- El fútbol es un deporte que se vive en constante tensión. El temor a que uno de los jugadores de tu equipo cometa un error decisivo o la esperanza de que el delantero que viste tu misma camiseta acierte en una acción trascendental son -entre otros muchos- dos sentimientos inherentes para todos los aficionados que viven al máximo este deporte. Por fortuna, a lo largo de los partidos siempre hay momentos de tranquilidad para respirar y bajar las pulsaciones. Momentos que, en ocasiones, llegan con la intervención en el juego de esos futbolistas con capacidad para acaparar tanto las miradas de su propia afición como las de la rival.
El ascenso a la máxima categoría que consiguió el Deportivo Alavés hace ya más de cuatro años, le ha dado la oportunidad al público babazorro de disfrutar en las últimas temporadas de jugadores superlativos. Sobre el césped de Mendizorroza y, además, vistiendo la camiseta albiazul, han pasado jóvenes talentos como Theo, Munir o Llorente, protagonista de este artículo, que ningún alavesista se hubiera imaginado ver cuando, no mucho antes, había presenciado cómo su equipo empató contra el La Muela -y similares- en la tan complicada Segunda B. Este domingo, el Glorioso viajará a Madrid para enfrentarse al Atlético en el Wanda Metropolitano y se volverá a encontrar con el que para muchos es uno de los protagonistas con más talento que han pasado por el club vitoriano.
Marcos Llorente llegó cedido al Deportivo Alavés procedente del Real Madrid en la temporada 2016-17. El centrocampista madrileño tenía entonces 19 años y, a pesar de su evidente potencial, aún no había disfrutado de continuidad en ninguna categoría superior a la División de Bronce. No fue titular en aquella primera jornada en el Vicente Calderón, donde Manu García rescató un punto con un auténtico golazo, pero, a partir de ahí, se convirtió en un fijo de los esquemas de Mauricio Pellegrino. Su contundencia, eficacia y resistencia en la faceta defensiva y su facilidad para sacar el balón jugado desde atrás le transformaron en el eje central perfecto para un recién ascendido que, más allá de lograr una plácida salvación, alcanzaría la final de Copa.
Asimismo, Llorente fue capaz de hacer fácil algo que, en la actualidad, tan complicado parece ser en Mendizorroza y que ninguno de los mediocentros que han pasado por la escuadra gasteiztarra desde su marcha han logrado: ser la unión y, al mismo tiempo, la sujeción entre las líneas más atrasadas y adelantadas de la formación. Además, retomando la reflexión comentada al principio, el madrileño emergió como el mayor ejemplo de futbolista visto en Vitoria con capacidad para reducir la tensión de todo el respetable. Porque cuando él cogía el balón, cualquier miedo desaparecía sin dejar rastro. Nada podía salir mal con el Marqués -apodado por la afición albiazul- al mando de la medular y su presencia actuaba como un sedante dulzón que se consume sin rechistar.
No obstante, su excelente temporada en la capital alavesa no fue suficiente para ganarse la confianza de Zinedine Zidane. El técnico francés no había apostado por Llorente en su etapa con el filial y nada iba a cambiar mientras él estuviera al frente del Real Madrid. ¿El resultado? Dos temporadas de -casi- vacío para uno de los jugadores españoles con más potencial que, además, había sido el mayor recuperador de LaLiga con el Alavés. Por suerte, el mercado estival de la pasada temporada supuso un antes y un después para el madrileño. Tras más de una década defendiendo la camiseta merengue, optó inteligentemente por dejar su casa en busca de nuevas oportunidades y fichó por el Atlético de Madrid del Cholo Simeone. Sus primeros pasos como colchonero fueron exigentes y no contó con excesivas oportunidades debido a la competencia en el centro del campo, pero todo cambió el 11 de marzo de 2020. Aquella noche, en la vuelta de los octavos de final de la Champions League, Llorente saltó al césped de Anfield sustituyendo a Diego Costa y se convirtió en el héroe rojiblanco del feudo inglés gracias a dos tantos inesperados en los últimos minutos de la prórroga.
Desde aquel día, la importancia de Marcos en los planes de Simeone ha sido infinitamente superior. Eso sí, no en el perfil que todo alavesista conoce por su paso por Gasteiz. En la actualidad, ese mediocentro con una clase especial -y escasa llegada al- que jugó en el Glorioso se ha convertido en uno de los jugadores más polivalentes de la competición y ya destaca hasta por su faceta goleadora. Puede jugar de mediocentro, interior, mediapunta, delantero e incluso, si el técnico argentino lo necesita, también de lateral como el pasado miércoles en Stamford Bridge. La confianza en él es tal que, si Oblak sufriera algún percance, el Cholo probablemente se plantearía ponerlo bajo los palos.
Empates y derrotas. Desde que el Deportivo Alavés regresó a la máxima categoría, el único de los tres gigantes del fútbol español que no ha sido derrotado es el Atlético de Madrid. El Barça cayó en la primera campaña con un emocionante 1-2 -goles de Deyverson e Ibai Gómez- en el Camp Nou y el Real Madrid sucumbió frente al 'Glorioso' en Mendizorroza (1-0 en la 17-18) y en el Alfredo Di Stéfano (1-2 en la presente temporada). En lo referente al conjunto rojiblanco, el balance albiazul en los últimos cinco cursos es de seis derrotas y tres empates entre los que destaca el primero de todos. El Alavés inició en el Vicente Calderón su actual etapa en Primera y, contra todo pronóstico, arrancó su temporada con Mauricio Pellegrino con un empate a uno gracias a un remate lejano de Manu García que sorprendió a Oblak y volvió a poner en el marcador la igualada rota minutos antes por Gameiro desde el punto de penalti.