Homeopatía, la hermana del placebo
La Agencia Española del Medicamento ha certificado recientemente algo que era mucho más que una mera sospecha, que no hay evidencia que avale su eficacia
Después de muchos años, aún hay quienes creen que la homeopatía tiene efectos beneficiosos para la salud. Sin embargo, un reciente informe de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) ha terminado de tirar por tierra esas afirmaciones al detallar que no existe evidencia científica que avale la eficacia de la homeopatía como instrumento terapéutico. Algo que se sabía desde hacía mucho tiempo, que este sistema que se rige por la ley de similitud y las disoluciones no tiene validez alguna.
Tras revisar la literatura y consultar los documentos oficiales de los organismos competentes de los países a nivel internacional, las numerosas revisiones que analizan el uso de la homeopatía en diferentes patologías (sobre todo en enfermedades reumáticas, psiquiátricas y dermatológicas) concluyen que la evidencia es “insuficiente para hacer una recomendación de tratamiento con productos homeopáticos en ninguna patología, bien porque los estudios no demuestran diferencias significativas frente a placebo, o bien porque la calidad metodológica de los estudios analizados es muy baja, no pudiendo descartarse que las diferencias encontradas en los estudios sean debidas al azar o a la existencia de sesgos como deficiencias en el mecanismo de aleatorización de los pacientes, mecanismo de ciego no explicado, corto período de seguimiento, muestra pequeña, etcétera”, detallan en ese informe.
No existe evidencia científica que avale la eficacia de la homeopatía en ninguna patología, concluye Sanidad
Pero empecemos por el principio, porque aunque se hable recientemente de ella, la homeopatía no es algo ni mucho menos reciente. Todo empezó allá por el siglo XVIII, cuando un 10 de abril de 1755 nacía Samuel Hahnemann, fundador de la homeopatía.
El origen de su éxito a finales de ese siglo se comprende si se analizan las terapias que se seguían en la época: sangrías y purgas, trepanaciones... Cualquier terapia, por ineficaz que fuera, simplemente por lo relativamente inocuo de la misma, podía parecer mejor a simple vista que las escabechinas que se practicaban entonces. Sin embargo, nada de esto convierte a la homeopatía en una terapia ni mucho menos probada. Para más inri, desde entonces han sido muchos los que han dedicado buena parte de sus esfuerzos a demostrar la ineficacia de esta terapia de la que la OMS lleva ya varios años hablando.
En un debate para la televisión catalana, en 'La entrevista incómoda', sobre homeopatía, el científico Fernando Cervera aseguró, tras consumir una caja entera de pastillas homeopáticas cuya función supuestamente era la de sedarlo, que estas no funcionaban, que eran azúcar, y que la homeopatía puede causar muertes por tres vías diferentes “perfectamente estudiadas”: en primer lugar, por daño directo del producto homeopático.
“El producto homeopático, al no tener una legislación fuerte detrás que valore cómo se producen, muchas veces tienen trazas. Hubo un caso de bebés fallecidos por consumir productos homeopáticos contaminados con belladona”. En segundo lugar, por retraso en recibir un tratamiento real. “Imagina que tienes un bulto en el pecho y tu médico homeópata te dice: ‘Toma estas pastillas que te van a venir muy bien para quitar eso’. Cuando ese bulto crece y llegas a la medicina real, ya es demasiado tarde y has perdido en el camino tus posibilidades de curación”, señaló.
Finalmente, otra causa es que la gente que toma terapias alternativas, aun complementándolas con terapias reales, “según en qué tipo de enfermedad tienen hasta un 500% más de posibilidades de fallecer. La homeopatía mata”.
Una idea con la que coincide la AEMPS, que detalla que, aunque existe la creencia popular de que estos preparados son inocuos por ser “naturales”, se han notificado “reacciones adversas graves, incluyendo intoxicaciones por mala dosificación y casos de fallecimientos en lactantes vinculados a productos para la dentición en otros países”, aunque matiza que el riesgo principal es el abandono o retraso de tratamientos médicos con eficacia demostrada.
“Los ciudadanos que optan por la homeopatía para tratar dolencias graves o crónicas pueden poner en peligro su salud al sustituir terapias basadas en la evidencia por productos que carecen de ella”, explican desde el Ministerio de Sanidad.
