No es ningún secreto que Mendizorroza va a resultar un factor clave para que el Deportivo Alavés consiga la permanencia en Primera División y este sábado respondió mostrando su mejor imagen cuando el equipo más lo necesitaba. 16.167 almas, alguna menos restando el centenar de seguidores del conjunto bermellón, se dejaron la voz en la grada y alentaron a un Glorioso al que se le pusieron las cosas muy en contra en el arranque.

Los ajustes de Quique Sánchez Flores en el descanso tuvieron mucho que ver en la remontada, sí, pero no se entiende que el equipo se repusiera al golpe anímico de la primera parte sin la fe y el empuje de sus incondicionales.

La lesión de Lucas Boyé en el arranque fue todo un jarro de agua fría para la afición local, que si bien llegó algo tarde a sus asientos, no tardó en teñir de azul y blanco las gradas de Mendizorroza. En cuanto el atacante argentino se llevó la mano a la parte posterior del muslo izquierdo y cayó al suelo, el silencio se hizo en la grada, consciente de lo que implicaba perder al gran referente ofensivo del equipo en este momento de la temporada.

Fue el único momento de silencio, ya que durante el resto del partido el feudo babazorro no dejó de animar. Ni siquiera tras el golazo de Virgili en el minuto 17, al que la grada de animación respondió cantando el “Vamos, que hoy hay que ganar; nunca dejes de animar”.

Los seguidores no bajaron los brazos, pitaron cada posesión del Mallorca y se fueron creciendo cada vez que el Alavés se acercaba al área rival. Tras el empate de Toni Martínez, el estadio fue una caldera y ayudó a que el balón entrara en el segundo gol tras rebotar en David López. Con el pitido final, Mendizorroza estalló en júbilo y celebró el triunfo por todo lo alto, entonando el himno al unísono y saltando de espaldas junto al equipo, que dio una vuelta de honor al campo al terminar.