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Neure kabuz

Jon Azua

¿Espíritu de diálogo y nuevas oportunidades para superar un mundo convulso?

La cumbre anual de Davos, que se celebra desde 1971, ha tenido lugar esta semana, congregando a miles de participantes, incluidos más de 70 presidentes de gobierno y aproximadamente 3500 líderes empresariales, académicos y pensadores. El World Economic Forum ha evolucionado más allá de un simple foro de debate, convirtiéndose en un evento donde se presentan informes, documentos, ejemplos de aplicación de diferentes estrategias y modelos de gobernanza, así como ideas inspiradoras de nuevos caminos a recorrer, más allá de una nutridísima sucesión de reuniones, encuentros y conferencias de todo tipo. Una auténtica red activa (en la medida que cada uno de los asistentes se implique y esté dispuesto a escuchar, pensar y transmitir).

Cada año, Davos se prepara con un extenso trabajo previo que incluye informes y propuestas de diversos grupos de interés, lo que permite compartir conocimientos y abordar preocupaciones globales.

Esta vez, a sus documentos base que centran el “estado de la cuestión en el mundo” (el siempre esperado TOP Global Risks anunciando lo que dicen preocupar a los líderes mundiales en empresas, gobiernos y comunidades; el siempre referente en cuestión Indice de Competitividad Global– mucho más allá del PIB y las múltiples “modalidades” de consideración del Progreso Social; su Barómetro anual de pilares clave para desarrollar el futuro– en este caso, la cooperación y a las decenas –por no decir cientos– de Informes relevantes en todo tipo de industria, tecnología, temáticas innovadoras, talento, educación, bienestar, desarrollo regional, crecimiento, sostenibilidad, gobernanza, etc.) y el Outlook anual que pretende ofrecernos la previsible marcha de la economía para el curso siguiente, de la mano de datos comparables y de la opinión de expertos consultados en los meses previos y que facilitan el aprendizaje (al menos a todos aquellos que creemos aprender toda la vida con y de los demás), se ha elegido como lema y vector conductor “El espíritu del diálogo” –A spirit of Dialogue– respondiendo a 5 preguntas –necesidades– oportunidades: 1)¿Cómo podemos cooperar en un mundo cada vez más contestado e insatisfecho, excesivamente enfrentado y polarizado?; 2) ¿Cómo podemos desbloquear o encontrar o inventar nuevas fuentes de crecimiento y desarrollo?; 3) ¿cómo podemos invertir, en una mejor educación, talento y capacidades de la gente?; 4) ¿Cómo podemos desplegar la innovación a escala aplicable y alcanzable asumiendo la responsabilidad individual y colectiva que conlleva?; 5) ¿Cómo podemos construir prosperidad superando las fronteras que lo impiden a lo largo del planeta?.

Sin duda, ni la apuesta ni las preguntas clave son fruto de un planteamiento “naif”, ni quien las formula descubre o reinventa la rueda, sino que supone todo un mundo por explorar y trabajar al servicio de la tan ansiada prosperidad, que nunca surgirá por “inspiración divina” sino del esfuerzo, compromiso, riesgo asumido , responsabilidad, visión, propósito y multiejecución colaborativa, unas veces entre amigos y compañeros que comparten nuestros ideales y deseos y otras, también y quizás con mayor empeño y tiempo, nuestros adversarios.

Plantear esta línea de reflexión subyace en todo un debate al que el mundo no puede dar la espalda (y mucho menos quien ejerce algún tipo de liderazgo por limitado que sea). En tiempos difíciles, rodeados de todo tipo de conflictos, en una amplia situación de confrontación ideológica, insertos en una verdadera ausencia o falta de “soluciones mágicas” (nunca las hay ni las habrá) en el “hoy, aquí, en todas partes, para mí y recibidas desde terceros y desde fuera”. Un mundo de cambios que transformarían (ya lo están haciendo) nuestras vidas, las expectativas de futuro o “hitos y línea del tiempo en la historia” que aún conforman nuestro legado condicionante (para bien y para mal según el caso y actor que los considere). Todos, con mayor o menor precisión, podemos citar los “grados y principales áreas que cambiarán nuestras vidas”: la temida, esperanzadora o incierta Inteligencia Artificial, Robótica–Automatización y Tecnología según quién, cómo, dónde y cuándo la aplique (y/o posea); la nueva manufactura y producción industrial con su localización base de las “Factorías del Futuro”; la geopolítica reorientando o no la estabilidad y confianza en espacios fragmentados desde la esperanza y necesidad de amplios espacios de interrelación; las ya comentadas “fuentes” de solución y crecimiento haciendo realidad el potencial mundo de oportunidades en contraste con el “foco negro u obscuro” de los problemas; los “nuevos partenariados hombre-máquina de inteligencia creativa”; y la reinvención de la Salud y de la educación en su concepto holístico–universal hacia el bienestar total, inclusivo y para todos, y vectores esenciales para dar sentido a nuestras vidas y soporte básico de cualquier estrategia más allá de objetivos económicos.

