Con la venia

Tiempos de tribulación

29.06.2020 | 00:37
Tiempos de tribulación

Nos queda reclamar a los que salgan elegidos y a los que no que dejen de imitar el gallinero madrileño

bueno, pues ya estamos en campaña. Casi ni se nota. Claro que ni se nota, porque no hay recuerdo de otras elecciones en pleno verano y, sobre todo, porque el personal acaba de salir de un severo confinamiento y anda casi poniéndose al día en la nueva normalidad. Es muy probable que, después del 12 de julio, lleguemos a la conclusión de que las campañas electorales pueden ser perfectamente prescindibles porque los partidos están en campaña permanente y porque difícilmente los votantes vayan a verse especialmente motivados por carteles, trípticos o discursos. Estamos a lo que estamos, a organizar las vacaciones los privilegiados y a comprobar estremecidos los vaivenes del repunte los resignados.

Sobre las tendencias que se van conociendo –por supuesto, vale el tópico de la mejor encuesta, el 13 de julio– no parece que las cosas vayan a variar gran cosa. Los sondeos son reiterativos, y en realidad no auguran grandes sorpresas por más que la aritmética pudiera dar para una alteración que en el caso de la CAV sería insólita. Todo hace pensar que el electorado vasco es más propenso a la máxima ignaciana de "en tiempos de tribulación, no hacer mudanza", que a un cambio radical de la sociedad como tránsito a un universo igualitario nunca experimentado por estos lares. El hecho es que son tiempos de tribulación como ni siquiera hubiera imaginado el de Loiola, con una grave amenaza sanitaria latente e invisible y una crisis económica pavorosa. Tribulaciones que en nuestro caso y si no se quiere hacer mudanza deberá afrontar un equipo de gobernantes equivalente al actual (PNV+PSE). Tribulaciones a las que, por su parte, haría frente una alternativa que sus promotores califican "de izquierdas" (EH Bildu+PSE+Elkarrekin Podemos). La aritmética de los sondeos, insisto, da para cualquiera de ambas opciones.

La realidad es que, en esta situación electoral tan peculiar en la que nos encontramos, los pronósticos menos inciertos van por indicadores demasiado genéricos, como una abstención mayor que en otras ocasiones, por cierto, no señalada por las encuestas, un aumento sensible del voto por correo y una campaña en la que se nos van repetir los mismos discursos que venimos escuchando desde hace meses y los mensajes a piñón fijo, quizá sin tener en cuenta que los votantes acabamos de pasar por una situación personal, familiar y laboral desgarradora jamás conocida por cuantos hemos sido convocados a las urnas.

La campaña, en realidad, no va a descubrirnos nada nuevo. A la vista de lo que hay, no es difícil acertar si adelantamos que los dos partidos que ahora gobiernan, y en especial el que se supone seguirá siendo mayoritario, exhibirán músculo por la gestión previa a la pandemia, durante la pandemia y a futuro después de la pandemia. Su previsible socio y acompañante en la gobernanza, añadirá la ventaja de contar con la solvencia del poder central. Por su parte, quienes desde EH Bildu representan el espacio de la izquierda abertzale insistirán en el cambio de modelo económico y social, mientras que desde la dudosa novedad del "sí se puede" Elkarrekin Podemos insistirá hasta enronquecer en la alternativa de izquierdas redentora de tantos años de clientelismo y corrupción neoliberal. Por su parte, casi sin acabar de creerse su condición de offsider, el candidato de la derecha española unida jamás será vencida seguirá a su aire clamando contra ETA como si no hubiera un ayer. Eso sí, todos los que no gobiernan competirán en exabruptos e incriminaciones contra el partido al que todas las encuestas señalan como ganador, ejercicio en el que llevan meses compitiendo.

Son tiempos de tribulación, vaya si lo son, y quienes hemos sido llamados a las urnas no estamos para milongas ni cantos de sirena. Y lo que esperamos es que no se nos engañe pretendiendo escurrir el bulto de los errores cometidos, pero tampoco estamos dispuestos a que se nos tome el pelo anunciando una alternativa salvadora que ya se sabe imposible de antemano. Solo nos queda reclamar tanto a los que salgan elegidos como a los que no, que dejen de imitar el gallinero madrileño, que se respeten entre ellos, que se pongan las pilas, porque viene temporal.