In vino veritas o en el vino está la verdad, que dejó ya dicho en el siglo I Plinio el viejo, escritor y militar romano. La verdad con mayúsculas de esta semana reside en el aval obligado del Gobierno Vasco a la denominación Viñedos de Álava con la publicación de la preceptiva protección nacional transitoria hasta el dictamen definitivo de la Unión Europea. Un trámite administrativo forzoso desde la perspectiva jurídica toda vez que la solicitud de la Asociación de Bodegas de Rioja Alavesa (ABRA) del pasado julio cumple con la legalidad vigente.

Lo segundo que debe subrayarse es que se trata de una iniciativa de índole empresarial legítima para posicionar una etiqueta específica que ensalce su singularidad respecto de la DOC Rioja y que se rija por su propia reglamentación. Bajo la premisa de que las bodegas que se inscriban trabajen mayoritariamente con viñedos propios y elaboren sus caldos solo con uva de la comarca de Laguardia-Rioja Alavesa. Se busca en definitiva aunar calidad y precio con un modo de hacer asimismo particular sobre parámetros de producción y rendimiento auténticamente alaveses.

Una argumentación esencialmente economicista la de ABRA, con un enfoque de estricto negocio frente a lo que la quincena de bodegas en principio decididas a forjar de salida la nueva marca consideran su disolución literal en el marco de una DOC Rioja que se ha resistido a permitir una diferenciación real del vino alavés bajo su paraguas. Cuando la alternativa de superar la homogeneización en el seno de la DOC Rioja al estilo del modelo Burdeos resultaría lo más inteligente para conciliar los intereses de las partes. En el caso de los caldos alaveses evitando comprometer así su distribución en unos canales comercializadores cada vez más exigentes en defensa de sus márgenes. A partir de la evidencia de que los vinos de California, Francia, Italia, Chile, Australia o Nueva Zelanda se imponen a nivel internacional, en mayor medida cuanto más lejos de Europa.

Esta apuesta posibilista de puro sentido común por la integración diferenciada va a quedar sepultada por la litigiosidad, reforzada en las últimas horas. Un conflicto jurídico alentado primero por la DOC Rioja con el sostén del Gobierno riojano y del Ministerio de Agricultura, apologistas de la sacrosanta unicidad de la denominación. La paradoja radica en que todas esas voces imputan a ABRA y en ciertos casos al Gobierno Vasco una confrontación identitaria que solo anida en sus cabezas y en la de algún preboste de EH Bildu incorporado a una enopolítica letal para el sector.

Ojalá esta bacanal de injurias sustentadas en la tergiversación no acabe deparando kalimotxo del peor. Mientras tanto, recuerden que donde no hay vino no hay amor, como reza el dicho popular. Y desconfíen de quienes no les gusta el vino. Palabra de Karl Marx, que sabía perfectamente de qué hablaba.