Me da a mí que bajan algo revueltas las aguas de la política española, en la que abundan los gallos en un corral con las gallinas justas. Al menos, esa es la sensación que le queda a uno después de asistir impertérrito a la retahíla de discursos sonrojantes y a la sucesión de propuestas vacuas de unos y otros, que no dejan de cacarear hasta conformar un ruido infinito en el que es complicado elegir un ápice de provecho. En cualquier caso, y haciendo un ejercicio de tamizado cognitivo, creo que he oído estos días a las huestes campeadoras de Vox apostar por armar a la ciudadanía para que pueda defender sus casas del acecho de maleantes, desharrapados o lo que se tercie que atente contra la paz del hogar y felicitar públicamente a aquellos vecinos que atinen al descerrajar un tiro certero al caco de turno. Me imagino que en el ínterin entre fichajes de toreros, militares y ex de otras formaciones de derecha que, por paralelismo comparativo con la nueva hornada de gente de bien, parecen rojerío revolucionario, esta formación buscará en su entorno gente seria y capacitada para gobernar con criterio si se diera el caso. Sin embargo, entre tanta cresta, a lo peor sólo tienen tiempo de hinchar el pecho para cacaraquear con sonoridad operística. ¡Quién sabe!