sigue abierto el cementerio más grande jamás habilitado por la Humanidad. Aún hay espacio de sobra para unos cuantos miles más de desgraciados que no tienen otro sitio donde morir ahogados. El lunes, 126 más, que se sepa. Es posible que a la hora de leer estas líneas haya aparecido alguna balsa en cualquier punto entre Libia, Italia y España con algún afortunado superviviente que nos vuelva a remover las tripas al contarnos cómo sus compañeros de fuga acabaron con sus penurias en el fondo del Mediterráneo. Se calcula que en los tres últimos años la cifra de muertos supera los 14.000, casi 2.000 de ellos en lo que llevamos de 2017. Son cifras aproximadas porque nadie sabe con exactitud cuántos lo intentaron de los que son rescatados o llegan vivos a alguna orilla. Probablemente nunca lo sabremos aunque el número concreto de víctimas es al fin y al cabo lo de menos. En todo caso son demasiadas. Y seguimos sin hacer casi nada al respecto. Nos hemos acostumbrado a convivir con esta tragedia diaria y ya no nos escandalizamos. Nos conmueven más 60 muertos en Portugal por un accidente metereológico que la persistencia del genocidio del primer mundo contra los refugiados. No deja de ser una prueba de nuestra deshumanización. Mientras suceda lejos...
- Multimedia
- Servicios
- Participación