El talismán de Juanma Moreno Bonilla era la vaca Blanca. La vaca tenía que haberse dejado acariciar, no solo por el candidato a la presidencia de Andalucía. Algunos creen que hubiera sido buena idea un paseo largo por el país para quitar el mal fario que, como humo negro, nos ha nublado el pensamiento. Antes de contar la tragedia de los biempensantes, explicaré por qué el animal es el amuleto del ganador de más escaños en el parlamento andaluz. Posiblemente lo sepan muchos.
El talismán de Juanma Moreno Bonilla empezó cuando la abuela de Blanquita, Fradie, llenó de suerte al candidato del Partido Popular. La anécdota la contó a la prensa. En las elecciones de 2018, cuando el PP se alzó como primera fuerza en Andalucía, el candidato en las Elecciones Autonómicas acarició por primera vez a Fradie, una vaca de Los Pedroches que se convirtió en su mascota. En 2022, la vaca volvió a ayudar al candidato a alcanzar la mayoría con 58 escaños. En las elecciones del domingo, Moreno Bonilla ha vuelto a ganar; en esta ocasión no estaba Fradie y la ha sustituido su nieta, que “tiene la misma sangre de su abuela”, manifestó el candidato del Partido Popular. La caricia, con el preámbulo de éxito, la recibió Blanca. La vaca se movía nerviosa ante el ruido, los flashes y la muchedumbre de periodistas que la rodeaba. En su pensamiento vacuno pensaría –las vacas piensan– que algo raro había ocurrido la semana previa a las elecciones. Blanca, de raza frisona, ignoraba que no era una vaca cualquiera y estaba inquieta. A las vacas frisonas les molesta el olor a heces o la saliva de las otras vacas, que normalmente están babeando continuamente. Es muy curioso, porque sus deposiciones son tan inmensas como una plaza de toros y nos pueden estropear los zapatos si caemos en medio. Pero lo que les desagrada muchísimo es el ruido, especialmente el de los cencerros. Con esta campana metálica, el animal quiere desesperadamente huir de sí misma, espantada por el sonido constante que la acompaña; aunque son pacíficas, pueden alterarse. Blanquita era negra y blanca, y estaba feliz hasta que se marchó de su lado Moreno Bonilla; entonces le pusieron un cencerro.
La vaca ha dejado de reír.
Y llegaron los problemas
Rodríguez Zapatero apareció en la reciente campaña del PSOE y habló, como todos los líderes, a gritos a pesar de su cálida sonrisa. Era imposible levantar un partido desilusionado que lentamente había ido perdiendo su protagonismo; también estuvo el presidente del Gobierno y la vicepresidenta, convertida en candidata. Creo que hay una gran calma desde que esta señora no levanta los brazos como una posesa y aprovecha todas las ocasiones posibles para besar amorosamente al inquilino de la Moncloa.
Días después, se propagó una sorpresa insólita y difícil de aceptar. La situación se soliviantó cuando en un murmullo se difundió el nombre del expresidente José Luis Rodríguez Zapatero. ¡Cómo imaginar que estaba enfangado, como si hubiera ido a la procesión del Rocío, lloviendo y sin botas! Cuando el PP ganó, nadie pensó que se estaba orquestando una campaña contra Zapatero; los votantes afortunados creyeron que al día siguiente el expresidente volvía a su hogar deseando plantar unos tomates en su jardín o huertito. Mientras escribo, aún no se sabe dónde está. La verdad es que tiene tantas casitas que puede estar en cualquiera y abrir una inmobiliaria. Ni por un instante pensábamos –ni queremos pensar– que poseía algún palacio escondido en un paraíso de sol, con playa particular –es un decir– o negocios fraudulentos con una compañía de aviones. El tema es muy gordo, aunque hay que esperar. Mientras, seguirá con el cartel de supuesto. Recordaremos cómo nos emocionó cuando trajo a los soldados de Irak a casa y terminó con ETA. Sus ojos siguen siendo azules y su rostro, con cara de ángel, derrumba a cualquier malpensante. Un ser celestial que, a veces, parece enfadado por sus pobladas cejas. Le llamamos Bambi por su ingenuidad.
Una pena que, en su estancia en Andalucía, no aprovechara para visitar a Blanca en Los Pedroches. El expresidente ignoraba la tragedia que se le venía encima.
Hace dos siglos, Estados Unidos necesitaba leche e importó 8800 vacas frisonas. Al llevar las vacas a América –del Norte y del Sur–, algún trastorno les ocurrió y el blanco cambió a rojo. El pelo rojo asustó a los americanos y los primeros ejemplares los sacrificaron. Ya se sabe el terror que hay en aquellas tierras a los comunistas.
Cuentan las leyendas urbanas que unos desconocidos, en una noche sin luna, secuestraron a la vaca y que en Ferraz van a convertir un despacho en cuadra. Será una cuadra muy sofisticada y exclusiva para que Blanca sea acariciada periódicamente por los líderes del PSOE. Quizás desgasten su lomo.
Ya le han quitado el cencerro.