Durante la pasada semana en Bruselas no se ha hablado solo de pesca. Se ha hablado, en realidad, de modelo económico, de soberanía alimentaria, de coherencia política y, sobre todo, de futuro. En el corazón institucional de Europa, donde se deciden normas que condicionan la vida de miles de familias y territorios costeros, el sector pesquero volvió a alzar la voz. Y lo hizo desde una convicción clara: no se trata de resistir al cambio, sino de exigir que ese cambio sea viable, justo y basado en la realidad.
El debate en torno a los Acuerdos de Colaboración de Pesca Sostenible dejó una conclusión clara: son una herramienta esencial para la política pesquera europea y su acción exterior, pero deben evolucionar. Ya no basta con entenderlos como acuerdos de acceso; deben consolidarse como auténticas alianzas estratégicas que integren sostenibilidad ambiental, desarrollo económico y justicia social.
Desde la perspectiva de Bermeo Tuna World Capital, este enfoque no es teórico, sino el reflejo de décadas de trabajo en una cadena de valor que comienza en el mar y culmina en una conserva de alta calidad presente en todo el mundo. En nuestro caso hablar de sostenibilidad es hablar de prácticas concretas: ciencia, trazabilidad, empleo digno, innovación y compromiso con el territorio, tanto en Europa como en terceros países.
Uno de los consensos más sólidos del debate fue la necesidad de garantizar un level playing field, un terreno de juego equilibrado. Dicho de forma clara: no puede exigirse a la flota y a las empresas europeas los estándares más altos del mundo mientras se permite la entrada de productos de terceros países que no cumplen esas mismas condiciones. Esta asimetría no solo es injusta, sino que erosiona la viabilidad económica del sector europeo y desincentiva precisamente aquello que Europa dice querer liderar: la sostenibilidad integral.
De ahí nace una frustración creciente, no ideológica sino práctica. La presión regulatoria –por ejemplo en descarbonización– avanza más rápido que las soluciones técnicas disponibles. La transición ecológica es imprescindible, pero debe ser viable técnica y económicamente para no expulsar la actividad.
A ello se suma la creciente preocupación por acuerdos comerciales que pueden desestabilizar el mercado europeo. La posible liberalización de importaciones de grandes productores de atún, sin exigencias equivalentes, plantea un escenario inquietante: Europa podría terminar desmantelando su propia capacidad productiva mientras aumenta, aún más, su dependencia de terceros países en algo tan importante como la soberanía alimentaria.
La transparencia fue otro de los ejes centrales. Publicar acuerdos, licencias y datos no es una opción, sino una obligación si queremos construir confianza. Pero esa transparencia debe ser global. No puede recaer únicamente sobre el sector europeo mientras otros operan en la opacidad. En este punto, el mensaje fue claro: sin reglas comunes, no hay competencia justa ni sostenibilidad real.
Especial relevancia tuvo también la gestión basada en la ciencia. En recursos compartidos y, en algunos casos, sobreexplotados –como ocurre con los pequeños pelágicos en determinadas regiones–, la coordinación regional y el respeto al conocimiento científico son irrenunciables. Aquí Europa tiene una oportunidad de liderar, pero también una responsabilidad: asegurar que sus acuerdos contribuyan a una gobernanza oceánica eficaz y equitativa.
Y por último la financiación. El reciente anuncio de posibles recortes en los fondos destinados al sector pesquero ha generado preocupación, al incidir directamente en su capacidad para competir en un mercado global profundamente desigual. Mientras otras flotas cuentan con importantes apoyos de sus países y operan bajo estándares laborales y ambientales mucho más laxos, el sector europeo –líder en buenas prácticas– afronta mayores exigencias con menos respaldo. En este contexto, reforzar el apoyo europeo no es una cuestión de privilegio, sino de coherencia estratégica: si Europa quiere seguir siendo referente en sostenibilidad, debe acompañar a quienes ya la hacen posible.
Todas estas reflexiones dejaron en el aire una pregunta tan directa como incómoda: ¿quiere Europa seguir teniendo una flota pesquera propia?
Desde Bermeo Tuna World Capital quisimos contribuir a esta reflexión llevando a Bruselas un evento que unió gastronomía y relato para poner en valor las conservas de Bermeo y todo un modelo productivo.
Porque detrás de cada lata de bonito del norte o de atún hay mucho más que un producto: hay barcos, tripulaciones, industria, conocimiento y una forma de entender el trabajo bien hecho. Hay sostenibilidad ambiental, social y económica. Y, sobre todo, hay personas.
Ese fue el objetivo: humanizar el producto. Recordar que la pesca no es una actividad aislada, sino una cadena de valor que genera empleo de calidad, fija población y contribuye a la seguridad alimentaria. En un contexto de simplificación –y a veces demonización– era necesario aportar matices, evidencias y emoción.
La gastronomía fue el vehículo perfecto. Degustar una conserva de calidad es comprender su valor. Es rendir tributo a través de la cocina a todas esas personas y actividades que hacen posible que podamos disfrutar de productos que responden a criterios exigentes a nivel ambiental y social sin renunciar a la calidad.
Más allá del paladar, el mensaje es claro: el ecosistema de Bermeo Tuna no destaca solo por su capacidad, sino por su modelo. Un modelo que combina tradición e innovación, competitividad y responsabilidad, arraigo y proyección global. Un modelo que puede y debe ser referente en Europa.
En definitiva, Bruselas deja una doble lectura: la urgencia de alinear sostenibilidad y viabilidad, y la necesidad de seguir contando la historia que hay detrás de los productos.
Porque el debate no es solo sobre pesca, sino sobre qué Europa queremos: una que protege su tejido productivo o una que corre el riesgo de deslocalizarlo.
Y es, también, una cuestión de identidad. De orgullo por un saber hacer transmitido de generación en generación, por comunidades que miran al mar como forma de vida. Defender la pesca europea es defender esa identidad. Y en ese empeño, desde aquí tenemos mucho que aportar. Seguimos…
Directora general de la Asociación Bermeo Tuna World Capital