Bases
Al fin y al cabo, la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios ya detalla en su informe los principios sobre los que se rige la homeopatía. Por un lado se encuentra el principio de similitud, que afirma que lo semejante se cura con lo semejante. Es decir, que las enfermedades se curan por sustancias que producen en las personas sanas síntomas semejantes y más fuertes a los que tiene el paciente, “pero no iguales”.
Esta “enfermedad artificial inducida por las propiedades dinámicas del remedio es ligeramente más fuerte que la enfermedad natural y existe únicamente en el plano dinámico o energético, no en un plano químico o fisiológico”, explica la AEMPS. Este principio se basó en observaciones de Samuel Hahneman, pero no ha sido demostrado.
También se rige por la experimentación de los preparados, pero con personas sanas (provings, probandos o patogenesias). Sin embargo, uno de sus principios más básicos son las disoluciones infinitesimales, “de manera que existe una relación inversa entre la potencia del preparado homeopático y la concentración de la sustancia original”.
“Resulta paradójico que Sanidad nos diga que la homeopatía es un placebo”
Estas diluciones pueden llevarse a cabo mediante tres procedimientos denominados: Procedimiento hahnemaniano, korsakoviano y cincuentamilesimal, que varían en función de que la enfermedad sea aguda o crónica y también en función de que los síntomas sean locales, generales o de comportamiento.
“De acuerdo con ello, recomiendan para síntomas locales diluciones bajas, para síntomas generales diluciones medias y para síntomas de comportamiento, según terminología propia no verificada por la comunidad científica, diluciones altas. De manera similar, para casos agudos se usan diluciones bajas o medias y para casos crónicos diluciones altas”, recuerdan desde la Agencia.
Desde el Ministerio de Sanidad resaltan que, desde el punto de vista científico, los principios de la homeopatía “chocan con las leyes de la física y la farmacología actual. En diluciones habituales como la 12 CH, que es cuando se mezcla una parte de la sustancia original con cien partes de disolvente doce veces consecutivas, es matemáticamente imposible que quede una sola molécula del ingrediente original en el preparado”, lo que rompe cualquier relación de causa-efecto entre el producto y el efecto terapéutico. A modo de ejemplo, señalan en el informe de la AEMPS que una dilución de solo 6 CH ya equivale a disolver un sobre de azúcar en todo el mar Mediterráneo, algo que se traduce en una eficacia inexistente.
Medidas
La resolución del Estado español de certificar que no existe evidencia científica que avale la eficacia de la homeopatía como instrumento terapéutico no es ni mucho menos la primera que se da a esta instancia.
En Reino Unido, sin ir más lejos, el Comité de Ciencia y Tecnología recomendó detener la financiación pública y advertir en el etiquetado sobre la falta de eficacia, mientras que en Australia el National Health and Medical Research Council concluyó que la homeopatía no debe usarse para tratar enfermedades crónicas o graves.
En Estados Unidos, la Food and Drug Administration (FDA) considera estos productos como “nuevos medicamentos no aprobados” y la Federal Trade Commission exige advertir que no hay pruebas científicas de su funcionamiento.
Igualmente estrictos son en Francia y Alemania: en el primero, la Haute Autorité de Santé eliminó el reembolso público de estos productos en 2021 por falta de eficacia demostrada, mientras que en el segundo se prevé que este 2026 se apruebe la supresión definitiva de la cobertura de la homeopatía por el seguro médico legal.
Ante esto, en el Estado español también la AEMPS ha terminado un proceso de regularización que ha resultado en la salida del mercado de numerosos productos. “A fecha de publicación de este informe, no existe en España ningún producto homeopático con indicación terapéutica autorizado. Los 976 que permanecen registrados lo han hecho mediante un procedimiento simplificado que, al basarse en diluciones extremas que garantizan la inocuidad del preparado, no exigen pruebas de efecto terapéutico y les prohibe por ley incluir cualquier indicación terapéutica en su etiquetado”, señalan desde el Ministerio, lo que pone de manifiesto una certeza absoluta: que los ciudadanos pueden poner en riesgo su salud si rechazan o sustituyen los tratamientos basados en evidencias con estos mal llamados medicamentos.
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