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Goyesco decorado

La semana pasada se celebró la gala de los Goya. El cine producido y premiado en el circuito estatal se miró al espejo entre la promoción, la industria y un guion televisivo que casi siempre gana a las películas. Desde Gasteiz, esa ceremonia se observa con una mezcla de orgullo puntual y escepticismo constante. Aquí el cine aparece, pero la estructura que lo sostiene rara vez se instala.

Cuando una ciudad logra hacerse visible en un ámbito, se nota. Juanma Bajo Ulloa lo consiguió con ímpetu: Alas de mariposa ganó tres Goya en 1992 (dirección novel, guion original y actriz protagonista para Silvia Munt). No era solo un palmarés: era la prueba de que se podía intervenir desde una periferia real. El sistema, sin embargo, siguió concentrado donde siempre.

Nuestro territorio ha repetido otro papel: el de escenario. Handia rodó en el Casco Medieval de Gasteiz y terminó llevándose diez Goya en 2018. La paradoja es limpia: la ciudad sirve para ser otra ciudad, mientras el centro de decisión sigue fuera. Más cerca, Ane utilizó espacios vitorianos como Errekaleor y en 2021 sumó tres premios: Patricia López Arnaiz como actriz protagonista, Jone Laspiur como actriz revelación y el guion adaptado para David Pérez Sañudo y Marina Parés. Vitoria en plano; la industria, repartida.

Y, aun así, hay tejido. Amania Films, productora afincada en Gasteiz desde 2012, está detrás de Ane. Eso cambia el marco: no es solo “rodaje en la ciudad”, sino producción con domicilio aquí. El matiz importa porque marca el salto entre alquilar una calle y levantar un proyecto. El problema es la escala: sin continuidad y sin una masa crítica de empresas y equipos, cada avance sigue dependiendo de excepciones.

La presencia alavesa en la estatuilla, cuando llega, suele hacerlo por trayectorias individuales. Karra Elejalde, nacido aquí, tiene dos Goya como actor de reparto: También la lluvia (2011) y Ocho apellidos vascos (2015). Y Patricia López Arnaiz, también vitoriana, ganó el Goya a mejor actriz protagonista por Ane y lo ha vuelto a ganar en 2026 por Los domingos. Nombres que rompen la sensación de periferia y, a la vez, la confirman: el talento existe; el músculo es irregular.

En ese punto aparece Paul Urkijo. Errementari está ambientada en un pueblo de Álava y, en los Goya, tuvo una nominación a mejores efectos especiales. Irati acumuló cinco nominaciones, incluida la de mejor guion adaptado para Urkijo. Es decir: presencia real en la Academia, pero sin que el premio cambie el mapa. Se puede asomar al escaparate sin que el escaparate cambie de dueños.

El debate no va de pedir medallas. Va de dejar de conformarse con ser un decorado. Rodar en nuestra provincia es un síntoma, no una solución. Sin continuidad de producción, sin empresas que permanezcan y sin oficio acumulado, cada éxito se vive como una excepción. Y un territorio que solo aparece en pantalla acaba aceptando, sin decirlo, su papel secundario: bonito para el plano, prescindible para la decisión.