Un acaudalado comerciante holandés encargó un retrato a Rembrandt van Rijn, considerado uno de los grandes maestros de la pintura europea del momento. No todos los bolsillos podían permitirse contratar al genio flamenco. Sin embargo, cuando acudió al taller para ver la obra terminada, su reacción estuvo lejos de la admiración que el artista esperaba.

Según se narra en la anécdota vinculada al Rembrandt van Rijn (1606-1669), el cliente observó el retrato durante varios minutos y terminó mostrando su descontento. A su juicio, la obra carecía de suficiente realismo y sin cortarse un pelo le indicó que esperaba una representación más fiel y convincente.

‘La ronda denoche’, obra pintada en el año1649. R.O.

Lejos de discutir, Rembrandt optó por responder de otra manera. Con aparente tranquilidad, pidió al comerciante que regresara unos días más tarde para contemplar los retoques que acabarían por dar el toque de autenticidad y precisión que el cliente precisaba.

Cuando volvió al estudio, ocurrió algo inesperado. Apenas cruzó la puerta, advirtió una moneda tirada en el suelo. Instintivamente se inclinó para recogerla, pero al intentar tomarla descubrió que no había ninguna moneda real. Se trataba de una imagen pintada con tal fidelidad que había engañado completamente a su vista.

La sonrisa burlona de Rembrandt, que había preparado la escena para ello, hizo comprender al comerciante el mensaje que le lanzaba el artista. Si un simple dibujo podía inducir a error a un observador atento, la capacidad técnica del pintor debía dejarse fuera de cualquier tipo de discusión. Avergonzado por su crítica inicial, el comerciante aceptó finalmente el retrato sin volver a poner objeciones.

Moneda de colección del año 2006.

Moneda de colección del año 2006. R.O.

Leyenda o historia...

Lo más probable es que este relato pertenezca más al terreno de la leyenda que al de la historia. Ningún historiador o biógrafo la cita, pero el episodio ha sobrevivido durante siglos como una de las anécdotas más conocidas sobre el carácter del pintor neerlandés y su extraordinario dominio del realismo pictórico.

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La anécdota de la moneda funciona como una demostración extrema del ideal del pintor realista. Esto es, el cliente cree que una pintura puede juzgarse únicamente por su parecido fotográfico con la realidad, mientras que el artista responde mostrando un nivel de ilusión visual imposible de negar. También sugiere algo más interesante aún, y es que el verdadero arte no consiste sólo en copiar la apariencia de las cosas.

Lo más normal es que este episodio nunca ocurriera y que alguien se inventara la historia para ilustrar la genialidad del pintor. Pero lo que sí es cierto es que el arte y todas sus formas nos recuerdan que van más allá de representar el mundo y lo que nuestros ojos parecen contemplar.