La Vía Verde del Pas es una de las rutas ciclistas y senderistas más emblemáticas de Cantabria. Este trazado recupera el antiguo recorrido del ferrocarril que unía la localidad costera de Astillero con Ontaneda, en pleno corazón del Valle de Toranzo. Al reutilizar la vieja infraestructura del tren, se garantiza un camino prácticamente llano, seguro y completamente alejado del tráfico, lo que la convierte en una opción ideal para hacer en bici, ya sea en plan deportivo o para disfrutar de una jornada tranquila en familia.

Se trata de una ruta especialmente larga, con una longitud total de 35,5 kilómetros. A lo largo de su recorrido, la vía combina en su gran mayoría el asfalto con pequeños tramos de tierra compactada. El paisaje evoluciona de forma constante, saliendo de los entornos de rías y marismas de la costa para internarse de lleno en un entorno rural dominado por praderías siempre verdes, o al revés.

Las paradas principales de la ruta

La longitud de la Vía Verde del Pas permite tomárselo con calma y organizar el viaje aprovechando las paradas que ofrecen las antiguas estaciones de tren restauradas y los pueblos que atraviesa. El punto de partida de la ruta se sitúa en el municipio de Astillero, concretamente en el Parque de La Cantábrica. Es un lugar idóneo para ajustar la bicicleta y comenzar el camino cruzando el puente metálico sobre la ría de Solía. Cerca de este inicio se encuentra el cargadero de Orconera, un vestigio industrial declarado Bien de Interés Local. Tras avanzar los primeros kilómetros por el municipio de Villaescusa, la vía verde pasa junto al antiguo apeadero de La Concha y se acerca a la localidad de Obregón. Esta parada es muy popular porque se encuentra justo a la entrada del Parque de la Naturaleza de Cabárceno, lo que permite contemplar los animales del parque antes de continuar hacia el municipio de Penagos.

Siguiendo el trazado, la ruta se adentra de lleno en la comarca de los Valles Pasiegos. Tras pasar por la activa localidad de Sarón, el carril bici empieza a discurrir en paralelo al río Pisueña y conduce a los ciclistas hasta La Penilla, famosa por albergar una mítica fábrica a pie de vía.

Puente Viesgo

Es, sin duda, la parada estrella del recorrido. Puente Viesgo cuenta con una de las estaciones de ferrocarril mejor restauradas de toda la línea, la cual conserva su andén, sus bancos y su antiguo reloj. Además de ser un punto excelente para descansar, ofrece atractivos culturales de primer nivel, como su famoso balneario de aguas termales y el acceso al complejo de cuevas prehistóricas de Monte Castillo, declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

El Balneario de Puente Viesgo, a orillas del río Pas. B.E.O

Al continuar el pedaleo, se pasa junto al Convento de San Francisco en Soto Iruz, un pequeño desvío que merece la pena para contemplar sus casas de arquitectura tradicional cántabra. Poco después, la vía se topa con el acueducto de piedra de Toranzo, una imponente infraestructura construida en 1885 que hoy cuenta con un área recreativa con bancos y aparcamientos para bicicletas, ideal para hacer un picnic. El final de los 35,5 kilómetros se alcanza en el complejo de Alceda y Ontaneda, en el municipio de Corvera de Toranzo. La vía verde termina junto al Parque de Alceda y su Arboretum, un espacio natural repleto de árboles centenarios situado al lado del balneario local.

Pueblos cercanos para complementar la visita

Una vez terminada la ruta en bicicleta, los alrededores del Valle del Pas y de Toranzo guardan joyas rurales perfectas para una visita en coche. Muy cerca del tramo final se encuentra Villacarriedo, famoso por albergar el Palacio de Soñanes, una de las construcciones barrocas más espectaculares y recargadas de toda Cantabria, hoy convertida en hotel.

A escasos kilómetros de allí se llega a Santiurde de Toranzo, un municipio lleno de casas solariegas y rodeado de un entorno natural idílico junto al río. Tampoco se puede dejar pasar la oportunidad de acercarse a Liérganes, un pueblo precioso situado a poco más de quince minutos de la zona central de la vía verde, catalogado como uno de los pueblos más bonitos del Estado gracias a su casco histórico de estética clasicista, su puente de piedra y la famosa leyenda del Hombre Pez.

Bocados típicos de los valles

La cocina en los Valles Pasiegos es contundente, artesanal y muy ligada a la altísima calidad de su producción de leche. El plato estrella para reponer fuerzas tras el esfuerzo físico es el cocido montañés, un guiso tradicional que a diferencia del lebaniego no lleva garbanzos, sino alubias blancas, berza y el compango está compuesto por chorizo, morcilla, tocino y costilla de cerdo.

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En los restaurantes de los pueblos que cruza la vía también es muy habitual pedir carnes de la zona, como el solomillo o el chuletón de ternera de raza tudanca, y quesos artesanos dela zona. El broche de oro es la repostería pasiega.En los pueblos vecinos se elaboran diariamente los auténticos sobaos pasiegos y las quesadas pasiegas, un postre templado hecho a base de leche de vaca cuajada, harina, huevo y un toque de limón y canela que puede ser el mejor final para un día redondo de verano.