Bernardo Montoya culpa a su expareja de matar a Laura Luelmo

El acusado de la muerte de la profesora en Huelva se declara inocente en la primera sesión del juicio

15.11.2021 | 23:28

Huelva – Bernardo Montoya, acusado de la agresión sexual y el asesinato de la joven zamorana Laura Luelmo en diciembre de 2018 en El Campillo (Huelva), se declaró inocente durante la primera sesión del juicio, que se celebrará a puerta cerrada, y en la que culpó a una expareja de la muerte de la víctima.

Montoya llegó a la Audiencia de Huelva, procedente de la prisión de Huelva, donde lo esperaban numerosos profesionales de los más de 35 medios de comunicación acreditados para la cobertura del juicio, además de varias personas que le increparon al grito de "asesino" y "criminal".

Lejos de querer ocultar o agachar su rostro miró a los que estaban allí congregados antes de entrar al edificio de los juzgados a la espera del inicio del juicio.

Tras la constitución del jurado, el abogado de la acusación particular, Francisco Luelmo, pidió celebrar el juicio a puerta cerrada para salvaguardar el derecho a la intimidad y la privacidad de las víctimas.

A esta petición se adhirieron el resto de las partes: Fiscalía, acusación popular –que ejerce la Junta de Andalucía– y la defensa.

Una vez oído el jurado, el magistrado presidente, Florentino G. Ruiz Yamuza, accedió y acordado su continuidad a puerta cerrada, algo que motivó la denuncia e indignación de los profesionales de los medios de comunicación. La declaración de Montoya, por tanto, tuvo lugar sin público en la sala ni señal de televisión.

Según ha indicado a los periodistas a las puertas de la Audiencia su abogado, Miguel Rivera, Montoya se ratificó en la versión que viene manteniendo desde que en abril de 2019 cambiara su relato inicial de inculpación por otro en el que se declara inocente y responsabiliza de la muerte de Laura Luelmo a una mujer que fue su pareja sentimental y que actuó movida por los celos.

La desaparición de Luelmo se produjo el 12 de diciembre, apenas cuatro días después de que se trasladara a vivir a El Campillo para cubrir una baja en un instituto de un pueblo cercano, Nerva. Cinco días más tarde, tras intensas y largas batidas por la zona en la que participaron centenares de voluntarios, apareció su cuerpo, dando al traste con las esperanzas de todos los que aún confiaban en poder encontrarla con vida.

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