Las rotondas dan mucho que hablar. Algunas son complicadas de tomar porque tres carriles se convierten en dos, porque resultan caóticas con mucho tráfico, porque alguien decidió instalar un parque infantil dentro de una de ellas (ocurrió en Soria) o por las indescriptibles esculturas que hay colocadas en muchas de ellas. Pero en general hay que agradecerles que regulan el tráfico de una manera sencilla y que conectan unos lugares con otros. Bueno, no todas.

No conecta con nada

Porque en los últimos días se ha vuelto viral en las redes sociales una rotonda húngara que, directamente, no conecta con nada. Ni carreteras, ni polígonos, ni sentido común. Ahí está, terminada pero abandonada, sin ninguna posibilidad de ser utilizada por un vehículo. Un sinsentido con una historia detrás, porque alguna explicación tenía que tener.

Entre las localidades de Zalaegerszeg y Zalaszentiván, en el oeste de Hungría, se levanta una glorieta perfectamente instalada en medio de un campo vacío. Y no es fruto de una improvisación ni precisamente barata, ya que costó alrededor de 1,25 millones de euros y fue financiada con fondos de la Unión Europea.

Su construcción tenía sentido sobre el papel: debía dar acceso a un futuro centro logístico y terminal de contenedores impulsado por la empresa Metrans. El proyecto formaba parte de un plan más amplio para convertir la zona en un nodo clave del transporte de mercancías en Europa Central, pero el problema es que ese futuro nunca llegó. A día de hoy no hay ni centro logístico ni actividad ni tráfico, porque la pieza clave del proyecto, una conexión ferroviaria necesaria, sigue sin construirse años después.

Así que el resultado de ese despropósito es una infraestructura terminada que no sirve para nada, una rotonda con cuatro salidas que no llevan a ninguna parte, al menos de momento.

De proyecto estratégico a meme global

Lo que podría haber quedado como una anécdota local ha dado el salto a medios internacionales y se ha expandido por las redes sociales, donde sí ha dado vueltas. La imagen de la rotonda aislada, rodeada de tierra y sin coches, ha sido interpretada como un símbolo perfecto de obras públicas mal coordinadas y promesas incumplidas.

Además, el caso ha cobrado fuerza en un contexto político delicado. Hungría lleva tiempo bajo el foco por un uso de fondos europeos criticado por su falta de transparencia, algo que se espera que cambie tras la reciente derrota en las elecciones del primer ministro ultraderechista Viktor Orban.