Sorprendió a propios y extraños José Carlos Granero con un planteamiento táctico en el que se apostaba por dos centrales. Todo estaba estudiado para incluir esta variante que parecía dar al equipo un perfil excesivamente defensivo. Una idea muy parecida fue la que le permitió al Eibar imponerse en Amorebieta, siendo el de Manix Mandiola el único equipo que ha conseguido llevarse los tres puntos de Urritxe. Además, lo que parecía una apuesta defensiva de inicio no lo fue tal, ya que la profundidad de Óscar Rubio y Salcedo en los laterales se convirtió en un arma muy poderosa que desarboló por completo al conjunto vizcaíno. Desgraciadamente, esta apuesta que tan buenos resultados dio en el arranque del partido se perdió con el 0-2 y la defensa se acabó convirtiendo en una línea de cinco hombres a los que comenzaron a acumulárseles los problemas.

El Alavés se convirtió ayer en un claro ejemplo para explicar la diferencia entre un metro más arriba o un metro más abajo. El mismo concepto táctico, el de los tres centrales, pero con dos lecturas completamente diferentes. Mientras que de inicio el cuadro albiazul fue agresivo y apostó por las constantes incorporaciones al ataque de Óscar Rubio y Salcedo, protagonistas destacados en las dos jugadas que supusieron los goles de Casares y Sendoa, en cuanto la ventaja en el marcador fue evidente los dos laterales pasaron de ser piezas ofensivas a defensivas.

Con el planteamiento inicial el Alavés se adueñó del centro del campo y se hizo amo y señor de los balones divididos y de las segundas jugadas, desarbolando así por completo al Amorebieta. Tras verse por delante con la cómoda renta del 0-2, los dos laterales se ataron a los centrales e, incluso, Lázaro se incrustó en esa última línea para llegar a conformar una zaga de seis hombres, quedando el equipo a merced de un rival que aprovechó el repliegue.