Cuando Denis Suárez llegó al Deportivo Alavés el pasado verano, lo hizo con un mensaje claro: el equipo debía "dar un paso más". No conformarse con la permanencia, sino mirar más arriba. Era una declaración de intenciones que comprometía tanto al club como al propio futbolista, porque uno no puede exigir más al colectivo sin exigírselo antes a sí mismo.
El conjunto babazorro ha asegurado su continuidad en la máxima categoría, que siempre es un éxito, pero ese escalón extra que Denis abanderaba desde el primer día no ha llegado. Y, en esa cuenta pendiente, el centrocampista gallego, con contrato en el Paseo de Cervantes hasta 2027, también tiene su parte de responsabilidad.
Los números de la campaña recién concluida son los de un futbolista presente, pero no determinante: 32 partidos, un gol, dos asistencias y 1.581 minutos entre Liga y Copa. Un balance, probablemente insuficiente, que le coloca como el cuarto centrocampista en participación del plantel, por detrás de Antonio Blanco, Pablo Ibáñez y Carles Aleñá. El talento nadie se lo discute. La irregularidad, tampoco.
CUESTIÓN DE ALTIBAJOS
La trayectoria de Denis esta temporada ha sido un fiel reflejo de esa contradicción. En noviembre llegó a encadenar tres titularidades consecutivas –Rayo Vallecano, Espanyol y Girona– con un rendimiento que levantó expectativas. Tenía el balón, combinaba con criterio, imponía su categoría. Parecía que el gallego había encontrado su sitio. Sin embargo, el fútbol le devolvió a la realidad poco después: lento con la pelota, incapaz de ayudar al equipo a superar las líneas de presión rival, sus apariciones de inicio dejaron más dudas que certezas durante buena parte del invierno.
Lo más llamativo de su temporada, con todo, no ha sido su rendimiento en sí, sino el contexto en el que se ha producido. Eduardo Coudet fue el principal valedor de su fichaje, pues lo conocía de sus años en el Celta y apostó por él con convicción desde el primer día. Denis debutó como babazorro apenas un día después de llegar a Vitoria-Gasteiz, entrando desde el banquillo en el partido ante el Atlético de Madrid en Mendizorroza.
La confianza del Chacho era total. Y, sin embargo, cuando Coudet abandonó el club en marzo rumbo a River Plate, Denis encontró su versión más convincente. Bajo las órdenes de Quique Sánchez Flores, el gallego ha sido uno de los futbolistas que mejor ha acabado la temporada. Ante el Barça apareció cuando el juego lo necesitaba: un toque en el momento justo, una diagonal para abrir espacios, paciencia para ordenar al equipo.
Incluso aportó en labores defensivas, una faceta que él mismo reivindica y que a menudo queda sepultada bajo la etiqueta de futbolista técnico. La paradoja quedaba consumada: el entrenador que no le fichó fue capaz de sacar más partido de él en pocas semanas que quien le convenció de recalar en Mendizorroza.
Hay un matiz importante en todo esto, y es que Denis ha rendido mejor como revulsivo que como titular. Desde el banquillo, con los partidos abiertos, los rivales con menos energía y más espacios disponibles, su calidad marca diferencias. En los compromisos ante Osasuna y el Celta, su entrada fue determinante para cambiar las tornas. Como titular, en cambio, le cuesta más imponer su ritmo, someterse a las exigencias físicas de los noventa minutos y mantener la intensidad.
UN SEGUNDO AÑO PARA CRECER
Como se ha mencionado, Denis Suárez cuenta con contrato hasta 2027 y tiempo por delante para demostrar que la promesa del "paso más" también va por él. Tiene 31 años, experiencia de sobra y la confianza renovada de Sánchez Flores que ha sabido sacarle partido. El reto ahora es dar continuidad a esa versión de final de temporada durante los diez meses completos de una campaña.
Para ello necesitará mejorar en regularidad, en intensidad defensiva cuando le toca salir de inicio y, sobre todo, en cifras. Él mismo reconoció en su momento que quería "hacer más goles y asistencias". Un gol y dos asistencias en 32 partidos está por debajo de lo que su talento promete. El Alavés necesita más de él, y él lo sabe.
La segunda temporada siempre es la del veredicto, mientras que en la primera está el paraguas de la adaptación. Denis llega a ella con el respaldo del cuerpo técnico, con el conocimiento del vestuario y con una idea clara de lo que quiere. Ahora solo falta demostrar sobre el césped y que el fútbol le dé la razón, aunque todavía desconoce quién será su competencia en esa sala de máquinas. La continuidad de Blanco está en el aire y Jon Guridi aún no ha respondido a la oferta de renovación.