Síguenos en redes sociales:

Da para lo que da

Da para lo que da

Entré en la noche electoral del pasado domingo con dos convencimientos: que el bibloquismo -tal como escribí en este periódico- tenía los días contados; y que, fueran cuales fueran los resultados, esta vez tendríamos gobierno en España.

Vistos los resultados, y escuchadas las reacciones de la noche electoral por parte de los diversos partidos, sigo convencido de esas mismas dos cosas. Añado: y de nada, o casi nada, más.

El resultado electoral, se dice, ha complicado la gobernabilidad. Y es verdad. Pero convendría añadir: de una gobernabilidad que, al menos con una estabilidad suficiente para hablar medianamente en serio de tal, no ha existido en, como mínimo, el año y medio último, desde la moción de censura contra Rajoy. De forma que habría que concluir que lo que las elecciones han complicado, todavía más, ha sido la gobernabilidad pretendida y no lograda básicamente por Sánchez e Iglesias: de ahí el entierro del bibloquismo.

Puestos a mirar al futuro, aconsejaría distinguir entre gobierno y gobernabilidad. Aunque estrechamente relacionados el uno con la otra, no son exactamente lo mismo. De forma que lo que creí observar en la noche electoral es que, esta vez sí, incluso con estos resultados endemoniados, tendremos gobierno. Y, por lo mismo, tendremos, también, una cierta gobernabilidad. Pero de esas maneras: para un cierto tiempo -o necesariamente cuatro años- y con una cierta precariedad de geometría variable en el mejor de los casos. La cosa no da ahora mismo para más. No creo en los milagros.

Vamos a ver quién se apunta y en qué términos a una “solución” como ésta. En la noche electoral, predominó, en las sedes de la mayoría de los partidos, un cierto aire de inquietud y preocupación: empezando por el PSOE; siguiendo por el PP; incluso -a pesar de las declaraciones de Iglesias- en Podemos; y también, aquí entre nosotros, en el PNV. Lo de Ciudadanos fue más allá de la preocupación obviamente. Per hubo dos reacciones -entre las que pude seguir esa noche, que no fueron todas especialmente por lo que a Catalunya se refiere- que fueron distintas. Dos que mostraron celebración y alegría, prácticamente sin prevención alguna: Vox y EH Bildu. Por razones diferentes, si se quiere opuestas.

Pero recojo este hecho porque, a mi juicio, constituye un reflejo claro de la encrucijada en la que ahora mismo está situada la política española. Toda ella: constitucionalistas, soberanistas, franquistas?

Como en toda encrucijada, hay y habrá quienes, acogiéndose cada cual a sus análisis, se apuntarán o no bien a una enmienda a la totalidad del “régimen del setenta y ocho”, bien a enmiendas parciales. A estas últimas está obligado, como mínimo, todo el mundo. Urgen reformas. A la totalidad, por su parte, se apuntarán unos en nombre bien sea de la revolución, bien de la involución. Entre estos últimos está evidentemente Vox. Entre los primeros: habrá que ver por qué camino se lanzan en los próximos tiempos los partidos nacionalista-soberanistas catalanes. Y, entre nosotros, habrá que ver qué hacen también Sortu y EH Bildu. Si se apuntan a lo que decía Otegi, el pasado día 26 de octubre en Vilaweb: “La revolución se produce ahora en Catalunya”. O si, después de haber estado anunciando durante cuarenta años una revolución inminente, terminan por entrar a negociar y aceptar ese gobierno y gobernabilidad que, como digo, parece que van a ser un tanto precarios y de geometrías variables.

El gran error, en todo caso, en el que podrían incurrir los muñidores de ese gobierno-gobernabilidad precarios sería el de creer que, constituido el gobierno, los problemas básicos de la territorialidad, de la economía y del estado del bienestar pueden aparcarse otra vez.

Vox ha subido hasta donde ha subido no solo por méritos propios. A la subida han colaborado, no poco, méritos ajenos. Entre ellos el dejar pudrirse los problemas. Pero ésta es otra historia. Ojalá que sólo del pasado.