i ya lo decía el Fary, que, cómo iba a ser él machista, si para él "la mujer es lo más bonito del mundo". He escuchado reacciones similares en muchos hombres cuando se han sentido acusados de machistas. Ellos no lo son, te dicen, porque las mujeres para ellos son lo más y te hablan de sus madres y sus abuelas, mujeres sacrificadas que lo han dado todo y dicen que ellas sí que fueron unas heroínas, mujeres de hierro. Y te dicen aquello de que "si nosotros tuviéramos que parir, la humanidad se acaba"; o "vosotras sois mucho más sacrificadas"; o se deshacen de elogios y regalos en el día de la madre; o te dicen "nosotros somos unos cazurros, vosotras sí que sois listas..." Pero, como decía mi abuela, sabia y sacrificada también, "hechos son amores". Porque en el momento de la verdad, resulta que muchos de ellos piensan que organizar una vuelta ciclista de mujeres responde a una moda; o que hay mujeres a las que se les regala algunos puestos solo por ser mujeres; o que las mujeres del primer mundo estamos exagerando porque no hay más que ver qué derechos tienen las mujeres en algunos países; o que nuestra palabra pesa menos que la de un hombre; o que no sabemos muy bien cómo duele la regla a veces y se muestran dispuestos a explicárnoslo. Por supuesto que hay muchos hombres que no piensan así, pero en la mayoría de los casos han tenido que trabajarse sus valores y resetear todo lo que han aprendido desde niños sobre lo que supone ser hombre y ser mujer. Los valores no se cambian con una frase ni con un elogio, hace falta trabajo y voluntad y, sobre todo, hechos. En un tiempo en el que se habla tanto del machismo entre la gente joven, quiero resaltar que he conocido chicos jóvenes que hablan de sus compañeras con un respeto y desde una posición de igual a igual que las mujeres de generaciones anteriores nunca han conocido. Por eso me agarro a esa esperanza, porque quiero que mi hija y todas las mujeres de las próximas generaciones sean algo más que "lo más bonito del mundo". l