Reflexiones recordando a Txomin Bereciartua
Hoy vivimos a saltos, en una cadena de micropreocupaciones efímeras. Lo que ahora es noticia y nos desasosiega, desaparece mañana ante una nueva noticia preocupante. En un contexto internacional tan turbulento, esta situación nos invita a “dejarnos llevar”, limitarnos a observar cómo el huracán nos atrapa y paraliza sin poder hacer nada.
Txomin Bereciartua, impulsor de la Fundación Novia Salcedo, era inasequible al desaliento, incapaz de observar sin actuar. Este pasado 23 de marzo se ha cumplido el tercer aniversario de su fallecimiento. Su recuerdo nos invita a reflexionar para actuar sobre algunas cuestiones clave de nuestra sociedad, temas complejos para los que no existen recetas, ni soluciones rápidas, pensadas por unos pocos. Nos enfrentamos a retos colectivos para los que es necesario integrar las perspectivas de los diferentes agentes sociales y, entre todos ellos, la juventud, un colectivo infrarrepresentado en la toma de decisiones de las organizaciones.
Un punto de inicio de la reflexión puede ser el nivel de recursos que necesitamos generar para mantener o mejorar el nivel de servicios que la sociedad nos ofrece. En el futuro podríamos vernos abocados a la renuncia a ciertos elementos de nuestro estado de bienestar, tanto por factores externos sobrevenidos como por decisión colectiva (o conformismo ante determinadas presiones sociales) orientada a reducir la tensión en la generación de los recursos necesarios para mantenerlo. Es algo parecido a lo que podría hacer una persona que renuncia a un trabajo bien remunerado para evitar los inconvenientes asociados al mismo.
En nuestro entorno vasco la actividad industrial y la tecnología, junto con otras como la naval o la financiera, han sido en el pasado la fuente principal de recursos para nuestro desarrollo. Estas actividades siguen siendo significativas hoy pero, progresivamente, se reduce su importancia en términos relativos por las dificultades de la actividad industrial y por incremento de peso relativo otras actividades. En definitiva, discutido suficientemente o no, estamos moviéndonos hacia un cambio relevante del modelo de generar, repartir y decidir la riqueza.
Uno de los elementos más visibles de este cambio es el incremento de la economía de los servicios y el turismo, actividades que, a diferencia de la industria, no son diferenciales en relación con otros ámbitos geográficos próximos. ¿Qué papel deseamos entonces tenga en nuestro futuro la industria y la tecnología? y también ¿qué tipo de actividades industriales deseamos potenciar o evitar? Preguntas que parecerían dedicadas principalmente a inversores y empresarios/as, junto con los sindicatos y sistema educativo en la medida en que son quienes activan y mantienen el tejido industrial. Pero son preguntas que nos interpelan como sociedad porque los efectos de las decisiones tomadas nos afectarán de modo colectivo y también porque una apuesta por actividades industriales y tecnológicas demanda la incorporación de talento de personas cualificadas.
Encontrar talento cualificado es hoy un reto en un triple nivel: encontrar personas cualificadas, motivar a las personas cualificadas detectadas, para participar en tareas industriales y/o tecnológicas y conseguir que se queden, lo que hasta ahora está siendo muy complejo. La motivación de las personas ya cualificadas es un reto nuevo. Las prioridades, la forma de vivir y los criterios para la toma de decisiones de las personas jóvenes han cambiado; con un título de ingeniería en la mano no es extraño encontrar personas que eligen otros caminos profesionales, si no se valoran positivamente unas determinadas condiciones laborales y de retribución. Una situación que, entre otras, plantea la necesidad de atraer personas cualificadas de otros lugares y que obliga también a las empresas, y a la sociedad en su conjunto, a pensar y desarrollar acciones para “seducir”, para incrementar su atractivo ante las y los nuevos profesionales, una tarea que años antes no era tan necesaria.
Buscar talento, en una perspectiva no cortoplacista, es también crear las condiciones para que más personas opten por formaciones en ámbitos tecnológicos. Hoy muchos chicos y chicas se enfrentan a su futuro profesional en un mar de dudas; ¿qué conocen de las diferentes opciones profesionales?
¿qué opiniones escuchan? ¿de qué modo valoran las diferentes posibilidades de formación? La actividad industrial es, en muchas ocasiones, una realidad desconocida y que se valora desde sus propios condicionantes particulares. Por ejemplo, de género, con la muy arraigada idea de que los trabajos industriales son principalmente masculinos. Y también socioeconómicos, que lleva a los hijos de personas con baja cualificación a realizar trabajos similares a los de sus padres y madres. Unos condicionantes especialmente importantes para las personas migrantes que llegan a nuestra tierra con la prioridad de encontrar un trabajo que les permita subsistir.
Una situación que es también una oportunidad de innovación social, creando las condiciones previas que permitan el acceso a la formación, en sus diferentes niveles, a personas que ahora no contemplan esa opción. Motivar hacia la formación, conocer, transmitir la imagen de que la cualificación y el trabajo en ámbitos industriales y tecnológicos puede ser una tarea accesible e interesante. Y también, de cara a las personas migrantes, el cariño en la acogida, nuestro interés por su pasado, por su viaje, por la familia que dejan, ya que al fin y al cabo son émulos de Ulises. En definitiva, hay que tener un buen plan de acogida y esta acogida debe incluir dónde habitar.
El mundo está lleno de influencer que hablan con total seguridad y dicen saber cuáles son las necesidades básicas de los jóvenes y los pasos para alcanzar su felicidad. Pero estas mismas personas suelen adolecer del efecto Dunning - Kruger, sesgo cognitivo en el que personas con poca habilidad o conocimientos en un área determinada tienden a sobreestimar cuánto saben. Suenan convincentes para muchos jóvenes. Competir por la atención de estos “maestros de motivación” es un reto para la atracción de los jóvenes al mundo laboral. Un reto más necesario si cabe, a la vista de los cambios que la IA está provocando en los diferentes ámbitos profesionales.
Acordémonos de las palabras de Txomín cuando recordaba el momento de creación de la Fundación Novia Salcedo y ante las dudas y el escepticismo de otras personas les decía “eso tiene fácil solución, pongámonos al trabajo”. Y cuando, posteriormente, los retos superaban las capacidades de Novia Salcedo planteaba “pues esto quizás tenga que ser un proyecto País” como lo fueron Bilbao Ría 2000 y el Guggenheim entre otros. Claro que para que este proyecto País se necesitan personas clave como ocurrió con Bilbao Ría 2000 que le tuvo a Pablo Otaola y el Guggenheim que le tuvo a Juan Luis Laskurain.
Begoña Etxebarria es exdirectora de la Fundación Novia Salcedo y colaboradora de Arizmendiarrieta Kristau Fundazioa. Edurne Martínez-Moreno es directora del departamento de psicología social de la UPV/EHU, Fernando Sierra es director de Euskalit y Germán Gómez es sociólogo y consultor