El Banco Central Europeo (BCE) confía en que, tras el repunte por la guerra en Oriente Medio, la tasa de inflación en la eurozona volverá al objetivo a medio plazo del emisor, del 2%, si se adoptan las medidas "adecuadas" y no ve razones para adoptar una política monetaria más contundente en esta fase.
En un debate con la comisión de Asuntos Económicos de la Eurocámara, la presidenta de la institución, Christine Lagarde, recordó que el aumento de los precios energéticos derivado de la guerra, superior al 10% en abril y mayo, ha impulsado la inflación hasta el 3,2% en mayo y las expectativas a corto plazo "han aumentado muy por encima de los niveles observados antes del estallido de la guerra".
Sin embargo, precisó que "la población no espera actualmente que la alta inflación sea duradera" y la mayoría de los indicadores de las expectativas de inflación a largo plazo se sitúan en torno al 2%, lo que respalda la estabilización de la inflación en torno al objetivo a medio plazo.
"Por lo tanto, confiamos en que, con las medidas de política monetaria adecuadas, la inflación volverá al objetivo", dijo Lagarde, quien recordó que las proyecciones del Eurosistema de junio prevén que la inflación general se sitúe en el 3% este año pero baje al 2,3% en 2027 y al 2% en 2028.
En este contexto, el BCE aumentó el 11 de junio los tipos de interés en 25 puntos básicos, hasta el 2,25% en el caso del tipo de depósito utilizado como referencia, una decisión que estaba "justificada" en todos los escenarios manejados por el emisor, según destacó la presidenta del emisor.
"Los recientes acontecimientos se han mantenido en el rango de los escenarios considerados", explicó, para añadir que con esta acción el BCE sigue "bien posicionado para navegar la incertidumbre causada por la guerra" y que la institución no se compromete de antemano con una senda de tipos puesto que las decisiones se irán tomando reunión a reunión en función de los datos disponibles.
Shock considerable
En este sentido, dijo que por el momento se da un escenario en el que el impacto del shock es "considerable, pero no demasiado persistente", lo que justifica un "ajuste mesurado" de la política monetaria.
La presidenta del BCE advirtió, en todo caso, de que la perspectiva para la economía de la eurozona sigue siendo "incierta" por la guerra, con riesgos al alza para la inflación y a la baja para el crecimiento económico ya que, pese al "bienvenido" acuerdo de paz en Oriente Medio, "la situación sigue siendo frágil, con riesgos de retrocesos o de una nueva escalada".
Las implicaciones concretas para el nivel de precios y el crecimiento económico a medio plazo dependerán de la intensidad y duración de la crisis de los precios de la energía, así como de la magnitud de sus efectos indirectos y de segunda ronda, añadió. Lagarde señaló que, si bien el traslado del aumento de los precios energéticos a otros precios parece ser "más limitado hasta ahora" que en la crisis de 2022, derivada de la guerra en Ucrania, persisten los riesgos si la crisis se intensifica o persiste.
Por ello, dijo que "no podemos ser complacientes" puesto que tras aquel periodo de alta inflación, los precios y la formación de salarios "podrían ser más sensibles a nuevos 'shocks'".