El muro que quiso ser una muralla

04.04.2021 | 00:24
Tres menores observan a agentes de migración de EEUU en Tijuana (México) cerca del muro fronterizo. Foto: Efe

La crisis de la frontera de los Estados Unidos con México se está agravando, y la llegada masiva de menores de edad en solitario supone un grave reto humanitario para la administración Biden.

Todos hemos visto las imágenes de la policía fronteriza de los Estados Unidos que muestran a dos niños menores de 10 años arrojados desde un muro fronterizo a cuatro metros de altura en Nuevo México. Al parecer fueron arrojados por sus familiares. Una terrible señal de angustia y desesperación.

La mayoría de los menores de edad que intentan cruzar la frontera de forma ilegal son adolescentes de entre 15 y 17 años, pero casi 4.000 menores de 12 años fueron detenidos en 2020. Muchos de estos niños, a quienes se aplica el término legal de "menores no acompañados", saben que deben solicitar asilo, y lo hacen. La inmensa mayoría llegan a la frontera con sus padres que, en algunos casos, prefieren abandonarlos que volver con ellos a sus lugares de origen.

El Partido Republicano ha organizado un circo electoral en torno a esta crisis humanitaria, proclamando que la situación en la frontera es peor que nunca y repitiendo el adagio de que todos los inmigrantes son criminales y violadores. Ted Cruz organizó el 25 de marzo un safari a uno de los puntos más conflictivos de la frontera, declarando que estamos ante "una crisis de salud pública, ya que los inmigrantes ilegales que están siendo liberados tienen una tasa de Covid-19 siete veces superior a la de la población estadounidense". Esto lo dice tan sólo semanas después de criticar el uso de la mascarilla y después de declarar durante todo un año que la pandemia era cosa del pasado.

Las palabras de Cruz están tan lejos de la verdad que sólo pueden ser calificadas de mentira. Biden no es el primer presidente que se enfrenta a un flujo ascendente de inmigrantes ilegales en la frontera del Río Grande, y no será el último.

Con independencia del color de la Casa Blanca, las fluctuaciones en los flujos migratorios son un leiv motiv de la historia reciente de la república. 10.620 menores no acompañados fueron arrestados en la frontera entre enero y junio de 2014, durante la presidencia de Obama. A pesar de lo que diga Cruz, en 2019 las patrullas fronterizas detuvieron a más de 473.000 familias y 144.000 menores no acompañados entre enero y mayo de 2019, el peor momento de la crisis en los últimos veinte años. Otro gran récord de la era Trump.

En suma, la crisis que se agravó en 2019 empeoró en 2020. En opinión del secretario de seguridad nacional Alejandro Mayorkas, la pandemia ha causado en Centroamérica y México altas tasas de mortalidad acompañada de graves índices de desempleo, pobreza y declive económico. Los huracanes Eta y Iota devastaron amplias zonas de esta región en noviembre de 2020. Paralelamente, se ha registrado un grave deterioro político que ha lesionado las administraciones públicas de estas repúblicas. El escalamiento de la crisis podría generar un flujo migratorio superior al de los dos años anteriores. Un dato lo corrobora: los agentes fronterizos han detenido un promedio de 313 menores no acompañados al día en febrero de 2021 y 565 al día en marzo. Ello ha generado el colapso de las instalaciones de la frontera, con más de 4.200 niños bajo custodia, 2.943 de los cuales han superado el límite legal de detención de 72 horas.

Si bien se trata de un problema heredado, la administración Biden se enfrenta a la crisis sin herramientas legales y administrativas ya que la legislación invocada y aprobada por Trump para expulsar ágilmente a los migrantes de todas las edades, no permite obrar de forma más efectiva y, fundamentalmente, más humanitaria. Trump desmanteló por completo el sistema de asilo por lo que, de los casi 97.000 migrantes que cruzaron la frontera ilegalmente en febrero de 2021, alrededor de 70.100 fueron devueltos inmediatamente. No obstante, el gobierno mexicano anunció en marzo que no tenía capacidad para recibir a estas personas. Sólo gracias a las órdenes ejecutivas aprobadas a partir de marzo ha sido posible empezar a procesar los procedimientos de inmigración de las familias inmigrantes en los Estados Unidos.

En resumen, la administración Biden está operando a la sombra de la legislación de la era Trump y esto no ayuda en absoluto. Pero, a pesar de ello, hay una diferencia esencial: los menores no acompañados no están siendo expulsados como lo eran el año pasado. Cuando la administración mexicana anunció su incapacidad para acoger a las familias y a los menores no acompañados, Biden advirtió que no permitiría que éstos se quedasen al otro lado del río, expuestos a los elementos, en situaciones infrahumanas y a manos de las mafias que operan a ambos lados del muro. A partir de marzo de 2021 se ha optado por permitir que los menores no acompañados permanezcan en los Estados Unidos transfiriéndolos a la custodia del departamento de salud y servicios humanos. La agencia federal para el manejo de emergencias está construyendo "centros de descompresión" en Dallas y Midland (Texas), para sacar cuanto antes a los menores de las instalaciones de la patrulla fronteriza.

Cruz y Trump defienden que la solución es construir una valla a la que llaman muro y que nunca llegará a ser una muralla. Tal como reveló el New York Times en octubre de 2019, Trump propuso varias veces en privado equipar el muro con fosas de agua "repletas de serpientes o caimanes", e incluso llegó a pedir una estimación de costos. Sería, además, un muro electrificado, y reforzado con alambre de púas. Descartada la idea, sugirió públicamente que las patrullas de frontera dispararan a los migrantes "si estos les arrojaban piedras"; le advirtieron que eso era ilegal. Más tarde, sus asistentes declararon que sugirió que dispararan a los migrantes en las piernas. "Eso tampoco está permitido", le respondieron. La reunión en el Despacho Oval de marzo de 2019 desató, como muchas otras antes, la ira presidencial. Pero esta vez –a falta de más alternativas– Trump tenía un as debajo de la manga: Ordenó cerrar los 3.200 kilómetros de frontera con México para el mediodía del día siguiente. Algunos de sus asesores le recordaron que esta orden atraparía a los turistas estadounidenses en México, separaría familias y, "fundamentalmente", generaría un colapso económico. El senador Mitch McConnell recordó que más de 200.000 millones de dólares en mercancías estadounidenses cruzan la frontera mexicana cada año y cerrar esa línea suponía "un impacto económico catastrófico". Ni una sola palabra sobre el impacto humano. Trump siguió enfadado y no se hizo nada por resolver el problema.

Y los menores continuaron siendo víctimas; víctimas de una política migratoria inmadura, y de la mentalidad infantil de un partido político que propone construir un muro como única solución al problema. El ser humano (al menos algunos) ha aprendido desde antes de que el emperador Adriano construyera su muralla que no hay pared que detenga al espíritu humano y estas personas, desesperadas hasta el punto de lanzar a sus hijos al otro lado del muro, han aprendido que la vida que han dejado atrás no tiene por qué ser su única vida. Una lección que personas como Cruz no tienen en cuenta, porque todos sabemos que Adriano no construyó el muro para "detener" a los caledonios, sino para mantener ocupadas a las tropas de Roma y remunerar a sus aliados; exactamente 1.900 más tarde, Cruz divierte a sus votantes con aventuras en la frontera porque, ¿para qué solucionar un problema tan lucrativo?