Durante tres días han abandonado Madrid y las aulas del Real Conservatorio Profesional de Danza Mariemma para acudir a la capital alavesa. Eso sí, el objetivo es el mismo allí y en el Conservatorio Municipal de Danza José Uruñuela: trabajar con quienes se están formando en un sector que tanto Juan Carlos Ajenjo como Sonsoles Jiménez conocen a la perfección. “Intercambiar conocimientos y también energías e ilusiones con el alumnado y el profesorado de aquí es un enriquecimiento tremendo” apunta ella sobre esta visita tan fugaz como productiva. “Es poco tiempo e intentas dar todo lo posible para conectar y aportar”, añade él.
Durante su estancia en el centro ubicado en la plaza de las Provincias Vascongadas, ambos están en contacto con el alumnado de Enseñanzas Profesionales, incluyendo, por supuesto, a quienes a finales de este curso tendrán que abandonar el Uruñuela para afrontar, si dan el paso, su última etapa de profesionalización. Es decir, ya ven de cerca un mercado laboral que, por desgracia, es precario e inestable, por lo menos en la escena estatal.
Una carrera de fondo
“La cuestión es no desistir. Esto es una carrera de fondo y seguro que a lo largo de los años de estudio has pensado en dejarlo o no. Eso pasa en esta profesión y en muchas otras. Pero, al final, esta es una profesión muy vocacional. E igual no estás bailando pero sí encuentras otros caminos como ser profesor, coreógrafo, iluminador, regidor...” explica Ajenjo, que también pone en valor, aunque al final la danza no sea un trabajo, el hecho de formarse como “un público exigente”.
Según dice, “a nuestro alumnado le solemos decir que hay un hueco y una compañía para todos y cada uno de los estudiantes que hay, ya sea en Madrid o en cualquier otro sitio. Es cuestión de buscar tu lugar”. Claro que para hacer ese camino se necesita una formación a la altura, algo en lo que ambos se afanan desde Madrid.
“Conozco casos de chicos que desean bailar pero que se ven sometidos a una presión social que lo hace todo muy duro”
La de enseñar es una profesión, como describe Jiménez, que, por lo menos en su caso, tiene que ver mucho con la pasión. “Por supuesto, los ejercicios son importantes y vitales, pero lo relevante es cómo haces llegar eso, la manera en la que te conectas con el alumnado. Nosotros vivimos un momento en el que la educación era muy lejana, sin cercanía”, un panorama distinto al que ella quiere desarrollar.
“En la danza ha habido un cliché respecto a cómo comportarse con el alumno: tienes que ser frío, distante”, comenta Jiménez. “Por suerte, a nivel pedagógico se ha cambiado mucho”, añade Ajenjo. “El alumno percibe tu pasión y tu vocación. Desde ahí, enseñar es una maravilla porque ningún día es igual a otro”.
“A nuestro alumnado le solemos decir que hay un hueco y una compañía para todos y cada uno de los estudiantes que existen”
Les está sucediendo también así en estas jornadas en Gasteiz. “Ante todo, esperamos poder compartir con el alumnado el disfrute de bailar, y satisfacer esas ganas de conocer otros profesores, otras maneras de trabajar” aunque al final “las correcciones que puedas hacer sean las mismas que harían sus profesores habituales aquí”, dice con una sonrisa Ajenjo.
Ellos
Al final, de lo que se trata, tanto en estos días en el José Uruñuela como en su labor en Madrid, es de transmitir “nuestra pasión por esta profesión, que es tan dura y, al mismo tiempo, tan bonita”, comenta el bailarín y profesor. Un trabajo en el que, por lo menos aquí, es complicado encontrar chicos que decidan formarse en danza.
“Todavía hay mucho cliché, mucho prejuicio. Conozco casos de alumnos que lo desean, que quieren, pero que se ven sometidos a una presión social que lo hace todo muy duro. Y me vais a perdonar, pero en provincias es incluso peor. La labor que se hace en todos los conservatorios de este país es encomiable. Pero muchas veces no encuentran el apoyo real, por ejemplo, de políticos a los encanta sacarse la foto y a los que se les llena la boca diciendo algunas cosas”.
En este sentido, Ajenjo remarca que “está más que probado que cuando hay espectáculos de danza, se llenan. La gente quiere consumir y quiere ver danza. Me parece una lástima que todo lo que se invierte con dinero público en conservatorios, el talento y el potencial que se genera, al final se tenga que ir fuera de este país”.