacios de diálogo sobre innovación tecnológica, digitalización y conocimiento científico aplicados al sector atunero, abordando cuestiones como la conectividad satelital, la inteligencia artificial, la gestión de datos o los nuevos sistemas de trazabilidad. Porque hoy la sostenibilidad del océano también se construye a través del conocimiento, la tecnología y la capacidad de generar información fiable para mejorar la gestión de los recursos marinos y reforzar la transparencia de toda la cadena de valor.

En la costa vasca conocemos bien esa realidad. Desde Euskadi, históricamente vinculada al mar y a la cadena de valor de túnidos, sabemos que proteger los océanos no es incompatible con mantener una actividad económica sólida, innovadora y generadora de empleo. Es justo lo contrario: no habrá futuro para las comunidades costeras ni para la economía azul sin océanos saludables, y tampoco habrá sostenibilidad real si desaparecen las empresas, los profesionales y el conocimiento que lleva décadas apostando por hacer las cosas bien.

Por eso este debate debe implicar a toda la sociedad.

Porque cuando como consumidores compramos pescado no solo estamos tomando una decisión alimentaria. También estamos apoyando un determinado modelo de producción, de comercio y de relación con los océanos. Por eso conviene fijarse en pequeñas señales al comprar: el etiquetado de origen y de la zona de captura, los sellos de pesca sostenible y la información de trazabilidad que cada vez más productos incorporan.

Y porque, aunque a veces no seamos conscientes, cada lata de atún o de bonito del norte también cuenta una historia sobre sostenibilidad, trabajo, ciencia, innovación y responsabilidad compartida.

Precisamente para seguir ampliando esta conversación entre ciencia, industria, instituciones y ciudadanía, desde Bermeo Tuna estamos empeñados en impulsar espacios de reflexión que tendrán su momento cumbre en el II Bermeo Tuna Forum que celebraremos los días 30 de abril, 1 y 2 de mayo de 2027. Este Forum convertirá Bermeo, Bizkaia y Euskadi en el punto de encuentro internacional para debatir cómo construir el futuro sostenible del atún y de la economía azul desde el conocimiento, la cooperación y la responsabilidad compartida. Desde la mar, para el futuro. Bermeoko Erara!

Rogelio Pozo es CEO de la Fundación AZTI Maitane Leizaola es directora general de Bermeo Tuna