María Luisa Ferrerós: "Las redes sociales no deben educar a nuestros hijos"

María Luisa Ferrerós, psicóloga de referencia en el ámbito educativo, propone una crianza de los niños a la carta, basada en la comunicación, la confianza y el vínculo afectivo como herramientas que permitirán desarrollar nuestras propias estrategias y resolver los conflictos cotidianos más comunes, como las rabietas, el aislamiento o las faltas de respeto.

31.03.2021 | 09:41
María Luisa Ferrerós es una reconocida experta en familias y niños.

En su último libro, Dame la mano, muestra de forma clara y práctica cómo podemos transformar nuestra vida familiar a través de la conexión emocional. La publicación de esta reconocida experta anima a los lectores a convertirse en padres y madres con el corazón, "y a entender y aceptar a nuestros hijos, porque solo así descubriremos todo su potencial y encontraremos nuestro propio camino como educadores, olvidándonos de modas y de lo que nos dicen, y facilitando que crezcan sanos, seguros y felices", sostiene esta psicóloga infantil. Después de trabajar durante veinte años con familias, Ferrerós piensa que los padres de hoy en día sienten una presión inusitada. "Cuando hablas con ellos tienen la sensación de que no están siendo perfectos. Piensan que la maternidad y la paternidad son protocolos a seguir, pero no hay receta mágica; no tienen que perseguir la perfección", reconoce.

Cada niño es único. ¿Por eso propone una educación a la carta?
Vivimos tiempos de rapidez, los progenitores quieren llegar a todo y no pueden. Mejor que contarle un cuento deprisa y sin mucha convicción al niño es mejor cogerle de la mano, darle un abrazo, guiarle en lo que quiere, no intentar ser perfectos. Mejor buscar algo que nos conecte con él.

¿Por ejemplo?
Si es lo que les gusta, hacer dulces, cantar, jugar con plastilina€ Hacer con ellos estas actividades es lo mejor, que se emocionen contigo y tu con ellos. Hay que disfrutar de la compañía mutua, y eso permitirá que se genere ese vínculo emocional que hay que buscar. Esto es realmente lo que durará para toda la vida.

Pero los roles de género se siguen manteniendo y todo recae sobre la madre.
Sí, aunque empieza a surgir una generación de padres que comparten más las tareas del cuidado de la casa y de los hijos, hombres más concienciados. Ahora todo el mundo está encantado con que sus hijos participen en MasterChef, y esto es un gran cambio. Cada día, padres y madres tienen que hacer un pequeño gran paréntesis para estar con sus pequeños.

¿El contacto piel a piel, los abrazos, los besos son fundamentales para esa conexión emocional?
Claro. El contacto físico es clave y el piel con piel hay que mantenerlo y fomentarlo: los abrazos, los besos, los arrumacos, las cosquillas... Aunque en muchas ocasiones los hijos acusen a sus padres de que son unos pesados, y aunque hayan superado la adolescencia, ese contacto es el hilo conductor imprescindible para el vínculo emocional que buscamos.

¿A qué se refiere cuando en ocasiones habla de padres helicópteros?
Son los que están de forma permanente pendientes de sus hijos, porque la tendencia actual es a hiperprotegerles, y esto hace que los niños crezcan de forma insegura.

¿Por qué?
Porque sus padres se lo solucionan todo. Si ellos se convierten en sus secretarios particulares, los hijos consideran en muchos casos que son inútiles, porque no pueden hacer nada solos. O que no tienen que preocuparse por nada. Es una tendencia paternal sin malicia, pero hay que tender a confiar en ellos y a darles responsabilidades.
En el Estado español se empieza a hablar de niños caracol, un fenómeno que nos llega de Japón. ¿Quiénes son?
Son los niños y adolescentes que cuentan con dispositivos electrónicos de todo tipo en su cuarto: tablets, consolas, móviles de última generación... Esto les hace sentir que están protegidos de todo por su caparazón digital y no quieren salir de la habitación. Lo que ven fuera de ella no les interesa mucho. No podemos permitir que nuestros hijos socialicen solo a través de internet. En los meses de la pandemia no se podían reunir con sus amigos, pero ahora sí. Por eso hay que fomentar otras formas de socialización.

