Editorial

No podemos engañarnos

08.08.2020 | 01:23

Se admita o no que el covid-19 inicia una segunda ola de transmisión, el peligroso repunte de casos es evidente en el Estado, con un 39% más de infectados, y en Euskadi, con 1.971 contagios en siete días

Más allá de que algunos especialistas en marketing político y elaboradores de discursos prefieran evitar la expresión, como ha venido haciendo el portavoz del Gobierno Sánchez, Fernando Simón, o utilicen sinónimos –oleada– que lo eviten; en contraste, por ejemplo, con la claridad empleada por la consejera de Salud del Gobierno Vasco, Nekane Murga, para hablar de "segunda ola" de contagios de covid-19, lo innegable es la evidencia del notorio y peligroso repunte de brotes y casos. En el Estado español lo es, por ejemplo, según los propios datos del Ministerio de Sanidad dirigido por Salvador Illa, que a 26 de julio contabilizaba 49,23 contagios por 100.000 habitantes en los informes remitidos a la OMS y el 4 de agosto elevaba la tasa a 68,6 casos por cada 100.000 habitantes, es decir, un incremento de más del 39% en el número de infectados en nueve días. En Euskadi, las cifras son asimismo claras: pese al uso obligatorio de la mascarilla, el 16 de julio se contabilizaron 56 positivos en 4.425 test PCR realizados, es decir, el 1,3% de las pruebas; que el 30 de julio eran 204 positivos en 4.297 PCR, el 4,7%; el jueves 6 de agosto se elevaban a 338 positivos en 5.617 PCR, el 6%; y ayer a 428 positivos en 5.929 tests, el 7,2%. Dicho de otro modo, en los primeros siete días de agosto se han detectado 1.971 casos de transmisión frente a los 1.046 de los siete últimos días de julio y los 854 de los siete anteriores. Hoy hay, en Bizkaia sobre todo, Gipuzkoa y Araba, más de diez mil personas sometidas a rastreo y control. Así que no podemos engañarnos, tampoco pretender endosar la responsabilidad a una parte de la población –si los dos últimos días los contagiados de hasta 30 años han sido 152, los de entre 30 y 59 años suman 376– porque el peligroso avance en la transmisión del coronavirus nos concierne y afecta a todos y se relaciona directamente con el modelo de nuestras relaciones sociales y el aumento de las mismas, así como la mayor movilidad, también intraterritorial, en periodo de vacaciones. Y eso vale para la administración que, efectivamente, es consciente de que debe prever situaciones y proveer herramientas que hagan posibles las medidas necesarias para frenar la transmisión y paliar sus efectos –por ejemplo, realizar, como en Donostia, 2.000 PCR por un brote en un bar–, pero también para quienes siguen tentados de utilizar de modo espurio la pandemia para sus intereses políticos particulares.