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Neure kabuz

Jon Azua

Cuarenta años después. Europa “Ensueños y realidades”

EN estos días celebraremos el 40 aniversario de ingreso del Estado Español en Europa. Con ella, la integración de Euskadi en su largo y trabajado anhelo de una aun lejana “Europa de los pueblos” que proclamaba muchas décadas antes, desde su vocación europeísta, su compromiso demostrado en los conflictos mundiales que precedieron las apuestas democráticas y sociales a los últimos ochenta años de libertad y, a los primeros equipos demócrata-cristianos que en los últimos 40’s del siglo pasado alumbraron el mayor espacio de paz, libertad, derechos humanos, y avances económicos, sociales y de bienestar vividos en el amplio (y sucesivamente reconfigurado), espacio Europeo. Así, desde la comunidad económica del Carbón y del Acero, de la Comunidad Económica Europea, de la actual Unión Europea hoy en crecimiento comprometido tanto con nuevos Estados Miembro, en procesos alejados de una potencial integración (plena o parcial) y promesas a terceros que parecerían otorgarse sin un plazo y horizonte verificable (Turquía, Ucrania, …), continuamos soñando y apostando por reforzar, construir y cocrear una nueva Europa deseada, superadora de todo aquello que no nos gusta de esta querida Europa actual. Soñábamos y soñamos en lo que nos ilusionaba, inspiraba y atraía en 1986 y por la que hoy seguimos trabajando, pese a las aun enormes diferencias y distancias que nos unen en valores y principios pero que nos alejan de una satisfacción y afección observable en sus realidades y, muchas veces, confusas apuestas de futuro compartible.

Si entonces, en 1986 confiábamos en una utópica Europa que nos ofrecía la ilusoria defensa ante potenciales autarquías, golpes de estado, supremacía militar sobre el poder civil y democrático, a la vez que nos invitaba a un esfuerzo transformador hacia un modelo de economía social de mercado que facilitase un futuro de desarrollo humano sostenible, en un espacio institucional, democrático, de paz y solidaridad para la igualdad, pese a un camino de obstáculos y barreras que marcaban la enorme distancia de la Euskadi de entonces y la “próspera banana azul” que conformaban los pocos Estados Miembro de altos niveles de bienestar, nos sentíamos capaces de recorrer un largo camino de trabajo, cambio permanente, sacrificio innovador que aprovechara horizontes y oportunidades colaborativas, políticas reconversoras y orientadoras de un futuro exigente a la búsqueda de un horizonte convergente y definido. Nos creíamos coprotagonistas de una “construcción europea” para una Europa soñada y deseada, muy distinta a la que entonces nos “acogía”.

En esta efeméride, repasaba una conferencia que tuve la oportunidad de impartir en el Forum Deusto en un ciclo conmemorativo de la integración, a finales de 1992, cuando casi iniciado nuestro ingreso se nos presentaba un reto redoblado: el compromiso de creación del Mercado Interior o la Europa de 1993. Tiempos, entonces como hoy, de grandes retos y desafíos, pero, también de ilusionados ensueños. “Ensueños y Realidades – Retos y Oportunidades”, pretendía reflejar la experiencia vivida en aquellos precarios años de “vida europea”. Desde la aspiración esperanzada y orientadora de los sueños contrastándolo con la realidad de una Euskadi muy diferente. Hace unos días, comprobábamos, de la mano de una publicación de la Unidad de Prospectiva de Innobasque (Agencia Vasca de la Innovación), el éxito del recorrido de nuestro país en estos 40 años prácticamente asimilables al inicio de nuestro autogobierno tras las creación del renovado y recuperado Gobierno vasco, tras el final de la dictadura franquista que nos había llevado al aislamiento internacional, desde la obscura ausencia de libertad y democracia, aspirando a la construcción de un nuevo futuro desde una profunda crisis económica, social política, institucional, ensangrentada, además, por un terrorismo (también de Estado) que acentuaba la crisis mundial por la que pasábamos.

Sin remontarnos a detallados análisis de la larga historia de la Integración europea (1957) de Lucien de Sainte Lorette y su comparación del Plan Schuman (documento básico de la “nueva construcción europea”) con la vieja Europa de Carlo Magno en el complejo proceso, inacabable, hacia la solidaridad, unidad de territorios, administraciones, pueblos, ejércitos, autoridades compartibles y/o comunes “dejando amparo a cada territorio y pueblo su carácter y economía propios” y los “modernos principios del Movimiento europeo, los nuevos equipos (Monet, Schuman), y los sucesivos avances, fase a fase, etapa a etapa, hasta la Europa de hoy, en un larguísimo camino aún por descubrir, recorrer y superar que se ha dejado llevar por “la necesidad de lo fácil” (que diría Delors), los que hacemos de Europa nuestro espacio común compartible no renunciamos a aquella Europa de los pueblos que continúa guiando nuestros ensueños y esfuerzo de transformación permanente, asumiendo retos y desafíos en beneficio de una sociedad próspera, de bienestar, paz y libertad si el miedo obligó a tejer compromisos en apariencia impensables, el temor más que justificado de hoy, debería acelerar las decisiones que durante demasiado tiempo han quedado relegados a lo fácil o incontrolado. Cuando la necesidad obligue, subsistirán las realidades y los peligros de guerra y descomposición. Cuando Europa se asiente sobre bases más naturales, más justas, el concierto de las naciones europeas podrá ser una realidad en el concierto universal”.

