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Reírse

30.04.2021 | 00:38
Iñaki Larrimbe

La risa que lanzamos como respuesta a oír un chiste puede parecernos una mera y automática réplica biológica de nuestro cuerpo ante semejante estímulo. Pero nada más lejos de la realidad: necesitamos que todo nuestro cerebro se ponga a trabajar en ello. Nada más y nada menos que las tres capas que lo conforman. La primera de ellas, la más interna de las tres, se localiza en la base del cerebro procesando las cuestiones más primarias, viscerales. Es nuestro cerebro más primitivo. La segunda capa, la intermedia, comprende el sistema límbico encargado de gestionar los sentimientos. Y la última capa, la más externa y amplia, es la corteza cerebral. Zona que tenemos muy desarrollada –alguno más que otros– pues procesa el pensamiento. Cuando oímos un chiste, éste comienza a procesarse en esta parte, en la zona donde entendemos las palabras. Al poco, en la parte media de la corteza donde se encuentra la central de detección de errores, se advierte el error. Pues la expectativa de lógica con la que empieza el chiste no se cumple. Y al frenarse nuestra lógica, damos paso a la ilógica. Y cuando lógica e ilógica chocan, detectamos el absurdo. Ante esa detección del absurdo, se envía una señal hacia la capa más interna del cerebro. Ahí, esa señal desatada por lo irrazonable induce a las células de esa zona a irradiar en nuestro cuerpo la hormona de la felicidad: la dopamina. Esta hormona riega la parte emocional del cerebro provocándonos goce. Es como un premio que nos damos a nosotros mismos por "entender" el chiste. Y uno se ríe como sacudido por una descarga.

Dicen los neurólogos que las personas con mayor sentido del humor tienen más desarrollada el área del cerebro correspondiente a la creatividad. Pues el cómico tiene que concebir un sinfín de narraciones que contengan un desenlace absurdo y sorpresivo que haga reír a su público.

Existen personas que se dedican a hacer reír a la gente. Son los profesionales del humor. El hacedor de humor no deja de ser un creador. Algunos, incluso son considerados artistas. Nos referimos a dibujantes de humor gráfico, actores cómicos, escritores€

El humor nos sirve como una válvula interna de seguridad, permitiéndonos liberar tensiones y reírnos de nuestros problemas para superarlos. Las personas que ríen poco es porque no tienen cultivado –o educado– su sentido del humor. Quizá porque les parezca frívolo reírse. Se debería, por lo tanto, educar en el humor a las personas. Y apoyar iniciativas que difundan los positivos valores que este sentido tiene para nosotros. Pues el humor es cosa seria. Hay que aplaudir, por lo tanto, iniciativas como el festival de humor Komedialdia. Una nueva actividad de cuño local que arranca en nuestra ciudad el mes que viene. Su objetivo principal es "concienciar de la importancia del humor en la vida de las personas, de su función terapéutica y de cómo un estado de ánimo positivo, generado por el humor, contribuye a mejorar nuestra salud física y mental".

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