Mesa de Redacción

La estética

20.01.2021 | 01:23

Salvador Illa, del PSC, del PSOE y del Gobierno español se han situado en una posición complicada. Tampoco aventuro que tenga mayores consecuencias para los implicados, la vida –política– es así, pero el hecho de que el ministro de Sanidad haya sido designado candidato para las elecciones catalanas en plena pandemia y siga ostentando la cartera mientras se desarrolla la precampaña, o se decide el retraso de los comicios por la escalada de contagios e ingresos, o se debate sobre la conveniencia de ampliar el toque de queda o de endurecer el confinamiento es de dudosa estética. Igual que resulta difícil de creer –los partidos nos han hecho así, desconfiados, escépticos con sus buenas intenciones– que detrás de los argumentos de unos y otros para retrasar o no las elecciones haya habido exclusivamente motivos sanitarios o de respeto al entramado jurídico-institucional, cualquier decisión que adopte o no el ministro de Sanidad inevitablemente va a acabar impregnada de la pátina del interés electoralista. Y es que en política y en el desempeño de la cosa pública lo de la estética, aunque pueda resultar engañosa –y por tanto injusta–, es muy importante. Volvemos a aquel adagio de la mujer del César, más viejo que la tos, pero ahí seguimos.

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