El Baskonia recibió este viernes en el Buesa al Hapoel Tel Aviv, equipo israelí que al igual que el Maccabi no despierta ningún tipo de simpatía en la capital alavesa, en un partido de Euroliga disputado en la más absoluta clandestinidad. La jornada, que había arrancado con una protesta contra Israel desde el centro cívico de Iparralde a las 18:30 horas, estuvo marcada por un amplio y visible dispositivo de seguridad que condicionó tanto los accesos como el ambiente en los prolegómenos.

Desde las horas previas, la presencia policial fue notable. La Ertzaintza desplegó tres furgones y más de diez agentes, algunos visibles en varios anillos del interior del pabellón. Además, el club contó con su propio personal de seguridad y varios agentes encubiertos patrullaron tanto las inmediaciones como el interior del Buesa. 

El acceso estuvo completamente controlado: únicamente se permitió la entrada a los presentes con acreditación, que fue revisada en varias ocasiones a lo largo del recorrido, con controles minuciosos y sin margen para accesos no autorizados.

Un Buesa vacío por la visita de Hapoel Alex Larretxi

El entorno del pabellón presentó una imagen muy distinta a la habitual en una cita europea. No se registraron aglomeraciones en los accesos ni el trasiego constante de aficionados en las inmediaciones, y el ambiente en los prolegómenos estuvo presidido por la frialdad y la ausencia de público, en contraste con lo que suele ser un día de partido en el Buesa Arena. A diferencia de tantas y tantas noches donde algún rezagado se incorpora con el partido ya iniciado, lo único positivo es que en esta ocasión no hubo atascos que hicieran más pesado el trayecto hacia la cancha de Zurbano.

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Maccabi Hapoel Kanpora: centenares de personas marchan en Gasteiz Alex Larretxi

Gradas vacías

Dentro del recinto, la sensación de excepcionalidad se reforzó. Las gradas permanecieron desiertas y la actividad se limitó a los perfiles imprescindibles: unas 20 personas de prensa, nueve en la mesa de anotación, cuatro operarios de pista, personal técnico, el speaker, la directiva baskonista en el palco y la presencia de la Ertzaintza en el interior. Además, se autorizó el acceso a familiares de los equipos, en un número reducido que no superó las 50 personas, lo que contribuyó a un ambiente inusualmente íntimo y silencioso.

La presentación del equipo baskonista transcurrió en un ambiente especialmente frío. No hubo aplausos colectivos ni silbidos al rival; solo algunas palmas aisladas, insuficientes incluso para imponerse a la voz del speaker, que ganó protagonismo en ausencia de público. 

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En imágenes: Kosner Baskonia 118-109 Hapoel Tel Aviv Alex Larretxi

La mascota Aker tampoco estuvo presente, y el tradicional ritual de palmas que suele acompañar al equipo hasta el inicio del partido no se pudo realizar. En su lugar, el DJ seleccionó clásicos musicales como Imagine de John Lennon y Haven is a Place on Earth, himnos que invitan a imaginar un mundo en paz, en un contexto especialmente simbólico para este escenario.

Con el pabellón vacío, cada sonido se percibió con una nitidez poco habitual: las protestas de los jugadores a los árbitros, las indicaciones de los entrenadores o la cuenta atrás de las posesiones, cantada desde el cuerpo técnico, resonaron con más claridad que nunca. El baloncesto se volvió más audible, más directo y táctico, prácticamente sin filtros.

Silencio absoluto

Los tiempos muertos y los descansos entre cuartos tampoco rompieron la sensación de calma. No hubo entretenimiento en pista ni animación en la grada; únicamente la música del DJ y las voces de jugadores y técnicos se mezclaron con el sonido de los pasos sobre el parqué. Los triples, independientemente del equipo que los anote, no provocaron reacción: apenas hubo celebraciones, gritos de ánimo, por no hablar de abucheos. 

Un Buesa vacío por la visita de Hapoel Alex Larretxi

El silencio solo se quebró de forma puntual, generalmente desde el banquillo baskonista. El partido, en realidad, empezó mucho antes del salto inicial. Lo hizo en el trayecto hacia el pabellón, donde ya se percibió que algo había cambiado; continuó en los accesos, en los controles y en los pasillos vacíos, y se instaló definitivamente en la pista, donde el baloncesto se desarrolló sin su elemento más característico: el público. Este viernes, en el Buesa Arena, el silencio no fue una anécdota, sino el verdadero protagonista.

Durante los descansos, se echaron de menos las escenas habituales: largas colas en los bares para comprar perritos calientes o palomitas, comentarios de los presentes como “¿de qué es tu bocata?” o “Bocata de tortilla, eh”, y el inconfundible sonido del papel de aluminio. La ausencia de la multitud transformó el ambiente, ofreciendo un duelo más íntimo, casi cinematográfico, donde cada gesto y cada sonido adquirieron una dimensión diferente.