El Deportivo Alavés nunca ha ganado un Campeonato de España. Ese torneo que hoy se conoce como Copa del Rey, pero que a lo largo de su historia ha recibido varios nombres. Así lo manifiesta la versión oficial. Aquella que figura en los libros, la que repiten las estadísticas y la que asumen los propios aficionados babazorros. La vez que se estuvo más cerca de levantar ese trofeo fue en 2017, en la final ante el Barcelona en el Vicente Calderón. Se perdió, y alzarse con un título nacional mayor sigue siendo una asignatura pendiente para el club. O eso dice el relato.
La realidad, sin embargo, podría ser otra. El 26 de junio de 1938, en el campo de San Juan de Iruñea, el Glorioso se proclamó campeón de la Copa Brigadas de Navarra, un torneo organizado en plena Guerra Civil por la Federación Española de Fútbol, con sede en Donostia. Una federación, nacida en el bando sublevado en junio de 1937 y que en 1939 se convertiría en la actual RFEF. El mismo organismo que, 86 años más tarde, en 2023, reconoció como oficiales la Copa de la España Libre ganada por el Levante en 1937 y la Copa España de 1912, conquistada por el Deportivo.
Tras una gran liguilla, el Alavés venció al Real Unión y el Oriamendi, en semifinales y final, para acabar alzándose con el título
Si aquellos trofeos, disputados en contextos igual de excepcionales, merecieron reconocimiento en la actualidad, ¿por qué no sería acreedor de ello también la Copa Brigadas de Navarra? Es cierto que el nombre, con su evidente carga política y militar, no resulta atractivo. Pero un título no se define por su denominación, sino por lo que ocurrió en el terreno de juego. ¿Acaso el Athletic, por ejemplo, reniega de las nueve Copas del Generalísimo que figuran en su palmarés? Tal vez haya llegado el momento de que el Alavés reclame este éxito nacional que le falta.
UN BALÓN ENTRE DOS ESPAÑAS
La Guerra Civil dividió el país en dos y el deporte no fue una excepción. Dada la nula opción de que ambas partes se reconciliaran, surgieron dos federaciones de fútbol: la republicana, heredera de la original, operaba desde Barcelona. Y la del bando sublevado, como ya se ha mencionado, se constituyó en junio de 1937 en Donostia. Algo con lo que la FIFA prefirió no complicarse. En septiembre de aquel año, el organismo internacional otorgó a una y otra el derecho a organizar competiciones oficiales en su ámbito territorial.
Cada federación dominaba su parcela. La del bando franquista controlaba doce federaciones regionales y, la republicana, apenas cuatro. Pero en ambos lados había fútbol. En la zona mediterránea se disputó una Liga y la Copa de la España Libre que acabaría ganando el Levante. En la zona nacional, el proyecto estrella fue un torneo de Copa concebido inicialmente como la Copa de la España Liberada, aunque acabaría cambiando de nombre para rendir homenaje a unas fuerzas militares decisivas en la campaña del norte: las Brigadas de Navarra.
La Copa Brigadas de Navarra fue el proyecto estrella de la federación española de entonces, precursora de la actual
Vitoria, por supuesto, no fue ajena a nada de aquello. La capital alavesa cayó entre el 19 y el 20 de julio de 1936 y llegó a albergar dos ministerios del gobierno franquista, los de Justicia y Educación en febrero de 1938. El Alavés, inmerso en aquel contexto, disputó su último partido oficial antes del parón bélico el 5 de julio de 1936, una final de la Copa Guipúzcoa frente al Trincherpe que perdió 2-0. No volvería a competir de manera formal hasta casi dos años después, el 13 de febrero de 1938, precisamente en la primera jornada de la Copa Brigadas de Navarra.
LA COPA QUE GANÓ EL ALAVÉS
La Copa Brigadas de Navarra fue presentada por la Federación Guipuzcoana, a la que la española –con sede en la misma ciudad– confió su organización. Y lo hizo con un manifiesto inequívocamente ligado al momento histórico, en el que se definía como la primera competición oficial organizada dentro del bando sublevado. Sus fines, además de deportivos, eran benéficos: la recaudación se destinaba a la obra Frentes y Hospitales. Por entonces, a la sociedad española todavía le quedaba por sufrir otros casi dos años de guerra.
Este torneo, cabe destacar, no fue un campeonato menor. Participaron siete equipos: el Alavés, Donostia (Real Sociedad), Real Unión, Osasuna, Deportivo Logroño, Tolosa y Oriamendi de Barakaldo. Es decir, un cuadro irundarra que acumulaba cuatro títulos de Copa en su palmarés; un txuri-urdin que había levantado ese mismo trofeo en su etapa como Club Ciclista de San Sebastián; y dos plantillas de enorme nivel como la de la escuadra navarra o la vizcaína, que reunía exjugadores del Athletic –rechazó participar–, Valencia y Arenas. Un caché indiscutible.
LAS BRIGADAS DE NAVARRA, CONTEXTO
Las Brigadas de Navarra fueron las principales fuerzas de choque del ejército franquista durante la Guerra Civil. Creadas por el general Mola y comandadas por el general Solchaga, protagonizaron la Campaña del Norte entre la primavera y el otoño de 1937, una ofensiva sobre la cornisa cantábrica que acabó con la caída sucesiva de Bilbao, Santander y Gijón. Su actuación resultó decisiva para que el bando sublevado consolidara el control de la zona septentrional de la península. El torneo que lleva su nombre se concibió como homenaje a esas fuerzas, en un contexto en el que deporte y propaganda bélica caminaban de la mano.
