La aldea global

Se apaga el transistor

04.04.2021 | 00:23
Se apaga el transistor

Una de las peleas radiofónicas más importante de los últimos tiempos es la que enfrentó a J.M. García y José Ramón de la Morena por la primacía de los programas deportivos que levantaban pasiones, odios cainitas y encendidas calenturas en las madrugadas de la audiencia. Eran los viejos tiempos en los que el personal se alineaba ciegamente a favor de uno de estos dos monstruos de la comunicación. Este negocio no acostumbra a dar noticias importantes si comparamos con el torrente informativo de las teles, y muy de vez en cuando la radio es noticia por el fichaje de un profesional de la competencia o la retirada de una de sus vacas sagradas, como es el caso del abandono de una estrella del sistema radiofónico hispano como José Ramón De la Morena y su nocherniego transistor, faro informativo y opinativo que el muchacho de Brunete abandonará, harto de dormir poco, trajinar mucho y producir excelentes entrevistas. Cuestiones personales han movido a abandonar en el venidero mes de junio el micro, y ceder el testigo al periodista vitoriano Aitor Gómez, que enfrentará la misión de mantener la audiencia. Es la pelea de Onda Cero frente a Cadena Ser y Cope en un campo radiofónico competitivo, combativo y peleón. Se va De la Morena, un guerrero del micrófono, cargado de laureles y cicatrices que le han dado fama, prestigio y dinero. Lengua viperina presta al latigazo dialéctico. Los despachos ya preparan el relevo generacional en una franja horaria importante en la cuenta de resultados de las empresas radiofónicas. Tiempo para construir un nuevo y poderoso comunicador de la radio actual. La radio es un medio que se regenera constantemente y tras la marcha de un poderoso comunicador, amanece la personalidad de otro profesional que amoldará el medio a su personalidad y estilo con los pasos de los tiempos modernos. La fidelidad y constancia de los oyentes cimentan los éxitos de la comunicación caliente en la radio contemporánea y De la Morena es ejemplo palmario. Agur, Maisu!

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