Así, junto con la propuesta de Davos (y de todos los que aspiramos a construir un mundo mejor), no podemos huir de una pregunta: ¿Qué hace diferente este momento de reflexión y propuestas–propósitos de futuro de lo hecho hasta ahora? ¿Cómo pasar de los marcos bien intencionados a propuestas y recetario ejecutor? ¿En dónde encontramos tan deseadas “fábricas de liderazgo” para aprender sobre la llamada Educación del Cerebro o del Conocimiento o de la Inteligencia para la prosperidad y cómo y quienes liderarla?

Multilateralismo global

Si bien, en esta profunda riqueza intelectual, son innumerables los elementos a considerar, de entre los que cabría destacar algunas líneas de pensamiento y trabajo de plena actualidad y relevancia para navegar hacia el futuro quisiera detenerme en un punto que bien podría orientar la reflexión y las decisiones a tomar: Un nuevo “minilateralismo” o “plurilateralismo contiguo” que sustituya o condicione el Multilateralismo global que ha dominado gran parte de nuestra vida, hoy en decadencia, camino de desaparición y retado por su propia incapacidad de transformación y reinvención de una gobernanza demandante de atributos reales de eficiencia, eficacia, de confianza y credibilidad coherente con valores y propósitos trascendentes; en un marco mundializado más amplio y de máximo calado como el presentado con rotundidad por el premier canadiense, Mark Carney para un “nuevo orden por construir generando múltiples coaliciones para variados objetivos específicos con amigos fiables y con realistas adversarios que ya no son amigos de confianza”;

Así superar la antigua “globalización ilimitada” y promovida, protegida por “entes centralizados y poderosos” habría desaparecido y hemos de prepararnos, desde la convicción de una nueva realidad, a explorar y recorrer nuevos caminos, en múltiples espacios diferenciados desde una coopetencia, generalizada a la vez que en “capas sucesivas” regionalizadas.

Hemos de vivir la “coopetencia”, más que una competencia o colaboración en términos de panacea, construyendo nuevas potenciales cadenas globales de valor, más flexibles, ágiles y próximas, generando “coaliciones con propósito”, generando economías integradas, aceleradoras de innovación responsable, estrategias emprendedoras público-público, público–privados que resultan “inevitables” pese a la ideología confrontada y separadora que impide observar el beneficio, prosperidad generable para todos. Carney afirmaba con el ejemplo de su país, señalando que “Canadá tiene todo lo que el mundo desea”(población, estabilidad, alto nivel de desarrollo, cohesión social, democracia, derechos humanos, tierras raras y no tan raras, energía, mercados eficientes de capitales, buena gobernanza, y un espacio compartido de comercio y desarrollo que, fruto de innumerables coaliciones especializadas, alcanza 1, 5 billones de personas (o consumidores, clientes, etc. si alguien pretende verlo como una opción de mercado) en una Sociedad democrática, respetuoso de los derechos humanos, cohesionado y con niveles de bienestar y desarrollo de primer nivel. Pero recuerda una serie de elementos clave a entender en los tiempos que corren y que exigen de la Sociedad asumir con realismo su existencia no como un asunto pasajero en transición sino como un punto de ruptura que obliga a interiorizar cambios sustanciales. El mundo de relación y potenciales amigos y aliados ha cambiado y tenemos que acometer nuevos roles no olvidando o marginando a “anteriores” aliados hasta hoy (Estados Unidos de América) sino con ellos, también, pero construyendo nuevos espacios.

¿Nos habla de algo más que un mercado aspiracional? ¿Satisfechos con la desafección social y de la “desgobernanza” observable o percibida?, ¿con el escasísimo poder decisorio (además de participativo) de los pequeños y menos poderosos que aspiramos a determinar nuestro propio destino? ¿ciudades-región y nuevos espacios de futuro? Sin duda, un desafío-oportunidad a seguir. Pero ¿hablamos de espacios de progreso social y económico, provocado o pensamos que poner por delante el resultado, financiar y las “reglas del mercado” generarán por si solas verdaderos espacios, marcos de competitividad y desarrollo social plenos, para la igualdad, el bienestar y la inclusión total?

En definitiva, todo un espacio de reflexión, aire fresco, motivación para imaginar nuevos sueños, explorar caminos de interés y asumir riesgos de futuro. Dialogar, pilares colaborativos, pluri-minilateralismo, regenerar gobiernos-ONGs, función y administración pública, empresas, ciudadanos emprendedores e innovadores, hacia un mundo mejor.

Desde el aire fresco de este pequeño pueblo en la singular Confederación Helvética hacia un mundo en plena ebullición lleno de jugadores emergentes. l