Y acaban desarrollando agorabofia o temor obsesivo a los espacios abiertos.
Sí, esto lo hemos visto mucho en las consultas tras los meses más duros de la pandemia y todavía se incrementará más. Son niños y jóvenes que evitan las relaciones sociales reales y que solo las tienen a través de las redes. Es un problema en alza, pero no podemos dejar que a nuestros hijos los eduquen las redes sociales o Youtube. No deben hacerlo.

¿Los padres tendrían que gestionar más el uso de las tecnologías de sus hijos?
Sí, aunque la prohibición no es la medida adecuada y puede tener resultados nefastos. Por eso, lo importante es gestionarlas con ellos. Si ven que el uso de esas tecnologías ha aumentado de forma importante durante la pandemia tendrían que conseguir ir retirándolas poco a poco y compensándolas con otras actividades.
Uno de los problemas con los pequeños suelen ser las rabietas, según su libro. ¿Cómo abordarlas?
Son auténticas turbulencias, similares a las que ocurren en un avión, y cuando suceden hay que calmar al niño. En estos casos el pequeño se siente inseguro y los padres tienen que tomar el mando de la situación, tranquilizarles y decirles que todo está controlado. Hay que tener mucho cuidado, porque si los progenitores se descontrolan también ante la situación, todo irá a peor.

¿En los tiempos tan crispados que vivimos el problema es el tiempo que se puede dedicar a los hijos?
Sí. Es difícil por la situación de incertidumbre y por la crisis económica, pero los padres tienen que hallar tiempo para ahondar en unas causas que, en muchas ocasiones, son más fáciles de solucionar de lo que en realidad parecen. Deben encontrar tiempo para observar al niño y ver qué le está ocurriendo, porque muchas veces las rabietas son una forma de llamar la atención. Cambiando algunos hábitos se pueden solucionar fácilmente.

Durante la pandemia también aumentaron los problemas de falta de respeto a los padres, de insomnio y de ansiedad.
Sí. Se dieron y se dan muchos casos de ansiedad y problemas de insomnio entre los niños. Sin embargo, por la consulta también pasaron parejas que estuvieron a punto de divorciarse y en el tiempo del confinamiento tuvieron más tiempo parar reencontrarse y solucionaron sus problemas. El estrés laboral les impedía hablar entre ellos y con sus hijos. Por eso digo que no todo ha sido malo estos meses de encierro. Las dificultades para la conciliación familiar, las jornadas superextensas€ hacen que las mujeres sean madres cada vez más tarde, y las primerizas lo suelen ser sobre los 35 años. Esto es un condicionante importante para formar una familia. Si no hay ayudas a las familias la situación empeorará tanto para los padres como para los niños y seguiremos siendo un país de viejos. Este es un problema que las Administraciones públicas no tienen en cuenta, aunque digan que sí, y es el gran problema.

Por último, ¿a quién va dirigido Dame la mano?
A todas las personas que se encargan de la crianza cercana de un niño, a profesores, a pediatras y a las personas en general que están en contacto con pequeños y adolescentes, porque se trata de poner el foco en la conexión emocional con ellos, y el libro puede servir de faro para lograrlo. 

PERSONAL
Lugar de nacimiento: Barcelona.
Formación: Psicóloga infantil, cursó su licenciatura en la Facultad de Barcelona.  Tiene un máster en alteraciones del sueño del Instituto Universitario Dexeus y otro en terapia estratégica de la Universidad de Florencia. Es miembro del TIP (Torn d'Intervenció Professional en el COPC) y directora de la unidad de psicología clínica y parenting de la Clínica Diagonal.
Publicaciones: Es autora de los libros El método 1,2,3 para portarse bien, Tengo miedo, Abrázame, mamá, Sí mamá, Enséñale a aprender y Pórtate bien, entre otros. En el último, Dame la mano (Editorial Planeta), descubre cómo transformar la conexión emocional con nuestros hijos y resolver conflictos cotidianos.
Divulgadora: En la actualidad es habitual en los medios de comunicación.