La relación entre profesores y alumnos ha cambiado mucho de un tiempo a esta parte. Antes los primeros tenían una autoridad que hoy no tienen, y muchos lamentan que no pueden realizar una corrección, una crítica o un reproche a los estudiantes sin que estos se rebelen o sin que los padres quieran tomar represalias. E incluso denuncian un crecimiento de las agresiones a docentes. Esa pérdida de respeto a su figura se refleja en un correo electrónico viral que ha compartido en la red social Threads un profesor universitario de inglés y que ha tenido muchísima repercusión.

"Estoy ojiplático"

Se llama (o se hace llamar) Mike y ha subido una captura del email de una alumna, por supuesto borrando sus datos personales para que no se la pueda identificar. “Este es el correo que he recibido esta mañana de una alumna de la universidad. ¿Qué os parece? Yo aún estoy ojiplático, y lo peor de todo es que no sé cómo dirigirme a ella ahora por correo o quizás debería convocarla a una tutoría y hablar en persona”, escribe en el post, mostrando sus dudas sobre cómo responder.

Viendo el contenido se entienden sus palabras. Porque el texto del correo es duro, impropio de una alumna dirigiéndose a un profesor universitario. Tras un saludo estándar, la estudiante entra rápido en materia: califica la corrección de la prueba de writing que el docente ha calificado on line de “bastante lamentable” y asegura que no esperaba “algo así para nada”.

"Me has corregido al azar"

A partir de ahí, el correo va subiendo de intensidad. “Me parece que la corrección es súper estricta y que no tienes mucha idea de lo que intentaba expresar porque el nivel de inglés es infinitamente más alto de lo que refleja esa puntuación que me has plantado”, escribe la joven, que deja caer que, tras comparar su texto con el de otros compañeros, no entiende de dónde salen los puntos que le han restado.

A continuación lanza una acusación muy directa: “Me da la sensación de que me has corregido al azar. Me parece que el criterio que usas es totalmente subjetivo y me estás fastidiando la media de la carrera por puro capricho. No tengo ninguna intención de confirmarme con una nota que claramente está mal”.

Cierre con recado

Por si quedaba alguna duda del tono, el final del correo no suaviza nada. La alumna pide, más bien exige, que se revise la nota. “Dime cuándo vas a volver a mirarlo para subirme la nota de una vez, porque me corre prisa tenerlo bien en el sistema y no quiero estar pendiente de esto más tiempo”.

Y añade una frase que es la que probablemente ha hecho que el mensaje acabe donde ha acabado: “Espero que lo reconsideres y lo cambies tú mismo para que yo no tenga que ir por allí a perder mi tarde explicándote cómo se escribe un texto de este tipo. Ya me dirás cuando lo hayas arreglado”, finalizando, dando por hecho que el profesor le subirá la nota.

El post con la captura del email.

El post con la captura del email. Threads (@mikeporsiacaso)

Más de mil comentarios

Como suele pasar, la publicación no ha tardado en llenarse de reacciones en redes sociales, con más de 1.000 comentarios en el conocido como “Twitter de Instagram”. Muchos giran en torno al tono “soberbio”, “demasiado directo” y “desagradable”, mientras otras ponen el foco en un debate más amplio: hasta qué punto han cambiado las formas a la hora de dirigirse a docentes. Y unos cuantos le aconsejan que si se reúne con la alumna para revisar el examen lo haga con alguna otra persona como testigo o grabando el encuentro.