Las laguntzailes de la ikastola de mis criaturas están al borde de un ataque de nervios. Lo suyo sí que es una historia de terror y ellas, heroínas que luchan contra el mal con uñas y dientes. El conflicto al que se enfrentan es complicado: intentan que nuestras tradiciones prevalezcan sobre aquellas que vienen de fuera. No es una misión fácil, no señor. Porque cuando Halloween ha venido para quedarse, los esfuerzos por empoderar nuestra Gau Beltza deberán ser titánicos a la fuerza. Nuestras laguntzailes son unas artistas y llevan días trabajando con nuestras hijas el significado de la noche de las almas, de ese momento en que la tierra se quedará dormida para descansar, hasta que volvamos a despertarla con las makilas en Santa Águeda. Con cuentos y canciones las txikis han explorado con ellas sus miedos, han hablado de la muerte, han recordado a esas personas importantes que ya no están… Con ellas hemos celebrado la Gau Beltza disfrazándonos con ropa vieja y asustando al miedo. Y Halloween ha sido ubicado en su contexto y en su origen, como otra tradición más. Esta bonita historia podía haber acabado aquí si no fuera porque el poder de Halloween es omnipresente o, debería decir, globalizante. Está en las tiendas, decorando el centro cívico con una ambientación de lo más gore, está hasta en las fiestas del barrio. Así que entiendo su poder de atracción a base de atracón. Por contra, nuestra Gau Beltza es invisible, diría yo que mucha gente ni sabe que existe. Así que también comprendo a nuestras laguntzailes y les hago la ola por todo su esfuerzo. Porque a ellas les pasa con Halloween lo que a todas las protagonistas de las pelis de terror: aun cuando creen haber vencido al malo, éste vuelve a sacar la mano de su tumba o a resurgir del lago donde por fin había desaparecido. Amigas, si sirve de algo, sabed que nosotras pelearemos en vuestro bando.
- Multimedia
- Servicios
- Participación