El formato constaba de dos fases: una liguilla a doble vuelta entre los siete participantes, de la que se clasificaban los cuatro primeros, y una eliminatoria de semifinales a doble partido con final a encuentro único. La primera jornada se disputó el 13 de febrero de 1938 y el Alavés arrancó de la peor manera posible: una contundente derrota 7-2 frente al Oriamendi en San Mamés. El equipo de Barakaldo, liderado por Mundo, que firmó cuatro goles, arrolló a los albiazules en una segunda parte en la que encajaron cinco tantos en apenas media hora.
Pero aquel tropiezo inicial no hacía justicia a la realidad de un club albiazul con una plantilla de élite. Baltasar Albéniz ejercía la doble función de jugador y entrenador; Pepe Mardones, de regreso tras jugar en el Real Madrid, era el capitán; y había otros grandes nombres como los de Jacinto Quincoces, Manolo Olivares, Luis Urquiri, Fede Saiz o Langarica. Muchos de ellos recalaron en Vitoria-Gasteiz buscando estabilidad en una ciudad que, conquistada desde los primeros días del golpe, ofrecía cierta normalidad dentro de lo que supone vivir una guerra.
Tras la derrota inaugural, el Alavés no volvió a perder. En once partidos solo cedió un empate ante el Donostia (2-2) en Atocha, y se clasificó primero para la fase final. Olivares, con 15 goles, fue el máximo realizador babazorro en el torneo, seguido de cerca por Iriondo, que firmó 14. En semifinales, los vitorianos eliminaron al Real Unión con un global de 7-4. Fue una eliminatoria vibrante, que se decidió en el partido de vuelta, ganando el Glorioso por 4-5 en el Stadium Gal. Así se eliminó a uno de los grandes favoritos para llevarse el trofeo.
La gran se final se disputó el 26 de junio de 1938, en el campo de San Juan de Iruñea, envuelta en toda la parafernalia propagandística de la época: misa por el general Mola, creador de las Brigadas, ofrenda floral ante su tumba y presencia militar en las gradas. El rival volvía a ser el Oriamendi, aquel equipo que había goleado al Alavés en la primera jornada. Pero, esta vez, el guión fue distinto. Hubo revancha. Olivares adelantó a los albiazules en el minuto 30, Bata empató poco después y, cuando el partido parecía encaminarse a la prórroga, el balear volvió a aparecer en el minuto 81 para poner el 2-1 definitivo. El teniente coronel Julián Troncoso, en representación del general Solchaga, entregó el trofeo a Mardones.
SI A OTROS SE LES RECONOCIÓ
Como se ha avanzado, el Alavés no sería el primer club en ver reconocido como nacional un título nacido en circunstancias excepcionales, como fue la Copa Brigadas de Navarra. En marzo de 2023, la Real Federación Española de Fútbol oficializó dos trofeos que llevaban décadas en el limbo de la historia: la Copa de la España Libre, ganada por el Levante en 1937, y la Copa España (Concurso España) de 1912, conquistada por el Deportivo. Ambos casos sentaron un precedente que, inevitablemente, invita a mirar hacia Vitoria-Gasteiz.
El del Levante es el más parecido al del Glorioso. Su copa se disputó en plena Guerra Civil, en la zona republicana, organizada por la Federación Española de Fútbol que operaba desde Barcelona. Participaron otros tres equipos (Valencia, Espanyol y Girona) en una liguilla con final en el estadio de Sarriá, donde los granotas se impusieron 1-0 a los che. Durante décadas, aquel éxito cayó en el olvido hasta que un grupo de aficionados e investigadores del club rescató la historia, localizó el trofeo original y emprendió un largo proceso de reivindicación. La federación, entonces con Luis Rubiales, terminó por darle carácter oficial.
El campeonato otorgado al Dépor se decidió en un único partido; y en el del Levante participaron solo cuatro equipos
El caso del Deportivo resulta, si cabe, aún más llamativo para la causa alavesista. La Copa España de 1912 consistió en un único partido: una final contra el Vigo FC que los coruñeses ganaron 4-3. Un solo encuentro, sin fase previa, sin liguilla, sin semifinales. Y, sin embargo, la RFEF lo reconoció como título oficial de máxima categoría del fútbol español, elevando el palmarés del club gallego de seis a siete. La investigación del periodista Rubén Ventureira Novo, plasmada en un libro, fue la base sobre la que se sustentó la reclamación.
Ambos reconocimientos llegaron la misma semana y comparten una característica esencial con la Copa Brigadas de Navarra: fueron torneos disputados en contextos extraordinarios, organizados por federaciones reconocidas por la FIFA en su momento y con equipos de nivel contrastado. Con una diferencia notable: la Copa Brigadas reunió a siete clubes, se prolongó durante más de cuatro meses con liguilla, semifinales y final, y enfrentó a conjuntos con palmarés de Copa como el Real Unión o la Real Sociedad. En términos de formato y competitividad, el torneo que ganó el Glorioso fue igual o más exigente que el del Levante o el Deportivo.
DECISIÓN DEL CLUB
El Alavés nunca ha reclamado ese título, y apenas unos pocos aficionados y algún historiador local mantienen viva la memoria de aquella copa. Es probable que el nombre del torneo, vinculado a unas fuerzas militares del bando franquista, no facilite la reivindicación. No obstante, el reconocimiento de un éxito así no implica la exaltación de su contexto político. Se trata de hacer justicia deportiva con la historia. Y el club tiene precedentes suficientes como para pelear por ello.
Si la RFEF reconoció como título nacional una copa decidida en un único partido y otra disputada por cuatro equipos en zona republicana, ¿qué impide hacer lo mismo con un torneo de siete participantes, organizado como apuesta fuerte por su propia predecesora y en el que el Glorioso hizo méritos en el campo durante 15 encuentros?