Con aquellas ideas y aspiraciones, la integración formal en la “nueva Europa” de entonces, se adelantaba cinco años a la convulsa (a la vez que ilusionante) disolución de la URSS, abriendo espacios de esperanza para las naciones y repúblicas bálticas, a una imprescindible integración de “las dos Alemanias de postguerra”, a una trágica guerra de los Balcanes y la desintegración–reconfiguración de la Yugoslavia “autogestionada”… no renunciando a avanzar hacia un “Mercado Interior” (que no un Mercado único) a tan solo siete años de distancia entonces, que nos retaba con enormes desafíos cuando aún no podíamos digerir los cambios propios de la adecuación a la nueva realidad deseada.

40 años adaptándonos a un nuevo espacio europeo que nos obligaba a reinventarnos, para más tarde redoblar esfuerzo hacia una nueva Unidad de Mercado en el entonces inmediato 1993 generando un Mercado Interior del que no queríamos quedar fuera y que obligaba a nuevos sueños, grises realidades y esperanzadas a la vez que complejas, nuevas tareas y políticas. Y, así 40 años de permanentes esfuerzos y cambios hasta hoy, apostando por una añorada “Autonomía estratégica” para una Europa del futuro que parecerá languidecer ante sus “competidores” globales en una geopolítica y geoeconomía que pretenden ignorarnos pensando en una Europa del pasado incapaz de aportar valor real a un futuro por descubrir, inserto en grandes desafíos para los que algunos creen que llegamos tarde, hemos perdido el tren, y nos refugiamos en principios superados por la historia alejados de las necesidades y posibilidades del mañana.

Hoy más que entonces, son tiempos de recuperar los estímulos de aquellos “Ensueños” actuando sobre “nuestras realidades” para “ganar nuestro futuro”, superando preocupantes señales rojas de desilusión. Somos conscientes que aquellos muchos elementos que no nos gustaban de la Europa que abordábamos, siguen opacando la verdadera Europa –quizá utópica– que soñamos y queremos. Convivimos con una gobernanza errática y alejada de la capacidad de elegir nuestros propios destinos, continuamos secuestrados por una funcionarización, burocracia y regulación paralizante con escasas líneas de proyectos de futuro suficientemente estimulantes y observamos gobiernos (sin ir más lejos el español) que desprecian al Parlamento, y el reparto competencial entre diferentes niveles institucionales, huyen de las leyes y compromisos dados, desprecian a quienes no forman parte de “su club incondicional” y desaniman a las nuevas generaciones necesitadas de proyectos compartidos a futuro que conllevan adhesión a principios, valores, proyectos y tareas. Y, por encima de todo, nos vemos amenazados por el imperio de la fuerza y el poder unilateral que parece ni creer en nosotros ni respetar alianzas, compromisos y respeto a marcos geopolíticos y geoeconómicos preestablecidos, con el desamparo de lo que entendíamos tener bajo un marco institucional e internacional, compartidos, de principios, valores, derechos y colaboración constructiva.

Pese a todo, hoy, es un buen día para celebrar. Hacerlo mirando hacia atrás no para revivir desde la nostalgia ni, mucho menos, desde la auto complacencia o autosatisfacción personal o individual, sino desde la constatación de las realidades, complejas, de las que se partió, y la ilusión y optimismo motor que provocaría enormes compromisos solidarios, riesgos asumidos en las tomas de decisión, y apuestas reales y sueños, por un camino propio pensando en País, pensando en una sociedad común, construyendo nuestro propio espacio a la vez que un nuevo contexto universal de futuro, , día a día, a lo largo de los años.

Esta Europa, de la que formamos parte no es el punto final, ni el destino ideal perseguido, ni el paraíso buscado, ni mucho menos, el “recuerdo de lo que fue y del futuro que no será”. Nuestro destino, mundial y global, nos reclama un espacio próximo de paz, democracia bienestar y prosperidad compartida, en casa (nuestro País y Comunidad), en nuestra nueva Europa soñada para el mañana.

Seguimos soñando por la Euskadi en la Europa que soñábamos, desde la utopía innovadora de entonces, así como de nuestra capacidad para cocrear una Europa querida y deseada, distinta a la actual, coprotagonista real de un mundo diferente. Continuamos, y de alguna manera, con similares retos y desafíos, y, también, ilusiones y esperanzas en ocasiones aún demasiado distantes.

Hoy, cuarenta años después, tras haber recorrido una intensa etapa (de las muchas que la Europa milenaria ha superado), sabedores del largo camino, permanente, a recorrer desde Realidades distintas en cada momento, sobre las que refundar y reformular Ensueños motivadores y movilizadores ante retos y desafíos, como entonces, si bien de máxima gravedad, redoblamos nuestro compromiso para un largo camino capaz de recoger la diversidad, de organizarse con criterios democráticos y participativos y que haga de la verdadera democracia a todos los niveles, su más elevado valor propiciando la cohesión económica y social, con el compromiso del desarrollo endógeno de cada una de sus piezas en convivencia con la común estrategia europea, compartible.

Hoy como ayer, un binomio de “ensueños y realidades”.